16 de noviembre de 2014
16.11.2014
Transexual

"Nadie se imagina lo difícil que es ser transexual en un pueblo"

Rosa María Pozo, de 58 años, cambió de sexo hace 12 años. La obligación de mantener a su madre la obligó a aplazar su deseo

16.11.2014 | 05:00
Rosa ha sentido transfobia en Mollina, donde han atentado en varias ocasiones contra su vivienda.

lleva cinco años sin empleo y hace tan sólo unos meses que se le agoto la ayuda, sin tener apoyo familiar

­Rosa María Pozo tiene 58 años y aunque nació hombre siempre se ha sentido una mujer. Su infancia la pasó en Mollina, donde estuvo hasta los 12 años, hasta trasladarse con su familia a Cataluña donde residió hasta hace unos años 20 años, cuando volvió a su pueblo materno. Tan sólo hace 12 años que cambió de sexo para que en su carnet de identidad apareciera la mujer que en el fondo siempre fue. El cambio no ha sido fácil para Rosa, que a su edad se ve sola tras la muerte de su madre, sin trabajo y rechazada por muchas personas debido a su condición. Actualmente pasa un mal momento. Tras llevar cinco años sin trabajar las ayudas se le agotaron hace meses y no tiene familiares que le echen una mano para pagar impuestos ni comida. Además, vive en unas pésimas condiciones en una vivienda que tiene humedades y a simple vista deja ver el paso de los años.

El cambio de sexo es relativamente reciente, ¿cómo lo ha vivido?
Me he sentido discriminada por muchas personas que conocía desde siempre. Muchas personas me han dejado de hablar en Mollina por el hecho de ser transexual. He sentido transfobia. Nadie se imagina lo difícil que es ser transexual en un pueblo como Mollina. Me conocían de jovencito y me trataban bien. Pero cuando volví hace unos 20 años y comencé a ponerme pendientes y dejarme el pelo largo, empezaron a mirarme mal, como de reojo. Al principio estaban sorprendidos, porque en Mollina yo fui la novedad.

¿Qué ha sido lo más difícil en este proceso?
El rechazo social. Hace cuatro años viví ataques a mi casa, me tiraron petardos a la fachada por la noche y a escondidas, hicieron pintadas y tiraban huevos a la casa. Esto lo denuncié y una noche de feria de Mollina los mismos que lo hicieron me lo confesaron, pero en el juicio les perdoné. Lo que desconozco es si recibieron algún castigo porque me desentendí del asunto, no quería seguir sufriendo porque lo que quiero es que no lo hagan más. Este verano pasado también me tiraron petardos sobre mi balcón y lo denuncie, pero aquí no supe quien fue. Esto es un tipo de transfobia directa, y luego está la transfobia solapada, que es cuando te dejan de hablar, te critican, y te desprecian.

¿Cómo se viven esos momentos?
Me he sentido ofendida en muchas ocasiones, y he pensado que esa persona era un ignorante, pero me he autoafirmado que voy en buen camino. Habría que dar una educación para que las personas pensaran y comprendieran la transexualidad, porque la mentalidad de algunas personas es aborregada por la educación y más aún en un pueblo como Mollina.

¿Ha sentido discriminación alguna vez en el trabajo?
Sí. De hecho ese fue el motivo por el que tardé tanto en convertirme en una mujer. Hace 30 años la mentalidad era muy diferente. Yo vivía con mi madre en Cataluña y trabajé en el sector de la hostelería y en varias fábricas. A los 18 años comencé a hormonarme, pero lo tuve que dejar porque me rechazaron en varios trabajos. Tenía que cuidar de mi madre pero no podía dejar de trabajar. Así que por eso decidí dejar de hormonarme y lo retomé hace unos 12 años. Mentalmente siempre fui mujer, aunque de aspecto no pude serlo para tener trabajo y cuidar de mi madre. Porque mi forma de pensar de actuar, de ser, de sentir era como una mujer. Durante mi vida en Cataluña tenía dos luchas: la política, por la libertad y la democracia, y mi lucha interior por la transexualidad.

¿Alguna vez le hicieron sentir una enferma, tras el rechazo social y en el trabajo?
Directamente no, pero sí con las preguntas que en el hospital me hicieron cuando decidí hacer el cambio de sexo a través de la Unidad de Trastorno de Identidad de Género del Hospital Carlos Haya de Málaga. Sentí que me trataban como si en el fondo tuviera una enfermedad mental. Cuando te hacen tantos test, tantas preguntas, tantas pruebas es porque no están seguros de lo que queremos y esperan descartar alguna enfermedad. Me tuvieron dos años haciéndome pruebas y la identidad de género es un sentimiento natural. Recuerdo que me llegaron a preguntar si cuando me duchaba lo hacía vestida.

Recientemente se ha aprobado Ley Integral para la no discriminación por motivos de Identidad de Género y Reconocimiento de los Derechos de las personas transexuales de Andalucía. ¿Qué significa este avance?
La ley es muy importante para mí. Nos reconoce en muchos sentidos en igualdad. Por ejemplo, en sanidad. No hay que ir a pasar dos o tres años haciéndote preguntas para recibir tratamiento hormonal o quirúrgico, todo irá más rápido. Además, personas discriminadas por ser personas transexuales por situaciones de exclusión social serán defendidas por esta ley, además se crearán políticas de empleo activas, también se podrá evitar la discriminación en el trabajo. Sólo pedimos que la ley se aplique y que se creen reglamentos entorno a ella, para que tengamos los mismos derechos que los demás y no haya la discriminación que seguimos sufriendo en el siglo XXI.

Convocatoria

El próximo 28 de noviembre tendrá lugar una manifestación contra la Transfobia en Mollina, ¿Por qué en esta localidad?
Porque me siento discriminada en muchos aspectos en Mollina. Llevo cinco años sin trabajar. Cuando llegué al pueblo trabajé en el campo. Y después ya no me han vuelto a contratar. Llevo cinco meses sin ayuda y no tengo dinero ni nadie que me eche una mano. Mis hermanos están en Cataluña y cada uno tiene su vida, y en Mollina no tengo a nadie. Ahora se junta todo la edad, ser transexual, y la crisis, que me impide encontrar trabajo. He pedido muchas veces al ayuntamiento que me ayuden, pero tampoco me han ayudado, y necesito trabajar para comer.

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