29 de junio de 2014
29.06.2014
Inmigrantes

Desahuciados y sin empleo

La crisis ha dejado sin trabajo a cientos de inmigrantes pero también sin ayudas públicas para la búsqueda de trabajo

28.06.2014 | 19:34
Desahuciados y sin empleo

Los datos no son nuevos y a nadie extraña que hoy día se hable del agravamiento de la pobreza. Los pobres cada vez lo son más y dentro de este colectivo tan vulnerable se encuentra el de la población inmigrante.

En Málaga hay censados más de 52.000 extranjeros, aunque la cifra es superior a causa de que muchos viven en situación irregular o, simplemente, no figuran en el padrón municipal. Este colectivo se ha visto especialmente afectado por la crisis, pues cubrían numerosos puestos de trabajo que se han eliminado a raíz de la situación económica. Muchos del sector de la construcción, servicios y también dentro del empleo doméstico, que se ha reducido notablemente a causa de las mala situación económica de quienes contaban con su trabajo.

Pero la población inmigrante es una doble víctima de la crisis, pues además de padecer sus envites, sufre otro tipo de consecuencias. Según Málaga Acoge, desde hace dos años perciben cómo las oficinas de empleo del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) los redirigen a entidades privadas como ellos cuando se quedan en el paro.

Cuando una persona se queda parada puede acudir a programas de orientación para saber cómo enfocar su búsqueda de empleo y acceder a distintos cursos de formación. Pero según denuncia el director de Málaga Acoge, Alejandro Cortina, han sido muchos los inmigrantes que se han dirigido a la asociación pidiendo esa orientación que ha de darles el SAE.

«Esto reduce dramáticamente sus posibilidades de lograr un empleo», señala Cortina, que critica que este itinerario de orientación laboral apenas atiende a extranjeros extracomunitarios.

Según datos del Observatorio Argos de la Consejería de Empleo, las cifras de personas inmigrantes registradas como demandantes de empleo en las oficinas del SAE que han sido beneficiarias de un Itinerario Personalizado de Inserción ha descendido de manera notable en los últimos años. Este tipo de itinerario se incluye en procesos de apoyo para la búsqueda de empleo desde alguno de los recursos públicos del SAE o dentro de sus programas vinculados, como los que ofrece Andalucía Orienta.

«Se constata que, a pesar de lo discursos, el número de personas que se benefician de esta línea fundamental de la políticas activas de empleo se ha reducido en Andalucía y en Málaga de forma muy importante en los últimos tres años: un 57% de personas menos en Andalucía y un 50% menos en Málaga», señala el director de Málaga Acoge, que explica que la reducción de este colectivo en estos planes de orientación es alarmante, pues lo tienen aún más complicado para encontrar un empleo.

Así, enfatiza: las personas extranjeras –tanto las comunitarias como las no comunitarias– beneficiarias de los Itinerarios Personalizados de Inserción han descendido en un 74% en Andalucía y un 78% en Málaga en el periodo 2010-2013.

Aunque la lectura más fácil pueda ser pensar en que muchos de los inmigrantes se han vuelto a sus países de origen, ellos perciben justo lo contrario. Quizás sí lo han hecho muchos de países de América Latina, pero en Málaga Acoge, donde atienden a inmigrantes de África y Marruecos no han visto esto, sino todo lo contrario.

Cortina achaca esta reducción en atenciones al descenso en presupuestos, aunque critica que en esta reducción de fondos la administración no considere cómo estos pueden afectar a los colectivos en situación más vulnerable. «Unas políticas públicas que no pongan su foco en la atención a las personas más vulnerables ni son políticas ni son públicas ni son fuertes», arguye.

Asimismo, insiste en que aunque Málaga Acoge tiene como objetivo acoger a estos colectivos su labor no debe equipararse en ningún caso a la de una administración pública. Según afirma, en 2013 atendieron a más de 700 personas inmigrantes en los distintos proyectos de empleo con los que cuentan. «Ese mismo año, apenas 1.043 personas extranjeras realizaron Itinerarios Personalizados de Inserción en los recursos del SAE de toda la provincia. En nuestra opinión, esta situación no se puede dar, una administración no puede retirarse de sus obligaciones», dijo.
Aunque Cortina no quiere hablar de discriminación, sí lo hace de mala práctica. «Algo está pasando para que el número de personas inmigrantes disminuya. Y no es porque se estén yendo», aclaró.

De este modo, recuerda que al margen de estos inmigrantes con derecho a prestación y ayudas, hay muchos otros que nunca han estado dados de alta por lo que la carencia de recursos los sitúa aún más lejos de la normalización. «Vemos que se le van reduciendo las opciones y que cada vez tienen más dificultades para acceder a trámites burocráticos y a rentas de inserción», señaló. Pero a esto hay que sumar la revocación de los permisos de trabajo, que está dejando a muchos inmigrantes en situación irregular ante la falta de empleo.

«Si en las familias alguno de los miembros pierde su situación administrativa regular por pérdida de empleo, se dificultan las ayudas como el salario social. Eso afecta a tu círculo familiar, a ayudas como las becas del comedor del colegio y, en definitiva, a ayudas que sirven para proteger el bienestar de los menores», destacó.

Por eso, para solventar esta situación, desde Málaga Acoge abogan por que el conjunto de las administraciones atienda en todas sus políticas a este sector, pues muchas son personas que llevan más de 20 años en Málaga y, por tanto, son tan de Málaga como los nacidos aquí.

Por eso, Cortina pide que, además de acceder a políticas de empleo para normalizar su situación, estos inmigrantes puedan acceder a la vivienda, un tema básico y de derecho. «Las personas en riesgo de exclusión social tienen derecho también a tener una vivienda digna», señaló el responsable de Málaga Acoge, que alertó de que ellos colaboran con dos pisos para personas inmigrantes sin recursos.

Los usuarios llegan a estos pisos derivados desde la Puerta Única, dentro de la Agrupación de Desarrollo para Personas Sin Hogar, que en 2013 atendió a más de 1.500 personas. Los inquilinos comparten vivienda y están un máximo de seis meses, aunque en ocasiones se prorroga según la situación de cada uno de ellos. En 2013, pasaron por los pisos 29 personas –el 41% mujeres–. Del total, 19 eran adultos y 10 menores.
Alejandro Cortina alerta de que sus pisos son sólo una mínima parte de lo que necesita el sistema. «Son para los casos más dramáticos, debería existir un abanico de opciones y distintas formas de vivienda con apoyo e intervención pública decidida en ese terreno», alertó.

Y es que los pisos de los que dispone Málaga Acoge, con los que cuentan desde hace unos ocho años, han dado hogar a todo tipo de perfiles. Desde personas que arreglaban su situación administrativa hasta casos de situación de trata. En definitiva, vidas vulnerables en las que se prioriza a las mujeres con hijos a su cargo y a jóvenes extutelados recién salidos de los recursos de la Junta al cumplir la mayoría de edad.
Una de las trabajadoras sociales de la entidad, Carmen López, señala que todos los usuarios de estos recursos viven en estas casas a la espera de lograr un empleo y poder alquilar un piso. «No suelen volverse a sus países porque para ellos supone un fracaso. Además, la mayoría tiene su vida aquí», señala.

En la actualidad, más de 35 familias esperan para entrar en uno de estos pisos, donde todos hacen una piña y se sienten una familia. Aunque Málaga Acoge tiene unas normas y se pone faltas a quienes las incumplen, el clima suele ser positivo. En ambos pisos suele haber niños, por lo que no hay lugar para el aburrimiento.

"Mi sueño es ser camarera de piso"
Stella. 32 años. Nigeria

Esta joven africana lleva tres años en España tras un tiempo en Marruecos. Ahora vive en un piso de acogida junto a sus dos hijos, de siete y seis años, que le recuerdan día a día la alegría de vivir. Esta joven pidió el asilo político y tras pasar por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, en cuyas instalaciones vivió nueve meses, desde que llegó a Málaga Acoge se ha formado como camarera de piso, una profesión de la que espera vivir para normalizar su situación. "Es mi sueño", asegura.

"Pasé mucho miedo en aquel camión"
Ayoub. 19 años. Kenitras

Es uno de los cientos de jóvenes que cada año cruzan a España para lograr una vida mejor. Lo hizo hace cuatro años, cuando aún tenía 14 años, en los bajos de un camión. "Pasé mucho miedo", reconoce. En Algeciras se apeó del vehículo y se fue rumbo a Bilbao. Allí estuvo con unos paisanos, pero acabó en el centro de menores vasco, donde estuvo siete meses. Después vino a Málaga, al centro de menores de San Pedro Alcántara, donde estuvo nueve meses y de ahí al de Álora, donde vivió los dos últimos años bajo la tutela de la Junta de Andalucía. Fue a su país de visita, pero decidió volver a España. Gracias a Málaga Acoge vive en un piso con personas en circustancias similares y se ha sacado un título de camarero. Ahora trabaja los fines de semana en un restaurante cumpliendo su sueño.

"Quiero una casa para mi familia"
Mariam. 26 años. Casablanca

Madre de un niño de dos años, esta mujer de origen marroquí vive acogida en instalaciones de Málaga Acoge mientras encuentra trabajo como camarera de piso. Está aprendiendo español y su deseo es tener una casa para que su familia viva junta. Vino a España desde Italia, donde ella y su marido habían trabajado seis años. Pero una promesa de trabajo y vivienda los trasladó hasta Marbella, aunque no fructificó y ahora trata de buscar una nueva oportunidad en España con su familia.

"Tengo miedo de quedarme en la calle"
Mohamed. 53 años. Tetuán

Lleva en España 27 años y hasta hace tres años nunca le faltó el trabajo. Marinero de profesión, este hombre llegó a España para poder trabajar en el mar. Desde 2011 no ha tenido trabajo y vive con la esperanza de recibir una llamada, pues ha agotado todas las prestaciones y tiene miedo de quedarse en la calle. Tras alojarse en el Albergue Municipal llegó a la puerta única, donde le dieron una plaza para un piso de acogida. "Estoy muy contento, en el piso somos como una familia", cuenta el hombre, que no quiere volver a su país.

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