Políticas públicas

Reforma de la Administración

28.06.2016 | 05:00

Hoy, martes, se presenta en Madrid uno de los últimos libros publicados por el Instituto Nacional de Administraciones Públicas (INAP). Se trata de un volumen colectivo dirigido por Nacho Criado, profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid, titulado Nuevas tendencias en la gestión pública. Innovación abierta, gobernanza inteligente y tecnologías sociales en unas administraciones colaborativas. Hay movimiento en el ámbito de las administraciones públicas, que se dirige hacia la implementación de conceptos como transparencia, gobierno abierto o participación ciudadana aprovechando el potencial de las nuevas tecnologías, superando la organización jerárquica para propiciar un trabajo más horizontal y colaborativo. Un desafío rotundo que, en pleno siglo XXI, intenta superar los modelos administrativos del siglo XIX.

Muchas de las palabras utilizadas en la innovación pública suenan raras o incluso mantienen su original concepción anglosajona. Sin duda esta diferencia en el lenguaje no ayuda a la exploración de nuevos mecanismos que abran la administración y que hagan de los procesos de toma de decisiones algo más abierto, transparente y colaborativo. La promesa de la administración electrónica no termina de llegar, y aunque todo lo que se plantea en el libro de Nacho Criado suene demasiado nuevo la sociedad avanza por el camino del uso cotidiano de las nuevas tecnologías. Creo que fue Isidro Fainé quien comentó que su banco ya mueve el 85% de su pasivo por medios digitales y sólo el 15% a través de la red de oficinas. La administración pública debe afrontar su modernización tecnológica y acabar de una vez con las colas, el uso de un lenguaje incomprensible, la opacidad y la visión de ella misma como una especie de fortaleza que sabe mejor que los ciudadanos lo que la sociedad necesita. Kafka sigue en activo.

Las elecciones del pasado domingo han conformado un nuevo mapa parlamentario que debe abordar este asunto, junto con otros muchos. Por desgracia la base de la reforma de la administración pública es el llamado «Informe CORA», elaborado en el año 2013 por la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas, de ahí su acrónimo. Este informe ya nació anticuado y además ha envejecido muy mal. Las líneas maestras para su elaboración fueron sobre todo los límites derivados del ajuste fiscal español y de los cumplimientos de los mandatos de austeridad derivados del cumplimiento imperativo del mandamiento de la estabilidad presupuestaria. Sin recursos difícilmente podrá modernizarse la administración pública en la dirección correcta. La suma de experiencias concretas basadas en el entusiasmo individual no puede considerarse ni de lejos como un proceso serio de reforma de la administración.

Un obstáculo adicional lo encontramos en la propia evolución del personal de las administraciones públicas. El País publicaba el domingo una noticia reveladora: casi el 63% de los empleados de los ministerios tiene más de 50 años. El dato es objetivo y apunta hacia la mayor resistencia al cambio de plantillas públicas envejecidas. Hablar en este contexto de conceptos como WikiGovernment, Gobierno 2.0, tecnologías sociales o plataformas colaborativas no es muy alentador. Los directivos públicos tampoco ayudan, presionados para cumplir objetivos con recursos escasos y motivación decreciente.

Si la administración pública no se sube al carro de la modernización y las nuevas tecnologías, la barrera que la separa de las generaciones más jóvenes –por debajo de los 40 años– irá en aumento. Y eso contribuirá al crecimiento de la frustración ciudadana, que considera una pérdida de tiempo cumplimentar los trámites habituales. También al aumento de la desafección. No se trata de cambiar todo de golpe, pero sí de planificar el cambio, formando al personal y realizando las inversiones necesarias para contar con las herramientas tecnológicas adecuadas. Un asunto capital del que apenas se ha hablado durante las elecciones, pero que es tan importante para el futuro de España como muchas otras políticas públicas. De entrada, libros como el de Nacho Criado ayudan a entrever el futuro inmediato. Ojalá que mucha gente lo lea.

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