07 de julio de 2010
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Educación

Rafael Calderón: allegro andante

Su esfuerzo y voluntad y el apoyo incondicional de su familia y sus profesores le han permitido acabar con éxito el Grado Profesional de Música en el Conservatorio Manuel Carra, a pesar de tener síndrome de Down

07.07.2010 | 07:00
Rafael Calderón acaba de terminar el ciclo profesional de trompeta en el Manuel Carra.

Le gusta tocar la trompeta porque su sonido es redondo y compacto. Y porque con ella en la mano es uno más. En la música ha encontrado la vida, una forma de comunicarse, de transmitir sus sentimientos y estado de ánimo, con el lenguaje de las blancas, las negras o las corcheas. Rafael Calderón acaba de terminar con éxito las enseñanzas de Grado Profesional de Música en el Conservatorio Manuel Carra y el viernes recibirá una de las medallas al mérito educativo que concede cada año la Consejería de Educación. Y tiene síndrome de Down.

Ha aprendido a sortear obstáculos y a romper barreras. Su esfuerzo y empeño han sido determinantes para demostrar que sufrir esta alteración genética no es impedimento para conseguir una escolarización y una vida normalizada y adquirir, además, una cualificación profesional. «Sin la música me faltaría algo. Sin ella, todo sería mucho más soso. Me da alegría», reconoce.

Su dedicación a la música tiene una larga trayectoria. Empezó como integrante de la banda de Miraflores-Gibraljaire. «De pequeño veía a mis amigos acudir a los ensayos y llevaban sus instrumentos en sus estuches. Yo quería ser uno de ellos», recuerda Rafael. De eso han pasado ya 15 años. Los maestros Puyana y Aragú, después de la sorpresa inicial de conocer a un niño con síndrome de Down que quería formar parte de la banda, le admitieron sin problemas. En Miraflores, donde continúa, aprendió solfeo. «Lo primero que hice fue tocar la caja», agrega. De alguna manera, la percusión sirvió para que Rafael supera sus problemas de ritmo.

«En la banda todos aprendemos de todos y eso me ha ayudado mucho. Dentro de la formación me siento agrupado, uno más de la banda», dice Rafael, que reconoce que su trayectoria no ha sido un camino de rosas. «¿Problemas? Claro que los he tenido, sobre todo al principio, porque no es fácil, pero como cualquier otro alumno que está estudiando música», señala.

Como trompetista, ha participado en numerosos conciertos y certámenes. «Hacemos una buena pareja. La trompeta es como si fuera una novia». bromea. Ahora incluso recibe un patrocinio de Yamaha.

Lo conseguido por Rafael tiene un alto valor, pues ha superado, con el esfuerzo y la determinación decidida de su familia y el apoyo de profesorado comprometido con su causa, las enseñanzas obligatorias y el Bachillerato y, además, a la vez ha aprobado los diez cursos que componen los grados elemental y profesional de música y su próximo reto es entrar en el Conservatorio Superior. Para ello ya ha realizado las exigentes pruebas, y está a la espera de conocer los resultados.

En todo caso, sí que ha superado los exámenes de acceso a la Academia de Estudios Orquestales Barenboim, en Sevilla. Y Benjamín Moreno, trompetista solista de la Orquesta de RTVE, ha mostrado especial interés por darle clases.

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