29 de marzo de 2018
29.03.2018
360 grados

Si terminó la ´farsa´, ¿ahora qué?

29.03.2018 | 05:00

Un periódico de Madrid, especialmente beligerante con el independentismo catalán, daba el otro día por terminada en titulares de primera plana «la farsa del Gobierno en el exilio».

Otros, más atentos a la separación entre opinión e información, informaban más fríamente de la detención del expresidente en Alemania o de que éste esperaba «en la cárcel la decisión de un juez» de ese país.

La ´farsa´ puede efectivamente haber acabado pero el independentismo, nos guste o no, y a uno evidentemente no le gusta por lo que tiene sobre todo de insolidaridad y rechazo del otro, sigue con su ceguera y va a seguir estando ahí por mucho tiempo.

Resulta imposible ponerle puertas al campo, sobre todo si éste está continuamente regado con la demagogia y el populismo de quienes ven continuamente la paja en el ojo ajeno y son incapaces de hacer la mínima autocrítica.

Pero esto último, con todas las diferencias o matices que uno quiera, no puede reprochárseles sólo a los de allá, sino que buena culpa de lo que sucede la tiene también la falta de política que tantas veces se le ha reprochado al Gobierno del PP.

Circula por Alemania en alemán e inglés una petición firmada ya por miles de personas, entre ellos todo hay que decirlo muchas de apellido catalán, reclamando a la justicia germana que no extradite al político huido.

«Se acusa al presidente de rebelión aunque esta última es un crimen que implica violencia y el movimiento independista catalán es totalmente pacífico y pro-europeo», dice el texto, que duda de que el Tribunal Supremo español pueda garantizar un juicio justo «a los derechos individuales de los catalanes».

El iniciador de la petición, que lleva supuestamente recogidas cerca de veinte mil firmas, es un catalán de apellido Vizcaíno que dice trabajar desde hace cinco años como geólogo en Heidelberg.

La detención de varios líderes independentistas, por totalmente legal y necesaria que fuera para frenar el movimiento secesionista, y la huida al extranjero de políticos de esa ideología, no le hacen ningún favor al prestigio de nuestro país.

Puede argumentarse efectivamente que cualquier otro Estado europeo habría actuado de igual forma ante unas acciones tendentes a separar una parte de su territorio sin contar para nada, como es el caso, con más de la mitad de su población.

Pero la pregunta que algunos llevamos tiempo haciendo y que volveremos a hacer cuantas veces haga falta es la de por qué haber esperado hasta el final para frenar ese delirante conato sólo con duras medidas judiciales en lugar de recurrir a la política y al diálogo.

Por muy europeos que se sientan esos líderes independentistas catalanes, padecen el mismo vicio de aquellos a quienes critican: son incapaces de algo tan necesario en una democracia como es el pacto, el compromiso.

Es ya hora además de sacar a la política catalana del estéril marco de «independentismo versus españolismo» y volver a plantearla en los términos de la oposición derecha/izquierda, por más que muchos aquí y allí la consideren obsoleta. Sólo así se conseguirá aclarar el panorama.

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