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Blog Faro de Hércules - Mariano Cabrero Bárcena

Mariano Cabrero Bárcena

Escritor, poeta, ensayista,

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  • 29
    Septiembre
    2019

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    Recuerdos para no olvidar

    Recuerdos para no olvidar

                           

    Ante las semillas de violencia irradiadas por todo el mundo entero, hemos de cambiar la manera de vernos y tratarnos unos con otros: como personas conscientes, que somos…Puesto que el sufrimiento, el desperdicio y el coste humano que fomenta la susodicha violencia…creará para siempre recuerdos para no olvidar.

    Es curioso cómo, a veces, los recuerdos afloran a nuestras memorias -verdaderas cajas de sorpresas-, que son silencios caídos del cielo como agua de mayo, y que, no lejos de la verdad, nos marcan las directrices exactas a seguir por nuestros entendimientos: éstas que son sacudidas por el motor que mueve la sangre por mis venas: el corazón humano. Corazón y entendimiento, entendimiento y corazón: ambos piezas fundamentales para mover el mundo.

    “Es curioso cómo, a veces, los recuerdos afloran a nuestras memorias -verdaderas cajas de sorpresas-, que son silencios caídos del cielo como agua de mayo”

     

    Porque los recuerdos afloran a nuestras memorias, que son silencios caídos del cielo como agua de mayo… Esto siempre nos pasa, sin duda, cuando estamos pensando un poco en los demás.

     

    Globos, globos de ilusión, muchos globos de ilusión –llenos de sentimientos e ideas de paz–, harían falta para que, mediante un suave aterrizaje, se depositasen sobre los cerebros de nosotros –los humanos– tan llenos de odio y venganza, y que desterrase para siempre esa “bestia negra” que todos llevamos dentro: el placer de matar por matar. El hombre es el único animal racional sobre la tierra que experimenta y pone en práctica este último.

    Apuré el puro que estaba fumando: un habano de los de Cuba, que casi nadie los fuma hoy en día -valen muy caros-, pero lo cierto es que me lo habían regalado. Uno, a veces, pasa el tiempo…con cualquier cosa, es decir, con el primer objeto que le viene a la mano: un libro, una fotografía, un sueño, una ilusión perdida… ¡Cualquier cosa! Cayó entre mis manos una fotografía… La verdad, dicho sea de paso, es que no supe jamás quien fue su dueño, pero qué más daLo importante es que la tenía entre mis manos, y ahora era elemental dejar a mi imaginación buscar el porqué de la misma, y el saber algo de sus integrantes.

     

    Uno cree en la música, el cine, el sexo y en todos mis compañeros de viaje. Creo que la mujer es el ser más maravilloso sobre la tierra. Creo en las cosas que me hacen estremecer. Creo que me mienten muchas veces al cabo del día, pero me hago el tonto para así mejor dormir. Pero, sobre todas las cosas, creo en el deber y el amor que han de supervivir en todas las relaciones humanas…Porque en el fondo…uno es un romántico de los pies a la cabeza, que vive para soñar, y soñar es vivir para siempre. Todas las religiones tienen un solo Dios: el Dios de todas las religiones, que valga la redundancia ¡Ah!, ¡se me olvidaba! Creo en Dios- el Dios de todas las religiones.

     

    “Uno cree en la música, el cine, el sexo y en todos mis compañeros de viaje. Creo que la mujer es el ser más maravilloso sobre la tierra. Creo en las cosas que me hacen estremecer. Creo que me mienten muchas veces al cabo del día, pero me hago el tonto para así mejor dormir”

     

    Debo comunicaros que está noche no dormí bien. Dicho de otro modo: no pegué ojo. Me pasó lo que yo sé. “Cuando llevó un día agitado y preocupado, resolviendo o tratando de resolver -en la medida de lo imposible, haciendo que sean posibles- serios problemas, que afectan a esas ‘pobres gentes’ sin comida, sin ropas, sin ganas o con pocas ganas de seguir viviendo…, que malviven no lejos de mi domicilio, me ocurre siempre lo mismo: por la noche no duermo”.

     

    ¡Si hablaran mis ojos… de cuántas cosas nos enteraríamos! Y hablaron mis ojos y me relataron lo que vi en aquella fotografía: Sandra, Tamara y Jessica salieron el viernes a las 23.00 h, como todos los viernes, con el propósito de tomar unas copas con sus amigos. Llevaban sus neceseres en orden: barra de labios, píldoras anticonceptivas, globos protectores para el instrumento… –pues no es más que un instrumento, más grande o más pequeño, pero instrumento al fin y al cabo– procreador masculino, DNI y 50 euros. Paró un coche con conocidos. Les dijeron los tres del coche: “¡Subid! ¿A dónde vais?”. “A dónde vayáis vosotros”, contestaron.

     

    Los jóvenes les comentaron que lo iban a pasar muy bien. Que sabían de un buen rollo y gratis. Corría el vehículo a gran velocidad, y del interior salía música estridente a toda pastilla. Sobre las 23.55 h, después de atravesar una arboleda semicircular llenas de hojas verdes, llegaron a un enorme hangar, se bajaron y subieron a un ascensor que bajó. Se abrió la puerta, y en una antesala el camarero les sirvió a todos una especie de vermú con aceitunas, caviar, salmón ahumado… Les indicó que se pusiesen unos pasamontañas negros autoadhesivos. Al poco, los jóvenes acompañantes se esfumaron.

     

    Sandra me narró lo anterior, quien en compañía de las otras dos muchachas también desapareció. Mi pareja sentimental y yo fuimos en un taxi con cristales oscuros. Con los ojos sellados con esparadrapo, y con nuestros relojes parados y sin pilas. Nos llevaron a una sala semicircular, y en el centro aparecieron tres jóvenes completamente desnudas. Podrían tener entre 17 y 22 años, pues la hermosura de sus cuerpos así lo denotaba. Bailaban dentro de un aturdimiento de movimientos. Aparecieron tres hombres maduros–que ocultaban sus rostros con pasamontañas de tela fina negros–, que sodomizaron a las tres jóvenes, llevando a cabo toda clase de sevicias sexuales. Desgarradores gritos salían de las gargantas de las tres infelices muchachas.

     

    Los que estaban sentados en el salón y proscenios consumían cocaína, esnifándola por sus narices. Mi pareja y yo abandonamos el recinto ante tal salvaje espectáculo, volviendo en el mismo taxi que llegamos, y con los ojos bien tapados.

     

    A los pocos meses apareció en prensa que “tres jóvenes habían aparecido muertas, con indicios racionales corroborados por el forense, de haber sido violentadas sexualmente”. Me dijo mi pareja sentimental que debíamos denunciar lo que presenciamos. Le contesté que poco o nada podíamos notificar: denunciar el lugar en que estuvimos y que desconocíamos, nuestros relojes –ya sin pilas– se pararon a las 23.05 h, y todos los presentes se hallaban con rostros tapados, así como aquellos insaciables enfermos hombres maduros que protagonizaron el espectáculo macabro. Al final, acudimos a la Policía…

     

    La agresión sádica que hemos leído se ha llevado a cabo en una situación de cautiverio de las jóvenes aludidas con anterioridad: Sandra, Tamara y Jessica. Se empleó sobre éstas violencia -mental y psíquica-, violencia empleada por los propios hombres. Es triste reconocer que nosotros los humanos –seres creados por Dios, el todas las religiones– llevamos dentro de nuestros corazones odio y venganza negra, que repartimos sin que nuestras conciencias sientan estupor o pánico de lo que podemos ser capaces de cometer contra nuestros hermanos en el mundo entero.

     

    Son semillas de violencia que albergamos en nuestros corazones, y que a lo largo de nuestra vida las empleamos como una falsa autodefensa y una revancha malentendida. (El Libro de los Salmos nos advierte que "el justo se regocijará cuando sediento de venganza se lave sus pies en la sangre: del malhechor".)Termino diciendo: Una fotografía de tres muchachas y la imaginación-mi imaginación-, que trabaja como acostumbra… Un relato que pudo haber ocurrido y ocurrió (?)

     

     

    La Coruña, 29 de septiembre de 2019

    ©Mariano Cabrero Bárcena es escritor

     

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