Un estudio elaborado por el Instituto Nacional de Toxicomanía apunta que, en los últimos cinco años, un 33% de las víctimas de agresión sexual dieron positivo en drogas, alcohol, ansiolíticos o fármacos sedantes. El 23% de las jóvenes aseguran conocer casos de personas a las que han pinchado para cometer abusos sexuales, según un informe de la Universidad de Málaga. Los intentos de sumisión química a mujeres en discotecas está en auge y los ataques con pinchazos no solo se utilizan para abusar sexualmente de las víctimas, también juegan un papel destacable en los delitos de robo.

Mientras que el primer caso denunciado en España ocurrió en Ibiza, ya son muchas las localidades en la que han saltado las alarmas. Los últimos casos parece ser en Andalucía: en el Puerto de Santa María, donde la propia amiga de la víctima relataba lo sucedido a través de Twitter, y en la Costa del Sol, donde una turista francesa ha denunciado un caso a la Policía Nacional y que le ocurrió en una discoteca de Málaga capital. Las autoridades ya han confirmado numerosos casos en Cataluña, Navarra, Madrid, Canarias, Baleares, País Vasco y Andalucía.

En qué consiste el pinchazo

El método del pinchazo, por el que administra inyectando y no disolviendo la sustancia en la bebida, provoca una pérdida de conciencia de la víctima con el objetivo de cometer una agresión sexual.

El relato de las víctimas habla de estar en la discoteca bailando con sus amigas o rodeadas de mucha gente y sentir un pinchazo en el brazo o muslo y luego notar que la extremidad se empieza adormecer hasta el punto de sentir mareo y malestar general.

Una vez realizada su hazaña, esperan alrededor de 15 minutos, hasta que los estupefacientes hacen efecto y las chicas pierden su autonomía y sus facultades, para aprovechar y abusar sexualmente de ellas o robar sus pertenencias.

La agente de igualdad y experta en violencias sexuales de Ágora, Alba Martínez Rebolledo, ha explicado a la Agencia Efe que la metodología del pinchazo empezó a tomarse en serio tras los últimos Sanfermines, donde se reportaron varias denuncias.

Apunta que en caso de sentir que se puede haber sufrido esa intoxicación debe pedirse ayuda a la seguridad del local o punto lila e ir a un centro sanitario para que se extraiga una muestra de sangre, que servirá para la denuncia en su caso.

¿Existe algún protocolo oficial a seguir si me pinchan?

Hasta el momento, el único Gobierno que ha movido ficha para intentar acabar con este tipo de sumisión química es el de Cataluña. El departamento de Igualdad y Feminismo junto con el de Salud e Interior han decidido actualizar su protocolo de actuación contra pinchazos en zonas de ocio.

La alta cantidad de denuncias que han recibido los Mossos d'Esquadra ha hecho que se impulse la mejora de este protocolo, que pretende dar una respuesta a esta agresiones. Entre las medidas que se añaden dentro del informe, se encuentra el apoyo psicológico a las víctimas, que podrán contar con la ayuda de la red pública de atención a la violencia machista y LGTBIfóbicas

Qué hacer frente a la sumisión química

El Equipo Ágora, una consultora que ofrece formación en Género, Coeducación y Políticas de Igualdad, ha compartido a través de sus redes sociales una pequeña guía que muestra como es debe actuar de forma correcta ante este tipo de sucesos.

En primer lugar, hacer caso a las sensaciones de uno mismo. En el caso de notar un pinchazo o de creer haber sufrido uno, es necesario prestar atención a posibles mareos o síntomas que permitan prever una hipotética pérdida de conciencia.

Por otro lado, evitar ir a casa directamente: hay que dirigirse a un centro sanitario "lo más rápido posible" para realizar las pruebas y los análisis toxicológicos correspondientes. Estos determinarán la presencia de la posible sustancia inyectada, pero es importante practicarlos cuanto antes, ya que esta desaparece del cuerpo al cabo de unas pocas horas.

Ir siempre acompañada (o lo que es lo mismo, no dejar sola a la víctima). Pedir apoyo a amistades o a los técnicos de los puntos lila o espacios habilitados.

 En caso de emergencia sanitaria o policial, llamar siempre al 112 y, posteriormente, tramitar la correspondiente denuncia.

Avisar a los responsables del local o de un punto lila al detectar una conducta sospechosa o si alguien no se encuentra bien.

También existe la posibilidad de llamar al teléfono de atención a las violencias machistas y LGTB-fóbicas (900 900 120), disponible las 24 horas del día.

¿Qué te pueden inyectar?

Las sustancias llevadas a cabo en estas prácticas pueden variar dependiendo de resituación. Una de las más utilizadas para los pinchazos en las discotecas es el Rohypnol, el nombre comercial del flunitrazepan y la burundanga. Sin embargo, también se utilizan otras como el éxtasis líquido, el GHB (gamma hidroxibutirico) y ketamina.

Los principales efectos de estas drogas son la pérdida de memoria, la somnolencia, taquicardia, bajada de la presión arterial, visión doble, confusión y, sobre todo, pérdida de memoria. Lo que provoca que las víctimas queden inducidas en un periodo de vulnerabilidad de 8 a 10 horas de duración.

No solo se pueden insertar drogas. Tal y como ha remarcado el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH) los pinchazos con agujas contaminadas pueden exponer a la víctima a virus como la hepatitis B o C, incluso el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Este último causa la enfermedad conocida como SIDA.

Un suceso ya conocido en otros países

Los sucesos de sumisión química mediante inyección no son un problema nuevo. La policía de Reino Unido comenzó a recibir numerosos casos que se encontraban en la misma situación el pasado otoño. Incluso se ha llegado a considerar por parte de las autoridades británicas como "epidemia". En estos casos, las víctimas fueron inyectadas una droga parecida a la conocida como "droga de violación".

Estos delitos se han ido poco a poco extendiendo hasta otros países, como Países Bajos, Bélgica, Francia y hasta España. Ya han sido testificados miles de casos de mujeres, generalmente jóvenes, entre todos los países.