«Me duele que se recuerde a mi madre como un número. La 25 de 2021, la 1.003 desde 2003. Ha hecho mucho bien y tiene nombre y apellidos». Cuando Juanjo Rico, de 19 años, pronuncia estas palabras han pasado exactamente cuatro meses del asesinato de su madre, María de los Ángeles Guerrero, con 46 años, criada en el barrio de El Bulto. « Era una mujer trabajadora, de sonrisa preciosa, que consiguió sacar su casa y sus dos hijos adelante sola».

El pasado 15 de julio, su expareja la esperó a las puertas del Colegio San Manuel, donde trabaja como cocinera y al cuidado de las monjas de las Hijas de la Caridad de Málaga. A las nueve de la mañana se acercó a ella, le pegó un tiro con una escopeta y seguidamente se suicidó con el mismo arma.

Ese día, cuenta Juanjo, el día en que su madre «se puso las alas», ella le salvó la vida. «La noche de antes yo le digo a mi madre que me despierte porque tenía que ir a Correos a por su regalo de cumpleaños, que no le terminé de dar. Ese día, no sé qué ocurre, mi madre no me despierta». Su plan era recoger el paquete, ir a la peluquería, arreglarse y esperar al mediodía a que su madre volviese a casa del trabajo para celebrar su cumpleaños, pero ese olvido hizo que no estuviera en la calle.

«Él no llevaba la escopeta cargada con dos cartuchos, llevaba cinco. Si hubiera estado su hijo, mi mujer, yo o cualquiera podría haber hecho una masacre. Él estaba dispuesto a hacer todo eso», explica Antonio Ramírez, tío de Juanjo y marido de una de las tres hermanas de Mari Ángeles.

«Llevándose a mi madre, lo único que quería era infligir daño sobre nosotros, mi hermana, mi familia y yo, era lo único que buscaba. Porque una persona que te quiere no hace eso», denuncia Juanjo con la voz endurecida.

Antes de tomar la decisión de dejarlo, Mari Ángeles, que estaba divorciada desde hacía años, sufrió una relación de control, machismo y enfrentamientos con sus dos hijos, además de asumir todos sus gastos ya que él no trabajaba. «Una mujer no puede fumar, era una chica de mala vida aquella que tenía tatuajes, que adónde iba mi madre con unos leggins si iba a comprar, eso es solo para correr... no le gustaban los animales y echó a mi perro a la calle. A día de hoy no sé dónde está. Consiguió echar a mi hermana de casa y ahora iba a por mí».

Fue ahí cuando Mari Ángeles tuvo «un rayo de luz» y decidió poner fin a la relación. « Ella sí lo deja pero él no», así resume su hijos los dos meses de acoso continuo que vivieron antes de que decidiera matarla. La acechaba en el portal de la casa, la acompañaba a la entrada y la salida del trabajo, la llamaba de madrugada... una situación en la que Juanjo se había planteado denunciarlo. «Su frase fue ‘si no es para mí, no va a ser para ti’».

Cuatro meses después

«Cuando llegas a tu casa y te dices ‘¿dónde está mi madre?’, ahí es cuando te das cuenta de la verdadera situación, no cuando están todos los policías, tu familia… cuando llegas a tu casa», comparte el hijo pequeño de Mari Ángeles. «Te quedas destrozado, es que tu madre no ha muerto, la han matado».

La realidad cayó a plomo sobre los hombros de Juanjo quien, al igual que toda su familia, está en tratamiento psicológico y hace poco que dejó los antidepresivos.

Después de ese 15 de julio, se vio huérfano de madre con 18 años, con su FP de carpintería y montaje finalizada pero sin empleo, sin sustento económico y con la hipoteca de una casa (VPO) que no quiere perder.

«Para eso estoy solo porque mi hermana tiene que pagar su casa, papá tengo pero no es una estabilidad y no puedo vivir siempre de la ayuda de mi familia». De manera que afronta cada mes el pago de una hipoteca de 250 euros con la pensión de orfandad de 400 euros y algún que otro trabajo esporádico. «Luego pago luz, agua, gas y comida. Me falta dinero».

«Yo me planteé el desamparo en el que se encontraban ellos, porque el único ingreso económico que había en la unidad familiar era el de la madre», explica Antonio Ramírez, que rememora cómo le sorprendió el inmediato acercamiento del Ayuntamiento de Málaga después de la muerte de Mari Ángeles.

Según Ramírez, primero se puso en contacto el concejal de Igualdad, Francisco Pomares y, poco después, el alcalde Francisco de la Torre, que incluso acompañó a la familia durante el entierro.

«Es cierto que no me prometió nada pero, más o menos, se comprometió a dar una solución, ver cómo podíamos replantear la vivienda que es municipal, la posibilidad de cursos y una posterior incursión en alguna empresa municipal donde él [Juanjo] pudiera entrar… pero hasta hoy».

La familia asegura que después de aquel primer acercamiento y un par de llamadas después, ninguna institución pública se ha dirigido a ellos y no consiguen retomar el contacto con el edil de Igualdad. «Es cierto que mi cuñada, la mayor, pues llama, pero no la atienden. Ya no hay cita, no tiene agenda».

Antonio confiesa que escuchó «indignado» las palabras que el presidente andaluz Juanma Moreno dedicó a las víctimas de la violencia de género en Andalucía y sus familias durante su discurso en la segunda sesión del Debate del Estado de la Comunidad: «No vamos a olvidar nunca a las mujeres asesinadas. Tenemos un compromiso moral con las víctimas y con sus hijos y, desde luego, desde el Gobierno vamos a darlo todo por ellas».

«Queremos hacer constar que no es cierto. No es cierto que se está sobre los hijos de las mujeres asesinadas. Nosotros no tenemos noticias de este control que tienen sobre las familias y los huérfanos de las mujeres asesinadas», insiste Antonio: «Duele que ellos estén en la foto y luego se olviden».

Mari Ángeles, con su madre Cedida por la familia

Reivindicar, siempre

«A mí me hubiera encantado tener una vida normal, ver envejecer a mi madre, irme de casa, trabajar, independizarme...», confiesa Juanjo.

Desde que su madre no está, esos planes han cambiado. Su propósito principal es encontrar un trabajo para poder mantener la casa por la que «luchó» su madre y reivindicar su caso:

«La quiero nombrar siempre. No me quiero callar nunca, no me quiero quedar quieto. Quiero que el caso de mi madre se sepa, que ni ella ni nadie se merecía ese final, y menos por ser mujer y por decidir no amar a alguien».

Oxana Startseva, de 36 años, fue asesinada en agosto

Apenas habían pasado 20 días desde la muerte de Mari Ángeles Guerrero cuando el presidente de la Diputación de Málaga, Francisco Salado, informó de un segundo caso de violencia machista en Málaga.

La víctima era Oxana Startseva, de origen ruso, pero que vivía en España desde hacía años, primero en Granada y después en Málaga, en el Rincón de la Victoria. Tenía 36 años.

El 3 de agosto, la pareja con la que convivía desde hacía tres meses presuntamente le pegó un golpe en la cabeza durante una discusión, acabando con su vida. Después trató de quemar el cuerpo en un descampado de Maro. No constaban denuncias previas por maltrato.

La noche antes de que se produjera el crimen, la Policía Local intervino a la pareja en la calle a las dos de la madrugada, al observar cómo ella se zababa de él cuando intentaba poner su mano en la cintura. Entonces Oxana negó que estuviera sufriendo un caso de maltrato.

El testimonio de un vecino, que vio cómo introducía el cuerpo tapado con una camiseta en el maletero de su coche y el aviso del Servicio de Emergencias sobre la aparición de una hoguera cerca de los barrancos de Maro llevó a la Guardia Civil hasta el asesino, que confesó lo que había hecho y que Oxana era su pareja sentimental.

La magistrada del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Málaga decretó entonces la prisión provisional comunicada y sin fianza para el autor de los hechos.

Según han confirmado fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) a este periódico, el hombre continúa en la cárcel y está siendo investigado por un presunto delito de asesinato. 

«Va a ser inminente su tramitación por la Ley de Jurado, aunque aún no ha acordado a falta de algún trámite previo», detallan estas fuentes.

Este periódico ha tratado ponerse en contacto con la familia o con la defensa de Oxana, que era natural de la ciudad rusa de Volsk, sin éxito. 

Por su parte, la Embajada de Rusia en España afirmó que participó en los trámites de expatriación del cuerpo de Oxana, pero negó mantener el contacto con su familia o con su representación legal.

«Voy a llevar la educación conmigo por bandera»

En este 25 de noviembre, Juanjo asume la importancia de la denuncia previa -en el caso de su madre no la hubo- pero sostiene que la educación sigue siendo la clave para erradicar la violencia de género. «Me decían que era muy importante una denuncia a tiempo porque le hubieran quitado el permiso de armas. Si este ser le quería quitar la vida a mi madre lo iba hacer con una escopeta o de mil formas. La denuncia es muy importante pero más lo es la educación y lo voy a llevar conmigo por bandera.