Que el comercio tradicional malagueño se encuentra en peligro de extinción es una realidad más que evidente. Atrás quedaron los días en que los negocios locales eran el motor de la ciudad. El paso de los años ha hecho que estos se hayan visto desplazados por las grandes franquicias.

Málaga se ha convertido en uno de los destinos más reclamados por los turistas lo que ha provocado un resurgir de la ciudad creándose un sinfín de infraestructuras en el centro y que, como consecuencia, se incremente el precio de alquiler de los locales.

Este aumento, sobre todo en la zona centro, ha supuesto que los comerciantes se hayan visto obligados a cerrar sus negocios al no poder hacer frente a las facturas. Enrique Gil, expresidente de la Federación de Comercio de Málaga (Fecoma) afirmó que esta subida provoca que los comercios se vean fuera de las zonas céntricas: «Nos están echando del centro, lo único que nos queda es estar en calles pequeñas».

Gil alega que el alto valor de los inmuebles se produce porque «el Ayuntamiento promueve actividades comerciales sólo en el centro y esto provoca que aumenten los precios», provocando así la estampida de comercios autóctonos. «El comercio tradicional se ve fuera de esta zona porque no podemos abordar los costos», reclamó.

Para los comerciantes el apoyo institucional «es casi inexistente». El expresidente de Fecoma recalcó que «no hay regulación por parte de la Administración» y califica la política actual como «errónea. El Ayuntamiento, lejos de realizar ayudas lleva a cabo una dinamización comercial, hace acciones comerciales enmascaradas con la idea de que son turísticas», aseguró Gil.

Otro de los problemas que existen son la falta de organización de ciertas actividades comerciales, como por ejemplo el encendido de luces navideñas en la calle Larios. Este tema ya fue denunciado por los comerciantes de la zona el pasado mes de diciembre en que denunciaban que la concentración masiva de personas provocaba la llamada masiva para ver el espectáculo, olvidándose así de entrar en las tiendas.

Según Gil, ante estos conflictos, tanto comerciantes como sindicatos han solicitado al Ayuntamiento «varias veces» la constitución de la mesa de comercio. Además recalcó que «se ha enviado una nota reivindicativa para convocar esta mesa» y así debatir estas cuestiones que afectan al comercio local malagueño pero se «está haciendo caso omiso», afirma Gil.

Hace un par de meses ciertas zonas como la calle Andrés Pérez vieron una notable mejora ya que se han instalado nuevos comercios especializados. Para Enrique Gil esto se trata de una estrategia política que «enriquece a unos pocos y perjudica otros», además denunció que estas actividades comerciales solo se lleven a cabo en la zona céntrica y no en otros barrios como El Palo o Camino de Suárez.

Adaptarse a los nuevos tiempos

La tecnología ha afectado también a los pequeños negocios tradicionales que se han visto ante la necesidad de adaptarse o morir. «Con internet no podemos competir» afirmó Carmen Portillo, propietaria de la cerería Zalo. Esta tienda se encuentra en la pequeña y transitada calle Santa María y está regentada desde hace más de 30 años por Carmen y su familia. Para ella el principal problema al que se tienen que enfrentar ahora los negocios tradicionales es la irrupción de internet: «Nosotros estamos intentando adaptarnos, algo tenemos que hacer para mantenernos aquí».

Hay quienes han vivido la época dorada del comercio local como Antonio Mateos. El negocio lo fundó en 1938 su abuelo en la calle Liborio García. Las franquicias le desplazaron dos calles más abajo, a la calle Esparteros, y desde 1995 Antonio regenta la Librería Anticuaria Antonio Mateos. Aunque calificó su situación laboral como buena, tiene una visión pesimista sobre el futuro del comercio tradicional: «No creo que haya solución», afirmó. Mateos coincidió con el resto de comerciantes y resaltó que «los pequeños comercios no existimos ni para el Ayuntamiento ni para la Administración».

El futuro de los comercios es incierto. En este ambiente de desilusión son pocos los optimistas. El sentimiento de abandono es generalizado y todos reclaman una solución. Pero hay quien sí ve el futuro con ilusión como Carmen, en su caso la cerería Zalo pasará a su hijo que perpetuará el negocio, pero también hizo autocrítica y dijo que «siempre hay forma de mejorar». Con tono más positivo Gil asegura que «la única forma de combatir que tenemos los comercios somos nosotros, nuestros productos y nuestro saber hacer».