Lo que hay que oír

Idos, iros, irse, irsus

19.07.2017 | 23:23

La Real Academia Española ha decidido dar por válida la forma «iros» como 2ª persona del plural del imperativo del verbo «ir», admitiéndola en su Gramática por ser forma extendida del correcto y culto «idos», que se mantiene. O sea, no es que se cambie «idos» por «iros»: es que la RAE ha decidido que convivan y que al hablante que emplee «iros» no se le considere incorrecto. Así pues, es inexacta la segunda parte del titular del diario El español cuando dice: «´Iros a la mierda´ ya es correcto: la RAE cambia el imperativo del verbo ´Ir´». No, no lo cambia: ofrece dos posibilidades: declara válido «iros a la mierda» y también «idos a la mierda». En una novelita de Pérez Galdós, titulada La de los tristes destinos, el personaje Malrecado se dirige a una mujeres «más deslenguadas que desorejadas» diciéndoles: «Callad; idos a vuestra casa, y no os metáis en la cosa pública, de la que entendéis tanto como yo de castrar mosquitos». Pues bien, si viviera hoy Galdós, podría haber escrito tan ricamente «iros a vuestra casa». ¿Por qué muchos hablantes de español usan «iros»? Por un fenómeno que en lingüística se llama rotacismo y que, dicho a la carrera, designa la frecuente conversión de una consonante en «r»: la «d» de «id» en la «r» de «ir». Y ya está.

Es un asunto de menor cuantía, pero menuda la que se ha armado en las redes sociales, siempre dispuestas a rascar donde no pica. Hagamos cuentas. En la América hispana no se tutea en el imperativo, se diría, por ejemplo, «váyanse a castrar mosquitos». Lo mismo ocurre en Canarias y en gran parte de Andalucía. Así que solo un 7% de hispanohablantes se verán beneficiados por la generosidad de la RAE. Pero en las dichosas redes se enzarzan los todovalistas con los puristas: que cada cual hable como le dé la gana o que cada cual hable con pureza. Tal parece que nos habíamos pasado los días hasta hoy usando sin parar el «idos», cuando todo el mundo sabe que el español común prefiere expresiones como «fuera de aquí» o «a la mierda», desnudas del imperativo precedente. Y sigo diciendo más. La dichosa forma «idos» ha dado lugar a risas célebres. Clamaba Lola Flores en la boda de su hija Lolita: «¡Si me queréis a mí, marcharse! ¡Si me queréis argo, irse!» Y en la divertidísima película Truhanes gozaba el presidiario interpretado por Paco Rabal imaginando su futuro ante un taimado Arturo Fernández: «¡Prepararos, chorbas, que aquí llegamos yo y mi amigo Gonzalo! ¡Irse bajando las bragas! ¡Ginés Giménez Varela: en er mundo!». No, nunca nos gustó la «d» final a los hispanohablantes: Madriz, Valladoliz€ ¿verdaz?

En lo que no parecen reparar los blogueros, posteros y redesocialistas es en que la Real Academia Española está que se sale. Ya ni limpia, ni da esplendor: solo fija en su gramática cualquier ocurrencia lingüística que se haga popular. Los académicos proclaman que son notarios, registradores del habla, no vulgares policías del idioma. Y corren que se las pelan validando «posverdad» (calco del inglés «post-truth») o «empoderar» (calco del inglés «empower»). Siguiendo esa lógica de no limpiar ni dar esplendor, de solo fijar lo que muchos digan, no sé a qué esperan para certificar como correcto «detrás mío» y que viva Cartagena, pues pocos usamos ya «detrás de mí». Está que se sale la RAE porque, mientras admite «iros», alza la voz tildando de incorrectas formas imperativas como «callaros» o «marcharos», manteniendo como normativas «callaos» o «marchaos», expresiones en franco desuso o sustituidas por los infinitivos «callar» o «marchar». Por todo ello: ¿Se está demoliendo la RAE a sí misma? ¿Para qué sirve una institución que ni limpia ni da esplendor, que solo toma nota de lo mucho y no de la calidad? La Faraona sentenciaría: «Si vale todo, marcharse; si ni esplendor ni limpieza, irse» O «irsus», mismamente.

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