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19.02.2017 | 05:00

Hay noticias que pasan desapercibidas entre las páginas de los periódicos, o que se destacan poco entre la rápida sucesión de piezas informativas de los telediarios. Pasa todos los días. La selección de la información forma parte de la rutina periodística, siendo a la vez un elemento importante a la hora de determinar su orientación. Esto es un clásico en las facultades universitarias que enseñan Periodismo. La agenda de los medios como construcción periodística. La pregunta siempre es la misma: ¿coincide siempre la importancia del hecho informativo con el tratamiento recibido en la publicación? La respuesta es clara. Depende del medio y de la importancia que le conceda. Como digo, todo un clásico. Pero que los ciudadanos deben reconocer si desean forjarse una imagen adecuada de la realidad. Aunque el concepto de realidad es controvertido, al menos en lo que se refiere al dilema realidad informativa vs. realidad social, no deseo entrar ahora en ningún tipo de relativismo, que dejaré para otra ocasión, ni mucho menos en constructos más recientes como la posverdad o las verdades alternativas, que no dejan de ser instrumentos del nuevo poder.

Independencia en RTVE

Una de esas noticias a las que me refiero ha sido la petición de pluralidad e independencia en RTVE por parte de los trabajadores de los programas informativos. Un tercio de la plantilla presentó esta semana en el Congreso de los Diputados un escrito reclamando medidas urgentes para evitar que la RTVE sea utilizada como un instrumento de propaganda partidista o gubernamental. ¡Ahí es nada! La petición advierte del peligro que para nuestra democracia tiene no contar con unos medios públicos que garanticen la pluralidad, la imparcialidad, y los valores constitucionales, y en particular el derecho a la información como pieza clave de nuestro ordenamiento democrático.

Vigilancia

En momentos de crisis económica que ponen en cuestión la propia fortaleza del sistema democrático, es preciso estar más vigilantes para evitar que las consecuencias de la crisis afecten a la estabilidad de la democracia. Y ese papel han de desempeñarlo con credibilidad los medios de comunicación, públicos y privados; recayendo, sin embargo, una gran parte de esa responsabilidad en los medios públicos, cuyo funcionamiento dependen de nuestras instituciones políticas. Como ha señalado el vicepresidente del Consejo de Informativos de TVE, Xabier Fortes, tan importante como el pacto por la educación, resulta imprescindible un pacto por la televisión pública. Yo añadiría que un pacto, en suma, por la comunicación social, por la importancia que ésta en su conjunto puede tener para la cohesión democrática. Ahora que la libertad de la información está en riesgo en muchos países del mundo, inclusive en Estados Unidos, la Unión Europea, y España dentro de ella, debe fortalecer sus políticas de comunicación y de cultura, instando incluso a los medios de comunicación públicos de los estados miembros a preservar el derecho a la información como fundamento de la propia unión política europea.

Intereses del poder político

El deterioro de la neutralidad informativa del ente público, cada vez más acusada según los denunciantes, puede estar sirviendo coyunturalmente a los intereses del poder político, y del Gobierno, pero a la larga está haciendo un flaco favor a la democracia y al conjunto de los ciudadanos porque la manipulación acaba convirtiéndose en algo estructural. La instrumentalización política de la televisión pública como medio masivo (lo mismo podríamos decir de las televisiones privadas) no es nueva, pero no es por ello justificable. La confusión entre información y opinión, el sesgo ideológico de la agenda, y otras formas de tratamiento informativo más o menos sutiles, soslayan diariamente las mínimas normas deontológicas, mostrando una imagen de sumisión política inadmisible en democracia.

Ejemplo

Para muestra, un botón. Entre las protestas de los periodistas de TVE se encuentra el tratamiento recibido por el congreso del PP en el telediario del pasado fin de semana, cuando el presentador contrastaba la imagen de alegría de los populares con el tiempo desapacible que hacía en Madrid. Todo un símil. Toda una figura retórica cargada de intencionalidad y sutileza. Y todo un tema, el del derecho a una información veraz, que debería haber recibido una mayor atención por parte de todos los medios de comunicación. En definitiva, se trata de ellos, de nosotros, los ciudadanos, y de la democracia. Nada más y nada menos.

*Juan Antonio García Galindo es catedrático de Periodismo de la Universidad de Málaga

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