27 de noviembre de 2016
Con otra cara

La maté porque era mía

28.11.2016 | 00:33

Es que no vamos a aprender nunca? 866 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en trece años en España, y las conductas y creencias machistas, lejos de reducirse, se perpetúan. Aún sigo perpleja por el resultados de un estudio que se ha hecho en institutos de Elche con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer el pasado viernes. ¡Pásmense! Dos de cada diez adolescentes de entre 14 y 16 años consideran que el lugar más adecuado para la mujer es su casa con su familia, y uno de cada tres cree que «un marido debe dirigir con cariño pero con firmeza a su mujer». Encima, no es que esto lo crean sólo los chicos, sino que las chicas en el mismo porcentaje piensan igual y creen que las mujeres necesitamos protección. ¡Señor! ¡Cuánto daño han hecho La Cenicienta y la Bella Durmiente!

Como no creo que los adolescentes ilicitanos sean raros, tendremos que asumir que en este país muchos de nuestros jóvenes siguen sin creer en la igualdad. Por supuesto, ninguno defiende las agresiones físicas a las mujeres, o al menos no lo confiesan, pero siguen creyendo que controlar el móvil de su chica o fijar los límites de su escote es normal, mientras que, para ellas, ese control y esos celos son una prueba de amor. Ni las charlas ni los artículos ni siquiera los entierros retransmitidos por la tele parecen convencer a estos chavales de que estas muestras de manipulación psicológica son los primeros estadios de la violencia de género. Nadie empieza dando una bofetada a su pareja. Antes, se pasa por las malas caras, las peleas, el «si me dejas me mato», las órdenes, las descalificaciones, el «eres idiota» y los empujones; en gran parte motivados por el puñetero machismo que no nos quitamos de encima. La situación es grave. ¿Cómo no va a serlo si, según un estudio de la Comisión Europea, en la «civilizada y moderna» Europa uno de cada tres hombres cree que podría justificarse el abuso sexual si se consume alcohol o si la mujer lleva ropa sexy? ¿Cómo no va a serlo si el 14% de los españoles considera que la violencia doméstica pertenece al ámbito privado? ¿Cómo no va a serlo si un tercio de las mujeres europeas declara haber sufrido violencia sexual o física desde los 15 años?

Miles de psicólogos, sociólogos y docentes han analizado el problema hasta aburrir, pero pocas frases lo definen tan rotundamente como ese dicho popular que parece salido de un tango o de una película del franquismo: «La maté porque era mía». Quizá, si convencemos a nuestros jóvenes de que amor y posesión no tienen nada que ver logremos acabar con esta lacra. Si no, imposible.

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