16 de julio de 2010
16.07.2010

Un búnker, drogas y un «esclavo»

Un toxicómano encerrado en un piso fortificado vendía drogas a cambio de sus dosis y comida

15.07.2010 | 03:16
Imagen de una redada realizada en la barriada malagueña de la Palmilla.

Que la barriada de la Palmilla es uno de los puntos de venta de droga más calientes de la capital no es ninguna novedad. Ni siquiera lo es que muchos de los pisos francos en los que se desarrolla esta actividad sean auténticos búnkeres que los narcos preparan a conciencia para dificultar las periódicas visitas de la policía. Aunque los agentes del Grupo de Estupefacientes no suelen sorprenderse por nada en sus registros, sí que lo hicieron recientemente, cuando consiguieron entrar en un piso franco 45 minutos después de un arduo trabajo.

Con una orden de registro en la mano, los agentes se presentaban en el primer piso de un bloque de la Palmilla. En el interior de la misma, un individuo mostraba pocas intenciones de abrir la puerta. El trabajo pasaba entonces al Grupo de Operaciones Especiales (GOES) de la Policía Nacional de Málaga. Por delante tenían dos puertas blindadas último modelo contra las que lucharon incansablemente durante tres cuartos de hora. Valoradas en 4.000 euros, los agentes utilizaron radiales y máquinas hidráulicas para conseguir su objetivo. Aunque el inquilino tuvo tiempo de sobra para deshacerse de la droga de una forma más segura, finalmente optó por arrojarla por una de las ventanas enrejadas de la vivienda que estaba cubierta por otros agentes.

En total, ochenta papelinas de revuelto (heroína y cocaína) que delataban una actividad que iba más allá de las sospechas. Una vez dentro, la policía comprobaba que el individuo, toxicómano, era un «esclavo» que trabajaba para un conocido clan familiar que se mueve en el barrio. Esa «esclavitud» se traducía en pasar día y noche encerrado en un piso del que no poseía llaves con un único fin. Vender las dosis a los clientes a través de una pequeña ventana, la misma por la que le suministraban la comida. A cambio, los narcos le pagaban con unas dosis para su consumo personal.

Según fuentes policiales, esta es la manera con la que los narcos evitan cualquier contacto directo con la policía, garantizándose una importante fuente de ingresos hasta que llegue el golpe policial. Sin ir más lejos, las mismas fuentes aseguran que días antes de esta actuación realizaron otra en el mismo domicilio. Entonces tiraron una puerta valorada en 2.000 euros. En ambos casos, los agentes se llevaron las puertas. Ahora los narcos tendrán que volver a invertir y llamar al carpintero.

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