06 de abril de 2012
06.04.2012
A los 80 años

Fallece Francisco Hernández: el gran dibujante de la vanguardia española

La capilla ardiente se instaló en el Centro de Estudios sobre el Exilio y recibirá sepultura hoy en el cementerio municipal

06.04.2012 | 07:00
El pintor Francisco Hernández, el día de la presentación de su exposición en el Museo del Patrimonio Municipal (MUPAM), en abril del año pasado.

Francisco Hernández, el genial artista. Paco Hernández, «gran persona» y un «buen hombre» para su familia y allegados, compañeros de profesión, innumerables amigos y para su Vélez Málaga casi natal, donde ha residido desde la infancia. Ayer, el mundo de la cultura se despertó con una triste noticia: fallecía a las 10.30 horas el artista, exponente de la nueva figuración española y considerado uno de los grandes dibujantes contemporáneos del siglo XX. Lo dijo Salvador Dalí en los años 60: «En España sólo hay dos dibujantes de verdad. Uno soy yo; el otro, un muchacho que se apellida Hernández y que creo vive allá por Málaga».

Nacido en Melilla en 1932, Francisco Hernández murió a consecuencia de una insuficiencia respiratoria que venía padeciendo desde hace algún tiempo. Precisamente, el pintor había estado ingresado en varias ocasiones en el último año y medio en el Hospital Comarcal de la Axarquía, aquejado de diversas dolencias. El último ingreso hospitalario del creador, Hijo Adoptivo de Vélez Málaga y nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en 1982, se produjo hace poco más de un mes, el pasado 22 de febrero, y obligó al artista a permanecer encamado durante 16 días a causa de problemas respiratorios. Previamente ya estuvo ingresado más de una semana en julio de 2011 debido a una neumonía, y en octubre de 2010 también estuvo casi dos semanas hospitalizado debido a una insuficiencia cardiaca. En 2009, fue intervenido tras serle detectado un cáncer de pulmón.

El alcalde de Vélez Málaga, Francisco Delgado Bonilla, lamentó el fallecimiento del pintor, que «supone una terrible pérdida para Vélez y para el arte, pues se trata de uno de los pintores más importantes del siglo XX y uno de los mejores dibujantes contemporáneos». A la vez, anunció que el Ayuntamiento decretará tres días de luto oficial.

Por su parte, la capilla ardiente quedó instalada ayer en el Centro de Estudios sobre el Exilio, en el Palacio Marqués de Beniel, a donde se acercaron numerosos amigos y artistas para darle el último adiós, según fuentes familiares.

El entierro del artista está previsto para hoy, alrededor de las 13.00 horas en el cementerio municipal de la localidad, y recibirá sepultura junto a la tumba de la filósofa veleña María Zambrano. Previamente, se oficiará un misa en la iglesia de San Francisco.

Y es que el fallecimiento de Francisco Hernández conmocionó la capital de la Axarquía. «Una triste noticia, la que nos ha sorprendido esta mañana [por ayer]», comentaba María Jesús Hernández, hija del artista, conteniendo la emoción.

Precisamente en plena Semana Santa, las cofradías quisieron rendirle su homenaje cediendo para el acto algunos de los Estandartes Guías, como el caso de la de Los Vigías, a la que él pertenecía; y que reflejan las pinturas del artista. «Decía que era una persona que trabajaba todo el año, excepto el Viernes Santo», comentaba el pintor veleño Carlos Ariza, ya que ese día salía con el desfile procesional de la cofradía.
Por su parte, el artista veleño Evaristo Guerra destacó de Francisco Hernández su «gran capacidad» para el dibujo y su calidad artística. «Se ha ido un representante muy importante de la pintura veleña».

Reivindicar la pintura universal en su más pura esencia y mantener la coherencia estética han formado un todo en la filosofía pictórica y vital de Francisco Hernández. Este pensamiento estuvo muy presente en la exposición que acogió hace un año el Museo del Patrimonio Municipal (MUPAM), donde se revisaron sus inquietudes estéticas más recientes a través de un total de 81 obras. «Mi obra es un canto mediterráneo a la pintura, al arte en mayúsculas. En definitiva, constituye la «llamada de mi vocación estética», afirmó entonces el pintor, quien definió la pintura como «un misterio universal y lo seguirá siendo», recalcó entonces.

Una de sus últimas apariciones públicas tuvo lugar el pasado mes de diciembre, con motivo de una exposición en la sala de Cajamar sobre artistas plásticos que son o han sido miembros de la Academia de Bellas Artes de San Telmo. Francisco Hernández participó en esta colectiva con el óleo Maternidad, muy picassiano, y visitó la muestra acompañado por sus hijas y una representación de la institución académica, cuyo presidente, Manuel del Campo, aprovechó la ocasión para volver a pedir a la Junta de Andalucía la concesión de la Medalla de Honor para el autor veleño.
En este sentido, Del Campo, que destacó la «sinceridad» de su pintura y su dibujo «extraordinario», lamentó que el artista haya fallecido sin haber recibido esta «merecida» distinción. De hecho, Delgado Bonilla volvió a recordar ayer la solicitud de este reconocimiento en «dos ocasiones». «Era «totalmente merecida para este andaluz que, con su arte, ha contribuido al sostenimiento y puesta en valor de Andalucía».
La trayectoria plástica del autor de El Tríptico de Venecia (1966), de la colección del Ayuntamiento de Málaga, casado y con tres hijas y un hijo, comenzó a una edad temprana. Siendo un adolescente, pintó escenas para la iglesia del Trapiche, en Vélez Málaga. Tras estudiar en Madrid en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, centró su obra en la figuración, influenciado por pintores como Durero, Rembrandt o Picasso.

Pero su exposición en la Sociedad Económica Amigos del País en 1955 fue determinante en su acercamiento a las vanguardias. Entre 1974 y 1976 la obra de Hernández se hace en parte más dramática. Así, aparecen elementos surrealistas que se mezclan con los de filiación expresionista. La Alegoría del cante jondo, de 1974, es una obra que sintetiza muy bien las preocupaciones plásticas, metafóricas y simbólicas de Hernández a mediados de los años setenta.

A partir de finales de los setenta, la pintura de Hernández se hace más barroca, más volcada hacia la iconografía religiosa, mitológica y clásica, con abundantes composiciones que rememoran el pasado grecolatino, la pintura clásica europea, la imaginería de la Semana Santa, los temas mediterráneos y la simbología relacionada con la comarca de la Axarquía en la que vive.

En su producción de los 90 destacan los escorzos, la gestualidad teatral de las figuras y la inclinación escenográfica. Formas geométricas básicas, colores contrastados, estructura basada siempre en un sólido dibujo, presencia de personajes religiosos y numerosos signos y elementos simbólicos constituyen las principales características del estilo de Hernández durante los últimos veinte años de actividad pictórica. En el momento actual, los signos de los graffitis callejeros centraban su interés.

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