26 de octubre de 2014
26.10.2014
Memorias de Málaga

Las diferencias con Sevilla

Un repaso irónico a las diferencias entre Málaga y la capital andaluza, así como la especial relación que existe entre las dos ciudades

26.10.2014 | 05:00
Una turista fotografía la portada de la Feria de Abril de Sevilla en 2009.

Un alcalde de la ciudad de Sevilla cometió un desliz que resultó molesto para los malagueños. Dijo que Málaga nunca tendrá lo que tiene Sevilla. Por supuesto que no. Nadie lo pone en duda.

Málaga nunca tendrá una catedral como la Giralda (tenemos una catedral manca o no terminada); nunca tendrá una Torre del Oro (que no es de oro aunque tenga un brillo que le da ese tono áureo); nunca tendrá un río Guadalquivir (tenemos un Guadalmedina seco pero que llevamos cinco siglos debatiendo si lo dejamos como está o lo resecamos del todo y ponemos pistas de pádel para que nuevas generaciones de padelistas lleguen a proclamarse campeones del mundo, como Carolina Navarro, una malagueña que cada año revalida el título); nunca tendrá un parque María Luisa pero tenemos uno con una flora única en el sur de Europa, aparte los Jardines de la Concepción; nunca tendrá ese calorcito de julio y agosto que tanto gusta a los sevillano, pero tenemos un terral autóctono para los que gusten pasar calor; nunca tendrá la romería al Rocío, que no es de Sevilla, sino de Huelva, pero que parece parida por los sevillanos; nunca tendrá las playas de Punta Umbría (que son de Huelva) para disfrutar de los baños del mar, pero tenemos a la puerta de la casa un pequeño mar, el Mare Nostrum, más conocido por Mediterráneo, con sus olitas y medusas a los que poéticamente llamamos «agua cuajada» (agua cuajá, como decimos en estos lares) y que pican lo suyo y lo nuestro; nunca tendrá los seises que bailan en la Catedral de Sevilla pero los tuvimos desde 1576 hasta 1878 que los suprimimos porque eso de que bailen los monaguillos ante el altar mayor no gustaba mucho a la gente; nunca tendrá Málaga las ruinas de Itálica pero tiene un teatrillo romano que está en medio de la ciudad; nunca tendrá la plaza de toros de La Maestranza, pero tenemos La Malagueta que hace el avío; nunca tendrá una Semana Santa con costaleros y la madrugá, pero tenemos otra Semana Santa con pasos llevados por hombres de trono, y según un libro de texto para primaria, de la editorial Vicens Vives, dice que celebramos el Domingo de Ramos una romería donde se canta y se baila con verdiales, y para que no falte de nada, ¡hasta tenemos procesiones en julio y agosto!; nunca tendrá unas sevillanas para cantar y bailar aunque su origen, no lo olvidemos, está en las seguidillas castellanas, pero tenemos las malagueñas que son autóctonas y los verdiales, un cante y baile de los Montes de Málaga que se diferencian totalmente del folclore andaluz-flamenco; nunca será la capital de Andalucía ni tendremos un parlamento de cientos o miles de empleados y funcionarios que trabajan en Sevilla para la Junta de Andalucía, aunque tenemos varios miles de técnicos y trabajadores especializados en empresas instaladas en el Parque Tecnológico investigando para Málaga, Andalucía, España y el resto del mundo...

Los museos No quiero insistir en lo que tenemos y no tenemos porque se nos antoja puro catetismo. Sevilla es una gran ciudad con edificios, calles, avenidas, plazas, barrios típicos, plaza de toros, museos, teatros y mil cosas más dignas de ver, admirar, contemplar, fotografíar..., aunque el termómetro marque a veces 45 grados a la sombra.

En Málaga tenemos los museos Picasso, Thyssen, Artes y Costumbres populares, Vino, Vidrio, Alborania Aula del Mar, Victoria, el del Patrimonio Municipal, Arte Contemporáneo, Taurino, Antonio Ordóñez, del Automóvil, el Diocesano, Revello de Toro, la Casa Natal de Picasso, los particulares de cada cofradía de Semana Santa, el Interactivo de Instrumentos Musicales y otras cosas más sin presumir ni intentar competir ni comparar con nadie.

¡Ah! Y tenemos un Cementerio inglés que los turistas e indígenas visitamos de ¡noche! Hala, a pasarlo bien con los mausoleos, tumbas y lápidas de personajes de la historia de Málaga aunque muchos de ellos nacidos en otras tierras, como los alemanes de la fragata Gneisenau, Jorge Guillén..., y otros que vinieron del extranjero, se quedaron en Málaga y pidieron ser enterrados en el romántico Cementerio inglés que es un bello rincón donde esperar la resurrección.

Y cuando el Gobierno de turno se decida, Málaga tendrá un Museo de Bellas Artes en un gran edificio remodelado en su interior para este menester, y si la Junta de Andalucía se decide por fin, un Museo Arqueológico en la Trinidad y el metro. También están en marcha un segundo Museo Taurino y el Pompidou en el cubo del puerto. ¡Ah! Y Málaga pertenece al grupo de Smart Cities, que no sé lo que es exactamente porque está en inglés y es algo como «ciudad inteligente». Cazí ná, quiyu.

Pero a veces, los sevillanos, como los malagueños, los navarros y los vallisoletanos, nos pasamos de rosca al defender lo nuestro; lo que no parece correcto es ensalzar lo propio y desdeñar al resto.

Amoniaco Español No me resisto a contar lo que sucedió hace bastantes años, cuando se inauguró la factoría de Amoniaco Español, en aquellos momentos la más moderna fábrica de abonos nitrogenados de toda España.

Fue una fábrica modelo y recuerdo un gran cartel colocado a la entrada de la factoría en el que rezaba una información diaria sobre los accidentes laborales. Llegó, si la memoria no me falla, a más de doscientos días sin que se registrara ningún accidente laboral. Tal era la organización y preparación del personal para evitar accidentes laborales, una plaga que en lugar de remitir está en permanente expansión.

Pues bien, don Luis Castellanos, ingeniero director de Amoniaco Español, que tenía la gentileza de invitar todos los años a los periodistas malagueños a un almuerzo en Antonio Martín, el principal de la época, nos contó, entre los cientos o miles de anécdotas de su vida y de la factoría que dirigía, lo que le sucedió en Sevilla días antes de la inauguración de la fábrica de Málaga.

Se había trasladado a Sevilla para, en una rueda informativa, dar cuenta de la importancia de los abonos que se estaban fabricando en Málaga y su distribución por toda Andalucía.

Uno de los periodistas (yo lo conocía porque colaborábamos en una misma revista que se editaba en Madrid), al llegar el turno de preguntas y respuestas, le formuló una a don Luis Castellanos al que le dejó sorprendido: «¿Por qué se ha montado la fábrica en Málaga y no en Sevilla?»

El aludido le respondió más o menos: «Porque Málaga tiene puerto de mar, muy importante para la exportación de nuestros productos; porque tiene un aeropuerto internacional que nos permite viajar y recibir clientes de toda España y el mundo, porque tiene un potencial hotelero único a lo largo de toda la costa; porque la Costa del Sol es un punto de referencia mundial; porque el clima es excepcional; porque es una ciudad abierta donde nadie se siente extraño...»

Sevillanos y andaluces Deambula por ahí un político sevillano cuyo nombre omito para no hacerle propaganda electoral, porque en España siempre estamos en campaña electoral y la difusión de su nombre puede beneficiarle o no, que en unas declaraciones en un medio informativo, comentaba la discriminación que sufren los sevillanos y andaluces en las oposiciones que se convocan en Cataluña, Galicia y provincias vascas..., por no saber catalán, gallego o vascuence. Y lo repitió dos veces en el curso de las declaraciones: sevillanos y andaluces.

Oiga, ¿es que los sevillanos no son andaluces? Y además, la capital de Andalucía es Sevilla ¿o no?

Las tortas Inés Rosales Un familiar mío, que vivió varios años en Canadá, un día, en el supermercado que frecuentaba, descubrió en una estantería o expositor tortas ¡Inés Rosales!, sí, las elaboradas en Castilleja de la Cuesta, provincia de Sevilla. Sintió una gran alegría al comprobar que un producto español, sevillano en este caso, hubiera llegado tan lejos y por las trazas debía venderse bien. Ella, malagueña como yo, lo celebró como si se hubiera fabricado en Málaga. No se le pasó por la imaginación que hubiera disfrutado más si en lugar de Sevilla el producto se hubiera elaborado en Málaga.

Una alegría similar, salvando las distancias, sintió el autor de estas líneas cuando en un café de La Laguna, ciudad de la isla de Tenerife, descubrió varias botellas de anís El Tajo, elaborado en Ronda. Hasta me atreví a interesarme por su presencia porque anís seco y dulce se elabora en muchísimas ciudades españolas, con marcas muy acreditadas y famosas. El dueño del establecimiento me informó que desde hacía años su clientela pedía anís El Tajo, y como tiene una clientela fiel, pues eso, anís El Tajo para satisfacer al personal.

¡Ah! En Málaga nunca tendremos a los Morancos de Triana, pero tenemos a Chiquito de la Calzá. Y hasta luego, Lucas.


*Guillermo Jiménez Smerdou es exredactor de Radio Nacional de España y premios Ondas

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