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Malala: ´Su mano temblaba mientras me disparaba´

La joven pakistaní tiroteada por los talibanes por su defensa de la educación, relata su historia

03.11.2013 | 10:01

Yo soy Malala

  • Autor: Malala Yousafzai y Christina Lamb 
  • Editorial: Alianza - Colección: Libros Singulares
  • Páginas: 376
  • Precio: 18 euros

Nueve de octubre de 2012. Malala Yousafzai está a punto de convertirse en un personaje conocido mundialmente con solo 15 años. Su lucha por el derecho a la educación en Pakistán le ha ganado el odio de los talibanes, que intentan enmudecerla a tiros cuando vuelve de la escuela a su casa en autobús. Nadie pensó que podría sobrevivir a aquella salvajada, pero lo hizo y ahora es un símbolo de la protesta pacífica. En Yo soy Malala (Alianza), la joven, galardonada con el premio "Sajarov" del Parlamento europeo, ofrece un testimonio que conmueve y desgarra.

"Aquel hombre llevaba un gorro que se estrechaba hacia arriba y un pañuelo sobre la nariz y la boca, como si tuviera gripe. Tenía aspecto de universitario.



"Entonces subió a la plataforma trasera y se inclinó sobre nosotras.–¿Quién es Malala? –preguntó."


"Nadie dijo nada, pero varias niñas me miraron. Yo era la única que no llevaba la cara cubierta. Entonces es cuando levantó una pistola negra. Más tarde supe que era un Colt 45. Algunas niñas gritaron. (Mi mejor amiga) Moniba me ha dicho que le apreté la mano. Mis amigas dicen que disparó tres veces, una detrás de otra. La primera bala me entró por la parte posterior del ojo izquierdo y salió por debajo de mi hombro derecho. Me desplomé sobre Moniba, sangrando por el oído izquierdo. Las otras dos balas dieron a las niñas que iban a mi lado. Mis amigas me dijeron que su mano temblaba mientras disparaba".

Cuando Malala nació, "los habitantes de nuestra aldea se compadecieron de mi madre y nadie felicitó a mi padre. Era una niña en una tierra en la que se disparan rifles al aire para celebrar la llegada de un hijo varón, mientras que a las hijas se las oculta tras una cortina y su función en la vida no es más que preparar la comida y procrear".

Vivía en el lugar "más hermoso del mundo. Mi valle, el valle de Swat, es un reino celestial de montañas, cascadas y lagos de agua clara. Bienvenido al paraíso, dicen las señales". Cuando nació, "éramos muy pobres. Mi padre y un amigo suyo habían fundado la primera escuela y vivíamos en una cabaña de dos habitaciones enfrente de ella".

Malala leía "Ana Karenina" y las novelas de Jane Austen, "y confiaba en las palabras de mi padre: Malala es libre como un pájaro. Cuando escuchaba historias sobre las atrocidades que se cometían en Afganistán, me sentía orgullosa de estar en Swat. Aquí una niña puede ir a la escuela, solía decir. Pero los talibanes estaban al lado y eran pastunes, como nosotros. Para mí el valle era un lugar soleado y no podía ver las nubes que se estaban formando tras las montañas".

Malala tenía "diez años cuando los talibanes llegaron a nuestro valle.


"Moniba y yo habíamos empezado a leer los libros de Crepúsculo y deseábamos ser vampiros." "

Nos parecía que los talibanes habían llegado por la noche, igual que los vampiros.

Aparecieron en grupos, armados con cuchillos y Kalashnikov (...) Seis meses después, la gente estaba desprendiéndose de sus televisores, DVD y CD. Los hombres de (el líder) Fazlullah los reunían en grandes montones en la calle y les prendían fuego".

Un blog en el que explicaba cómo era la vida bajo el yugo talibán

A los 11 años, Malala inició un blog para el servicio en urdu de la BBC sobre la vida bajo el yugo talibán, con el seudónimo Gul Makai. Su suerte estaba echada.

Dispararon a Malala "un martes, a la hora de comer. El jueves por la mañana, mi padre estaba tan convencido de que iba a morir que dijo a mi tío Faiz Mohammad que la aldea empezara a preparar mi funeral. Me habían puesto en coma inducido, mis constantes vitales se deterioraban, tenía la cara y el cuerpo hinchados, y mis riñones y pulmones estaban fallando. Mi padre me dijo más tarde que era atroz verme conectada a todos aquellos tubos en un pequeño cubículo de cristal. Daba la impresión de que ya estaba muerta médicamente".

Llegaron ofrecimientos de varios países para tratarla e intentar salvar su vida. Finalmente, fue trasladada al Queen Elizabeth Hospital de Birmingham, en Inglaterra. Despertó el 16 de octubre, "una semana después de que me dispararan. Me encontraba a miles de kilómetros de mi casa, con un tubo en el cuello para ayudarme a respirar e incapaz de hablar. Volví a cuidados intensivos después de otro escáner y estuve fluctuando entre la consciencia y el sueño hasta que me desperté completamente. Lo primero que pensé cuando recobré el conocimiento fue gracias a Dios, no estoy muerta.Pero no sabía dónde me encontraba. Me daba cuenta de que no estaba en mi país".


Los talibanes convirtieron la campaña de Malala en global

Era un milagro "que estuviera viva. Yo no sentía nada, quizás algo de satisfacción. Así que lo hicieron. Lo único que lamentaba era no haber tenido la oportunidad de hablar con ellos antes de que me dispararan. Ahora nunca oirían lo que tenía que decirles. No abrigaba ningún mal pensamiento sobre el hombre que me disparó, ningún pensamiento de venganza; sólo quería regresar a Swat. Quería volver a casa".

Malala tenía "diez años cuando los talibanes llegaron a nuestro valle.


"Millones de personas en todo el mundo habían mostrado su apoyo y habían rezado por mí. me habían salvado la vida"

Seguía viva por una razón (...) Me di cuenta de que los talibanes habían conseguido hacer mi campaña global".

Y llegó un día muy especial. "El doctor Javid me dijo que llegaban mis padres y levantó el respaldo de la cama para saludarlos cuando entraran. Estaba tan nerviosa... En los dieciséis días que habían transcurrido desde aquella mañana en que salí apresuradamente de casa en Mingora gritando adiós había pasado por cuatro hospitales y viajado miles de kilómetros. Me parecían dieciséis años. Entonces se abrió la puerta y allí estaban las voces familiares diciendo "jani" y "pisho", y allí estaban ellos, besándome las manos, como si les diera miedo tocarme. No pude controlarme y lloré con todas mis fuerzas".

Ha vuelto a la escuela, en Inglaterra. Su mundo "ha cambiado mucho". No quiere que "se me vea como la joven a la que dispararon los talibanes, sino como la joven que luchaba por la educación". Ante las Naciones Unidas pronunció un discurso que dio la vuelta al mundo. "Quería llegar a todas las personas que viven en la pobreza, a los niños obligados a trabajar y que sufren a causa del terrorismo o la falta de formación".

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