18 de marzo de 2018
18.03.2018
Con otra cara

Neruda a la papelera

18.03.2018 | 05:00

No sé si es traicionar al feminismo, pero me niego a dejar de leer a Pablo Neruda. Y no es que dude de que era un machista y algo peor – de hecho, él mismo admitió haber violado a una criada– pero, al igual que pasa con otros artistas como Picasso, John Lennon o Woody Allen, me resulta difícil rechazar la obra porque el autor fuera un miserable con las mujeres. En el caso de Neruda, se cuestionan sus «Veinte poemas de amor y una canción desesperada». Concretamente, es una de las obras que deberían dejar de leerse en las escuelas a juicio de Yera Moreno y Melani Penna, dos feministas que han lanzado un decálogo publicado por CC OO con recomendaciones para lo que debería ser, a su juicio, una escuela feminista. En este decálogo en el que imagino que las propias autoras exageran a propósito para evidenciar los tics machistas que aún existen en los colegios, se proponen cosas como que no se juegue al fútbol en el recreo, que no se separen los baños de hombre y mujeres y que los profesores empleen un lenguaje no machista, usando el femenino para hablar o el género neutro con la «e», diciendo por ejemplo «todes»; una propuesta que puede provocar sarpullidos a los miembros de la Real Academia de la Lengua. Hay otros puntos en el decálogo que sin duda sí deberían tenerse en cuenta, como reivindicar las figuras femeninas destacadas en la literatura, la filosofía, el arte, la historia y la ciencia. Y luego está lo de Neruda. Entre sus sugerencias, las dos feministas proponen eliminar libros escritos por autores machistas y misóginos entre las posibles lecturas obligatorias para el alumnado, incluyendo como ejemplo los poemas de amor del escritor chileno que me bebía de adolescente y que no había repasado desde hace años. Tras volver a echarles un vistazo, he de confesar que me siguen pareciendo hermosos y evocadores. Además, reconozco que tengo problemas para identificar cuáles son los versos denigrantes para las mujeres. No sé si lo del «Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, te pareces al mundo en tu actitud de entrega. Mi cuerpo de labriego salvaje te socava y hace saltar el hijo del fondo de la tierra» es incorrecto, quizá por lo de ensalzar los muslos o por lo de la entrega. No sé. O si lo rechazable es lo de «Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas», lo de «Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos» o lo de «Me gustas cuando callas porque estás como ausente». Lo siento, soy tan incapaz de rechazar estos poemas como de tomarme en serio lo del «todes», así que el día que se abra esa escuela feminista perfecta voy a tener que apuntarme la primera.

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