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Un motor para ir a las estrellas

10.11.2016 | 22:08

«Magufo» es el término que utilizan los escépticos de las pseudociencias para referirse a astrólogos, ufólogos, homeópatas, psíquicos y otros vendedores de humos y crecepelos varios. El «magufo» del momento en el mundo científico es Harold White, que lo mismo firma el descubrimiento del siglo. Aunque todo parece indicar que no, que es un magufo. Pero veremos en qué termina la cosa. La expectación es tanta como el escepticismo de la mayoría de la comunidad científica. En diciembre, la revista Journal of propulsion and power del Instituto Americano de Aeronáutica y Astronáutica va a publicar el primer artículo de White que supera la revisión por pares. En el trabajo asegura haber encontrado el modo de conseguir que funcione el llamado Propulsor electromagnético o «motor imposible», un motor que no usa combustible y que hace quince años patentó el ingeniero británico Roger Shawyer bajo el nombre de EmDrive. Si algún día funcionase ese prodigio, abriría las puertas a una nueva era en la exploración espacial, haciendo viables los viajes interplanetarios. Tierra-Marte: 70 días. Tierra-Plutón: 18 meses. Una visita a la estrella más próxima, Alpha Centauri, tan «sólo» un siglo. El motor del movimiento perpetuo de Shaywer consiste en conectar un microondas a un recipiente metálico en forma de cono truncado (imaginen la pantalla de una lámpara de pie) herméticamente cerrado. Según este ingeniero, las microondas ejercerían una mayor presión en la parte más ancha respecto de la estrecha, con lo que el resultado sería una fuerza en esa dirección. La idea atenta contra las leyes de la Física, que dicen que no se puede crear ningún impulso si no se ejerce una fuerza en la dirección contraria. El concepto que sustenta este invento, según la comparación hecha por la publicación científica Xataka, sería equiparable a que una persona se empujase a sí misma. «Es como si tratásemos de usar nuestras propias manos a modo de escalón para pillar impulso y saltar un muro», añaden. El ingeniero que patentó el «motor imposible» no logró ofrecer evidencias de que realmente funcionase, pero en 2012 un científico chino llamado Juan Yuang aseguró haber logrado un impulso minúsculo. Lo mismo afirmó en 2014 Harold White, trabajador de la NASA y nuestro presunto magufo. Pese a sus conclusiones los críticos con su trabajo aseguraron que el pequeño impulsor conseguido por White se debía al calor. Y nunca sus resultados superaron un proceso de revisión por pares, donde otros expertos independientes ponen en tela de juicio las conclusiones. Hasta ahora, que por fin una revista de prestigio le va a publicar un estudio donde sostiene que el «motor imposible» funciona. Fuentes cercanas a Eagleworks Laboratories –un grupo de desarrollo de propulsión de la agencia espacial estadounidense–, han desvelado un borrador preliminar de este artículo donde se asegura haber logrado una fuerza de 1,2 ± 0,1 milinewtons por kilovatio. Es poco, pero suficiente para llegar «hasta el infinito y más allá», que diría Buzz Lightyear.

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