No; el hecho de que la variante ómicron acumule decenas de mutaciones no la convierte automáticamente en más agresiva o letal; y las vacunas actuales, que se pueden rediseñar con rapidez y facilidad, siguen siendo una de las mejores armas para combatir la pandemia, pero no la única.

La investigadora Isabel Sola despeja ciertas dudas esenciales sobre la nueva variante del coronavirus responsable de la covid, que se ha detectado en Sudáfrica y se ha extendido por al menos medio centenar de países, entre ellos España. Esta experta trabaja en el Centro Nacional de Biotecnología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y codirige el grupo de coronavirus en este centro, donde lidera, junto a Luis Enjuanes, uno de los grupos que busca una vacuna contra el SARS-CoV-2.

Preguntada sobre las decenas de mutaciones de esta nueva variante, con respecto al virus original, y si eran previsibles o no alega: «Que el virus cambie es perfectamente esperable, pero esta variante ha acumulado más mutaciones que otras, y nos preguntamos por qué; se especula con que Sudáfrica es un país donde hay mucha incidencia del Virus de Inmunodeficiencia Humana y muchas personas con un sistema inmunodeficiente. En esas condiciones, el virus ha podido evolucionar más libremente. Con un sistema inmune más potente el virus cambia menos».

Pero la cuestión clave, ¿estamos ante una variante más letal por esa cantidad de mutaciones? «No tiene por qué. Han aparecido más cambios. Eso quiere decir que el virus ha tenido más libertad para cambiar, y esas mutaciones le dan al virus una ventaja. Pero algunas de esas mutaciones pueden ser neutras, y no dar lugar a ningún cambio de comportamiento. Otras pueden, sí, dar lugar a un cambio de comportamientos, pero no tiene por qué ser más virulento; y sería posible incluso que el virus se atenuara y perdiera virulencia. La atenuación es una posibilidad bastante lógica en la evolución de un virus», aclara Isabel Sola.

«Respecto a las medidas de vigilancia y control vigentes, vigilancia epidemiológica, pruebas de diagnóstico, etcétera, debemos decir que de momento la premisa fundamental es la de mantener la precaución. Las medidas no farmacológicas que ya conocemos, mascarilla, higiene, distancia o ventilación, son efectivas frente a cualquier variante», continúa la experta.

Y entran las dudas en cuanto a la vigencia de las vacunas que se han distribuido hasta ahora: «Posiblemente conserven efectividad también. Ahora toca ser precavidos, y conviene mantener la vigilancia para ver cómo se comporta, cómo respira el virus», incide.

Otro aspecto al que arrojar luz: ¿Esta justificada desde el punto de vista científico la reacción de alerta y de alarma que se ha desatado en muchos países ante esta nueva variante? «Sí, porque el virus ha cambiado y hay que saber en qué se traducen esos cambios. Hay que pensar que cualquier cambio que se produce en un virus es porque al virus le viene bien. Se podría pensar, es una posibilidad, que el virus se va a transmitir mejor. Por ahora, y ante eso, cuidado, alerta, y la guardia bien alta».

Eficacia de las vacunas

«Respecto a la eficacia de las vacunas que conocemos, se está ya comprobando en los laboratorios; lo que se hace es coger este virus y enfrentarlo al suero de personas que ya están vacunadas para ver si los anticuerpos que inducen las vacunas siguen neutralizando bien y eliminando al virus. Diría que con las mutaciones que ya tiene el virus podría ser que disminuyera algo la efectividad de las vacunas, pero que no la pierda del todo y sea similar a la que tenemos ahora, pero son conjeturas, porque hay que basarse en los resultados experimentales que ya se están haciendo. Y eso tampoco significaría que las vacunas ya no funcionan, porque la inmunidad son los anticuerpos y más cosas, pero nos darían ya una idea muy buena de cómo puede el virus escapar a la inmunidad que ya tenemos», concluye esta científica.

A renglón seguido le preguntamos, sobre esas posibles estrategias a corto plazo, si cabe plantear un rediseño de las vacunas distribuidas hasta ahora en un margen de poco tiempo, con la opción de poder producirla de forma masiva para cubrir mejor cualquier variante. Esta experta considera que sí es solución: «Son vacunas que se hacen mediante biotecnología y los cambios son relativamente sencillos. Luego está la cuestión de qué van a exigir las agencias reguladoras para este cambio. La formulación de la vacuna de la gripe se cambia cada año sin necesidad de repetir ensayos clínicos. Directamente se reformula y se produce», especifica.

¿Y habría que volver a pasar por las mismas fases de ensayo y procesos para conseguir las mismas autorizaciones que la vacuna original? Porque ese proceso acarrearía un tiempo quizás importantísimo. «Habrá que ver cual es la actitud de las agencias reguladoras, y si aceptan directamente la reformulación, en cuyo caso habría vacunas masivamente en unos meses, o si exigen algún tipo de ensayo», alega.

Isabel Sola insiste en que, con las medidas actuales, aún con un plan de vacunación muy avanzado y con todo lo expresado, «será necesario recuperar otras restricciones, si queremos mantener el control de la situación. Esas medidas no farmacológicas, y más ahora que vienen fechas de reuniones, fiestas, celebraciones, que nos hacen cambiar de comportamientos, son necesarias. Mientras el virus siga circulando esas medidas no se pueden abandonar. La vacunación es importante, pero no es suficiente. No nos podemos jugar todo a una carta, la de la vacunación», espeta de forma tajante en relación a las nuevas armas que se deben emplear.

¿Qué ocurre sobre el avance de la vacunación en los países más desarrollados, las terceras y cuartas dosis, mientras en los países y continentes más pobres las tasas son tan bajas? Para Sola es fundamental afrontar el problema de tener una vacunación universal, porque en países donde la vacunación es «muy baja» el virus se puede reactivar y aparecer nuevas variantes.

«Hay que llegar a un punto de equilibrio, en el que los países más desarrollados, donde hay acceso casi ilimitado a las vacunas, se usen de una forma racional. Hay colectivos en los que posiblemente sí sea necesario dar terceras dosis, gente mayor o personas más vulnerables. Pero a lo mejor no es necesario extender terceras y cuartas dosis a todo el mundo, y esas dosis habría que repartirlas de forma más igualitaria. Hay que mirar más allá de las fronteras, porque nadie va a estar protegido hasta que todo el mundo lo esté», concluye.

En virtud de su análisis, esa tan repetida «inmunidad colectiva» o «de rebaño», ante la proliferación de nuevas variantes, ¿carece o no de sentido? Para Isabel Sola es un concepto que hay que tomar de forma relativa. «No es un número mágico que cuando se alcanza nos garantice la protección absoluta y para siempre. Cuantas más personas estén vacunadas, más obstáculos va a tener el virus para transmitirse y eso permite controlar mejor su impacto en la salud pública. Para vencer al virus cuantas más personas estemos vacunadas mejor, y ya hemos comprobado que cuanto mayor es el número de personas vacunadas en un país menor es el número de personas hospitalizadas o los fallecimientos».

Esta experta argumenta que la cifra mágica en cuestión «tendría sentido si las vacunas nos dieran inmunidad del cien por cien». Es decir, no hay vacuna que pueda preservar la protección al individuo «para toda la vida, y que fuera además una inmunidad esterilizante, pero no es el caso».