29 de mayo de 2020
29.05.2020
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Actualizado: 03-6-20 17:31h
Crónicas de la ciudad

De la enseñanza de las lenguas españolas

El Instituto Cervantes ha seguido esta semana la senda marcada hace 45 años por un veterano abulense residente en Málaga que hizo historia en Dublín

29.05.2020 | 05:00
En la foto de archivo José Antonio Sierra, en su casa de Málaga, rodeado de libros y diccionarios.

En Francia, la irrupción de la Revolución Francesa no sólo acabó con el antiguo régimen, también con las lenguas regionales. La implantación forzosa del francés terminó por casi hacer desaparecer el bretón, el occitano, el catalán, el vasco... en suma, las otras lenguas francesas cargadas de historia, cultura y belleza.

En España, este exterminio cultural no se llevó a cabo pero, para nuestra desgracia, tras la llegada de la Democracia los partidos nacionalistas más carpetovetónicos terminaron empleando las lenguas oficiales distintas al castellano como arietes para sus fines políticos y, a la vez, como murallas para marcar los límites del cortijo...o habría que decir el pazo, el caserío o la masía.

De este modo, nacieron expresiones más falsas que un duro de corcho como 'lengua propia', que es un despropósito para cualquier lingüista, pero muy útil para cualquier aspirante a jefe de la tribu.

Por eso, hay que saludar con alborozo una iniciativa que esta semana se repite, 45 años después, pues el pionero fue un abulense residente en Málaga que la llevó a cabo nada menos que en 1975.

Hablamos del acuerdo que acaba de suscribir el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, con los respectivos responsables de los organismos que promocionan la lengua catalana (Institut Ramón Llul), la vasca (Etxepare Euskal Institutua) y la gallega (Consello da Cultura Galega).

El acuerdo es de colaboración entre las cuatro entidades y de promoción de las lenguas oficiales españolas.

Suena increíble pero hasta la fecha no se había producido un acuerdo de este tipo, aunque sí iniciativas parecidas. Porque como alguna vez ha informado La Opinión, el abulense José Antonio Sierra, vecino desde hace muchos años de Málaga, puso en marcha en 1971 el Instituto Cultural de Español de Dublín, antecesor del Instituto Cervantes (así se llamaría a partir de 1992).

Llamativo es que en el último año de vida de Franco, en el 75, esta institución ya ofreciera cursos de catalán, gallego y euskera en su programa académico, aparte del castellano.

Instalado desde hace muchos años en la zona de La Misericordia, José Antonio Sierra pelea desde hace lustros porque en las escuelas de idiomas de Andalucía se puedan estudiar las lenguas oficiales de España, siempre que haya demanda. Si algún malagueño pretende irse a vivir a Barcelona, Valencia, Bilbao o La Coruña, desde luego le sería muy útil.

El acuerdo de esta semana, del que José Antonio fue pionero en Irlanda, abre una puerta a la esperanza para que las lenguas de España sean conocidas y queridas por todos, sin la contaminación interesada de tanto político primario y patriotero, que si por ellos fuera emplearían las obras de Ausias March, Quevedo, Gabriel Aresti o Rosalía de Castro para golpear al contrario en la cabeza.

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