19 de julio de 2011
19.07.2011
Un ayuno tecnológico

Enganchados a la tecnología

La dependencia 2.0 comienza a ser considerada una patología más. Se habla de «obesidad digital»

19.07.2011 | 07:00
Las horas muertas ante un ordenador terminan pasando factura.

¿Enciende el ordenador nada más llegar a casa sin necesidad? ¿Su vida social discurre más en Facebook que en la calle? ¿Sólo se comunica mediante sms o correos electrónicos? Usted puede ser un «obeso digital». Y, ante ello, ya han aparecido las primeras «dietas digitales». Uno de los mayores expertos en tecnología de Estados Unidos, Daniel Sieberg, ha publicado un libro titulado The Digital Diet (La dieta digital). Ahora que muchos aprovechan el verano para descansar, quizás también deberían aislarse un tanto de las tecnologías y llevar a cabo una particular operación bikini hitech.

Lo primero es saber el grado de adicción (los expertos ya lo tratan como una patología), el sobrepeso digital. Sieberg explica que «no hay una tabla de calorías en el iPhone o el ordenador. No hay un Índice de Masa Corporal para calcular la dependencia».

Por ello propone un decálogo. Para hacer el cálculo hay que sumar tres puntos por cada teléfono móvil de que se dispone y cinco por cada servicio de sms, uno por ordenador portátil y otro por fijo, dos si se tiene un tablet, uno más por libro electrónico, cinco más por cada identidad en internet y dos para cada cuenta de correo, un punto por cámara digital, dos por cada blog que se escribe y uno más por cada aparato que necesite cargador. La suma es el e-peso. Hasta 24 puntos es un nivel bajo, de 25 a 35 la cosa ya afecta a la salud y con más de 36 se puede hablar de adicción. A partir de ahí, como en una dieta para recuperar la línea, el objetivo es rebajar peso siguiendo los consejos de Sieberg en cuatro pasos.

El experto emula a un dietista. El objetivo es llegar a una desintoxicación completa para luego volver a reintroducir los aparatos poco a poco. En cuatro pasos. Para ello, propone que se empiece por los fines de semana, eliminando todo aquel objeto que tenga que ver con la tecnología. Luego un poco más. «Sólo cuando llegues al nivel cero», advierte el dietólogo digital, «podrás comenzar de nuevo con la utilización de estos aparatos, comenzando por no más de una hora al día».

El propio Sieberg sabe de lo que habla. «A finales de 2009 me di cuenta de que a pesar de la miriada de gadgets y webs que frecuentaba, o quizás por ello, había perdido el contacto con mi familia y amigos. Había sido demasiado indulgente con la tecnología y necesitaba un plan para conseguir que la tecnología trabajara para mí y no viceversa», recordó el autor de La dieta digital en una reciente entrevista promocional.

Por cierto, deja una cosa muy clara: «El mío no es un libro antitecnología de la misma forma que un libro con dietas no es un libro anticomida».
Según el experto, merece la pena desintoxicarse: «Las redes sociales facilitan el convertirse en un voyeur y si ahondamos demasiado en ello podemos terminar con sentimientos de envidia y frustración». Por no hablar de los riesgos físicos de la adicción tecnológica: sería imposible enumerar todos los estudios que han relacionado el exceso de tiempo delante de un ordenador con la obesidad.

Sin embargo, si usted no tiene del todo clara su capacidad y fortaleza mental para alejarse de la tecnología el tiempo que sea necesario, hay otras herramientas, digamos, un tanto más drásticas. Como Freedom, una simplísima aplicación que te expulsa de internet cada vez que pases ocho horas conectado. El usuario puede programar el tiempo de desconexión que considere más pertinente –entre 45 minutos y una hora es generalmente lo mínimo– para que, después, se le permita navegar de nuevo.

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