19 de marzo de 2018
19.03.2018
Sol y sombra

Nuevos malos tiempos para ´Lolita´

19.03.2018 | 05:00
Nuevos malos tiempos para ´Lolita´

Nabokov no habría tenido inconveniente en encontrar la argumentación precisa para salir al paso del nuevo sumarísimo por parte de las brigadas de las buenas costumbres que se cierne sobre Lolita, el personaje más notorio de sus grandes novelas. Se pasó años defendiéndose de las mentes sexuales estrechas; ahora tendría que hacerlo también de la cruzada feminista que denuncia la llamada cosificación de la mujer. O simplemente de los que no comprenden que el arte es extraterritorial en el campo de la moral. La obra de ficción tiene razón de ser para Nabokov en la medida que proporciona el mayor placer estético al lector. Sus célebres palabras en Apostrophes, el programa literario de televisión que dirigía Bernard Pivot, resumían el punto de vista tantas veces recalcado frente a los detractores de su novela más famosa. Lolita, la nínfula, sólo existe a través de la obsesión que destruye a Humbert Humbert. «Este es un aspecto esencial de un libro que ha sido falseado por una publicidad artificiosa», dijo entonces.

Vladimir Nabokov escribió, el 3 de febrero de 1954, a James Laughlin, fundador de New Directions: «¿Te interesaría publicar una bomba de relojería que acabo de armar? Es una novela de 459 páginas escritas a máquina, la historia de la explotación sexual de un pedófilo de mediana edad de una niña de doce años». Lolita no encontraría un editor estadounidense hasta casi pasado un lustro de aquello, una vez que las amenazas de prohibir el libro y encarcelar al autor habían disminuido. Entretanto lo publicó una editorial francesa pornográfica, algo de lo que Nabokov no dejaría de arrepentirse tras los múltiples desencuentros con el editor, un sinvergüenza llamado Maurice Girodias.

Cuando Lolita finalmente apareció en Estados Unidos, a finales de 1958, efectivamente lo hizo con el efecto de la bomba retardada que había anunciado su autor. El principal crítico del New York Times, Orville Prescott, calificó la novela de «pornografía repulsiva de alta costura», y se convirtió rápidamente en un best-seller, rompiendo en una semana el récord de ventas establecido por Lo que el viento se llevó.
Nabokov empezó a labrarse la reputación de maestro de la prosa en inglés que le permitiría posteriormente mudarse a Suiza.

Humbert, como escribió Brian Boyd, el gran biógrafo del escritor de San Petersburgo, es un triunfo de la imaginación. Resulta prodigioso comprobar cómo, pese a la infinita distancia que separa al creador del personaje, Nabokov encuentra la manera de acceder a la mente de su monstruo moral. Pese a todos sus vicios, se niega a hacer de él un ogro infrahumano e incluso se propone resaltar sus valores positivos: la intensidad de la pasión, la ternura de los sentidos y su muy ramificada conciencia de la mente. Boyd pone por ejemplo uno de los grandes párrafos de la historia de la literatura. «El sol que nos envolvía temblaba en las copas de los álamos; estábamos fantástica y divinamente solos; contemplé a Lolita, rosada, envuelta en partículas doradas, más allá del velo de mi controlado placer, ignorante de él, ajena a él, y el sol estaba en sus labios, y éstos, al parecer, seguían formando las palabras de la cancioncilla acerca de Carmen y los camareros, aunque ya no llegaban a mi conciencia. Todo estaba ya a punto. Los nervios del placer habían quedado al desnudo».

Fuera de la mirada maníaca de Humbert no hay nínfula, pero Lolita jamás dejará de escandalizar.

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