14 de marzo de 2012
14.03.2012
Suciedad en el Guadalmedina

El puerto asegura que no es responsable del hedor

La Autoridad Portuaria insiste en que el estado del cauce "en ningún caso" se debe a las obras de los muelles

14.03.2012 | 06:00
Una garza se posa en un neumático en la zona manchada del cauce.

La Autoridad Portuaria negó ayer cualquier tipo de responsabilidad en la formación de la capa de cieno y barro que desde hace varios días se extiende por el cauce seco del río Guadalmedina, en pleno centro de Málaga. Según Enrique Linde, presidente de la institución, el puerto no tiene nada que ver con el origen del problema, agravado recientemente por la bajada de la marea y el aumento de las temperaturas, que multiplican el mal olor.

De acuerdo con el Ayuntamiento, la suciedad responde indirectamente a las transformaciones urbanísticas del puerto, que, en su opinión, han obliterado la salida de las corrientes y la limpieza natural del itinerario del Guadalmedina. Especialmente, en lo que respecta a la prolongación de los muelles. Un extremo que la Autoridad Portuaria recusa tajantemente. «Todas las obras se han hecho con la declaración favorable de impacto ambiental y en ningún caso el Ayuntamiento ni Emasa se han comunicado con nosotros para realizar observaciones», sentenció Linde.

El responsable de la gobernanza del puerto aseguró «no entender» las acusaciones del Consistorio, ya que, abundó, las obras que podían haber tenido algún tipo de injerencia en el trazado de Guadalmedina se terminaron en 2004, y, además, con todos los controles de seguridad pertinentes. Desde entonces, puntualiza Enrique Linde, únicamente se detectó un problema en la zona de San Andrés, que ya fue corregido. «Si ahora se ha dado este caso está claro que el puerto no puede ser responsable», declaró.

En declaraciones a este periódico, el Consistorio aseguró que la capa de suciedad, compuesta por aguas freáticas, lodo y restos de materia orgánica, surge de manera crónica por la falta de fluencia de los conductos. No obstante, es la primera vez que alcanza la envergadura actual, producto de la pleamar y de las recientes operaciones de limpieza de la presa de El Limonero.

Según Emasa, la retirada del material resulta especialmente dificultosa por las características topográficas del terreno, que presenta una gran escollera, lo que imposibilita la introducción de maquinaria pesada en el entorno. De momento, la suciedad, espoleada por la ausencia de lluvias, se mantiene en los extremos del cauce, algunos de ellos de proyección turística, como el que comunica directamente con el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) de Málaga. Quién sabe si hasta que suba la marea.

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