24 de febrero de 2018
24.02.2018
Nuestro mundo es el mundo

El 4 de marzo de Roma y Berlín

24.02.2018 | 05:00

El próximo domingo 4 de marzo será relevante para la estabilidad política de Alemania y de Italia (la primera y la tercera economía del euro) y por tanto tendrá gran influencia sobre el futuro de Europa. En Alemania los 460.000 adheridos al SPD deben ratificar el acuerdo con los democristianos de Angela Merkel para otros cuatro años de gobierno de gran coalición. Tras las elecciones de setiembre –en las que tanto la CDU como los socialistas fueron severamente castigados– nadie en el SPD quería renovar la gran coalición. Pero el fracaso de las negociaciones de Merkel con los liberales (derecha) no ha dejado prácticamente otra opción pues una repetición de elecciones podría llevar al ascenso de la ultranacionalista Alternativa por Alemania (AfD), que ya es el tercer partido en el Bundestag.

El SPD no tenía pues casi otra alternativa, y además los votos perdidos no han ido a su izquierda sino a la AfD. Pero una tercera gran coalición con Merkel –algo en principio excepcional– genera incomodidad y el resultado es incierto. En la CDU también ha habido muchas protestas. El ala conservadora cree que Merkel ha cedido demasiados ministerios importantes al SPD (en especial Hacienda) y la autoridad de la canciller no es ya la misma que antes de las elecciones. Merkel ha intentado frenar la crisis con el nombramiento de una nueva secretaria general del partido, Annegret Kramp-Karrenbauer (AKK), centrista, que hasta ahora era presidenta de la región del Sarre y que podría ser su futura heredera.

Para Macron y sus planes de relanzar la UE es vital que el SPD apruebe el pacto con Merkel y Alemania deje de tener un gobierno interino.

En Italia las cosas son más complicadas. Los últimos sondeos indican que la coalición de derechas montada por Berlusconi será la primera fuerza por delante de Movimiento 5E de Beppe Grillo y del Partido Democrático de Renzi. Pero la gobernabilidad será difícil. Y cabe la posibilidad de que el partido de la coalición de Berlusconi con más diputados sea la antieuropea y muy contraria a la inmigración Liga Norte. En tal caso, y si la derecha lograra la mayoría absoluta (no imposible), su líder Matteo Salvini exigiría ser primer ministro.

Una perspectiva que genera mucho temor en Bruselas y que ya ha provocado unas declaraciones de Juncker que han alarmado a los mercados. El nerviosismo ha subido porque una cosa es Berlusconi y otra Salvini, al que algunos consideran el Marine Le Pen italiano.

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