20 de marzo de 2012
20.03.2012
Siete días

La doctrina de las dos orillas y la izquierda al río

20.03.2012 | 06:00

Hace unos días el señor Valderas, candidato de IU a la Presidencia de Andalucía, se fue a una notaría de Jaén a firmar su compromiso a cumplir el programa electoral con el que su organización comparece a las elecciones andaluzas. En la crónica de algún medio de comunicación se hacía una referencia irónica, y un poco malévola, al optimismo del señor Valderas. Sin embargo, ¿qué sería de cualquier proyecto humano sin el optimismo? La esperanza, por más lejana que resulte, es imprescindible para la vida, y lo es también para la vida política.

Ciertamente habría sido más realista que hubiera acudido al notario a aclarar cuál va a ser su posición en el caso en que los votos de su partido resulten decisivos a la hora de determinar quién gobierna Andalucía. Pues parece que esta sería la situación más probable en la que se pueden encontrar los dirigentes de IU en la noche del próximo domingo. ¿Apoyarán a un gobierno del PSOE, o dejaran que gobierne el PP como ocurre en Extremadura? Curiosamente los dirigentes de IU muestran una claridad notarial cuando dicen lo que harían si les tocara la lotería, pero se muestran más ambiguos que una pitonisa cuando se les pregunta qué van a hacer con la paga de esta semana.
En resumen, y tal como contaba este mismo diario en su edición de ayer, la actitud de IU se puede sintetizar en dos afirmaciones de su máximo dirigente, por un lado presume de haber hecho «un contrato con la ciudadanía adquirido ante notario», si ganan las elecciones; y, por otro, en el caso en que tengan que decidir sobre el futuro de Andalucía, que ya le preguntarán al PSOE «si dejará de pactar con la banca y con los intereses del alto poder económico del país».

A mí me parece que la IU de la ambigüedad calculada es menos honesta que la IU del notario, pero a cambio es menos peligrosa. Lo que están diciendo con su ambigüedad es que la realidad es compleja, que las preferencias son, a veces, contradictorias, y que casi siempre hay que hacer frente a situaciones imprevisibles. Eso es así en la política como en la vida. Lo que dicen cuando van al notario es que se puede hacer política con escuadra y cartabón, y eso crea unas expectativas tan falsas y exageradas que igual destruyen la política que la vida. Cuando los dirigentes de IU van al notario ponen en peligro la política, cuando son ambiguos solo se arriesgan ellos mismos.

La ambigüedad de IU tiene que ven con la contradicción en la que está inmersa, y que lleva a sus dirigentes a atacar al PSOE acusándolo de ser de derechas y, al mismo tiempo, a dejar la puerta abierta a un pacto con el PSOE. En efecto, para obtener el mejor resultado electoral los dirigentes de IU necesitan convencer a una parte del electorado de izquierdas de que el PSOE no es de izquierdas, o no suficientemente de izquierdas. Lo que ocurre es que ese mismo electorado no votaría a IU en Andalucía si previera un comportamiento similar al que tuvo en Extremadura. Así que los dirigentes de IU viven todo el rato diciendo una cosa y dando a entender la otra.

Todo esto es fruto de la competición de dos concepciones ideológicas en la izquierda más próxima a IU. Por un lado está la vieja tradición comunista que defiende la unidad de la izquierda, más cercana al sector de electorado cuya primera opción es un gobierno de izquierdas en Andalucía. Por el otro está la nueva tradición anguitista de las dos orillas, más propia de tradiciones ideológicas muy alejadas de la izquierda y más cercana a los dirigentes de IU, cuya primera opción es que IU tenga el mejor resultado, aunque la consecuencia de su estrategia sea que gobierne el PP.

Hasta ahora, cuando se ha impuesto la tesis de las dos orillas, IU ha obtenido sus mejores resultados, pero el gobierno de izquierdas ha terminado en mitad del río. Esperemos que esta vez los electores de izquierdas unan sus votos en torno a la izquierda que gobierna, hace falta.

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