16 de mayo de 2020
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Actualizado: 17-5-20 11:03h
Clases online

La ansiedad estudiantil ante la docencia virtual

Cuando el 14 de marzo se decretó el Estado de Alarma, estudiantes y profesores comenzaron a desarrollar un inusual tipo de educación que les permitiera no perder el final del curso - Para los alumnos, las alternativas educativas elegidas se han traducido en un mayor volumen de trabajo, estrés y ansiedad

16.05.2020 | 05:00
Los estudiantes experimentan altos niveles de estrés.

Los alumnos malagueños experimentan altos niveles de estrés ante el incremento en el número de trabajos debido a la enseñanza telemática.

«No estaba tan agobiada desde Selectividad. Ha habido días que he dormido cinco horas», confiesa Irene, estudiante del Grado de Traducción e Interpretación. Esta universitaria ha tenido que adaptarse, en cuestión de dos meses, a un improvisado sistema educativo que se ha caracterizado por sus fallas. Al igual que ella, miles de estudiantes malagueños están llevando a cabo el final de este curso escolar vía telemática. «El número de horas que estoy pasando delante del ordenador es abusivo», asevera Gabriel Ortega, estudiante de Animación Sociocultural y Turística.

Profesores y alumnos tuvieron que librar, al declararse el Estado de Alarma, una carrera a contrarreloj para buscar una alternativa a las clases presenciales que les permitiera finalizar el tercer trimestre de su docencia. Para algunos alumnos, esta adaptación ha sido decepcionante: «No he recibido ni una clase, suben una presentación con un audio o nos envían textos o películas para que hagamos una reflexión», relata Marina, estudiante del Máster de Innovación en Comunicación.

Si por algo se ha caracterizado la novedosa enseñanza online, además de por las clases a través de videollamadas, ha sido por la exigencia de numerosos trabajos, en sustitución de otro tipo de evaluación. De este modo, los estudiantes malagueños aseguran que han tenido que hacer frente a un volumen de trabajo mucho mayor que el que tenían antes de este estado: «Parece que se han puesto de acuerdo para mandarnos el doble de trabajo que teníamos con las clases presenciales», denuncia Irene. En esta misma línea, Alicia, estudiante de Animación Sociocultural y Turismo, se queja de la falta de coordinación entre el profesorado y de la «falta de tiempo para hacer actividades gratificantes».

En este punto es dónde entran en escena las consecuencias generadas de un estado que ha limitado la realidad a una sola, la de estar encerrados en casa. De ahí derivan los estados de ansiedad y frustración del que se quejan una gran cantidad de estudiantes. «Tenía que pasarme 24 horas delante de un ordenador pensando en todo lo que estaba pasando fuera», explica Marina, que relata lo frustrante de «estar mañana y tarde pegada a un ordenador, viendo los días pasar, mientras la lista de tareas pendientes no para de crecer».

Ahora, los estudiantes malagueños se enfrentan a la recta final del año escolar y el estrés se palpa en el ambiente. Exámenes finales y entregas de Trabajos de Fin de Grado en las que, en algunos casos, la falta de información contribuye a incrementar el estado de ansiedad del alumnado, en un periodo estudiantil, ya de por sí, convulso.

Ante este inusual final de curso, en el otro lado de la balanza, algunos estudiantes optan por una filosofía más liviana: «Estamos en mitad de una pandemia, hay cosas más importantes que suspender», ironiza Irene. Para esta estudiante, la clave para poder sobrellevar esta situación ha sido «ser más flexible conmigo misma. Es una situación que no es normal, ni para alumnos ni para profesores, es normal que el rendimiento no sea el mismo».


Oposiciones


Los alumnos que se preparan para optar a algún tipo de oposición también han visto afectado el desarrollo de sus estudios. Al igual que el resto de estudiantes, los opositores han sido obligados a limitar su docencia a la intimidad de su casa. «No es lo mismo estudiar temas y temas desde un ordenador», relata Belinda, estudiante de oposiciones para Policía Nacional.

Como ella, muchos opositores han tenido que hacer frente al pago de academias, obligadas también a limitar su enseñanza a las clases online. «Puedes preguntar dudas y tal pero no es lo mismo», explica. Para ella las clases presenciales suponían una gran distracción, ahora confiesa sentirse saturada: «No he hecho otra cosa, durante los siete días a la semana de estos dos meses, que no sea estudiar».

A este tipo de sensaciones se suma la incertidumbre por el futuro de las convocatorias de oposiciones. En la jornada de ayer, la ministra de Política Territorial y Función Pública, Carolina Darias, anunció un nuevo aplazamiento en la celebración de pruebas selectivas presenciales. Esta prórroga se realizará durante «el tiempo que resulte imprescindible», aseguró Darias.

De este modo, los estudiantes que tuvieran pensado presentarse a un proceso selectivo deberán posponer esta idea. Lo que para algunos se traduce en un mayor tiempo para estudiar, para otros «supone más tiempo estudiando y la acumulación de un mayor número de personas que competirán contigo, al final te vienes abajo», confiesa Belinda.

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