08 de abril de 2018
08.04.2018
Impresiones

Matar palestinos

08.04.2018 | 19:44

Se ha convertido en una rutina para los israelíes, que durante la pasada semana acabaron con la vida de una veintena de palestinos que participaban en la Gran Marcha del Retorno en Gaza, donde dos de cada tres personas son refugiados que fueron expulsados de sus hogares al crearse el Estado de Israel. Las Naciones Unidas y la Unión Europea han pedido una investigación independiente pero Israel se niega y los EEUU han vetado una resolución al respecto en el Consejo de Seguridad.

Como los israelíes no son mala gente hay que preguntarse por las razones de este extraño comportamiento y su respuesta es que se sienten en peligro ante las manifestaciones y agresiones de que son objeto por parte de palestinos que les tiran piedras, les acuchillan e incluso lanzan cohetes contra sus ciudades y asentamientos. Tel Aviv se siente amenazado y responde con mayor dureza que si no tuviera miedo. Y uno, que no vive allí pero que ha visitado muchas veces Israel y ha visto los muros y las verjas que separan a israelíes y palestinos, comprende que tienen que defenderse aunque le gustaría que pudieran hacerlo sin matar a tantos palestinos. Casi todos los israelíes estarían de acuerdo con esta afirmación.

A continuación hay que preguntarse por la razón que lleva a los palestinos a tirar piedras contra los israelíes o, peor aún, a tirar cohetes sobre sus cabezas. Al fin y al cabo este no es un comportamiento normal entre vecinos y la prueba es que ni los noruegos apedrean a suecos ni los portugueses lanzan misiles sobre Cáceres u Olivenza. Y si se les pregunta a los palestinos por la razón de su anómala actitud contestan con historias terribles de casas perdidas, expulsiones masivas y huertos abandonados a la fuerza. Hablan de la Naqba, la tragedia que se abatió sobre ellos cuando la mala conciencia mundial por el Holocausto se proyectó en la resolución 181 de la Asamblea General de la ONU que creó sobre el papel dos estados (palestino e israelí) sobre lo que había sido el Mandato británico de Transjordania. Los palestinos rechazaron la partición y entonces comenzó un problema que solo se ha agravado con el paso de los años al no perder (los palestinos) ninguna oportunidad para equivocarse, como dijo el ex ministro israelí de Exteriores Abba Eban. El resultado han sido guerras, invasiones, revueltas populares, anexión judía de Jerusalén y de los Altos del Golán, construcción de colonias en los Territorios Ocupados etc. hasta llegar al triste bloqueo actual. Y mucho sufrimiento de todos.

De modo que los palestinos están furiosos y los israelíes temerosos a pesar de su poderío militar porque las bombas atómicas no les protegen de atropellos o de terroristas con bombas y navajas. La consecuencia es una violencia que no cesa desde hace setenta años y que sufren seres humanos de ambas comunidades.

Y sin embargo hay una solución sobre parámetros que son bien conocidos desde las declaraciones europeas de Florencia y Madrid, el proceso de Oslo, la reunión de Camp David, el Plan Saudita de 2002 (respaldado por la Liga Árabe), los esfuerzos de Bill Clinton etc: dos estados viviendo juntos, seguridad para Israel, tierra y dignidad para los palestinos, fronteras seguras e internacionalmente reconocidas, una solución justa para los refugiados, evacuación de las colonias israelíes, Jerusalén capital compartida de ambos estados sin afectar a su unidad y a su carácter de ciudad abierta para los cristianos. Y como colofón el reconocimiento diplomático de Israel por los países árabes, poniendo fin a la actual anomalía y gran fracaso político-diplomático de que Israel siga siendo un cuerpo extraño en Oriente Medio cuando cumple 70 años de existencia.

Entonces, si todo el mundo sabe cuál es la solución, ¿por qué no se pone en práctica y se acaba de una vez con la espiral de violencia-represión? Las razones son varias, la primera y fundamental es la desconfianza mutua tras setenta años de enfrentamientos, algo que solo puede vencerse con el adecuado respaldo y garantías a cargo de la comunidad internacional. La segunda es la división de los palestinos entre Fatah y Hamas. Los primeros gobiernan en Cisjordania y los segundos en Gaza y no se pueden ver. Además Hamas, vinculado a los Hermanos Musulmanes, no reconoce al Estado de Israel y le ataca, lo que provoca la respuesta israelí de cerrar fronteras y condenar a dos millones de seres humanos al hambre, la falta de electricidad o medicinas y, en definitiva, a la desesperación...y a más cohetes. La tercera razón es que el sistema electoral israelí, muy fragmentado y con un peso excesivo de mini partidos nacionalistas y religiosos, haría caer a cualquier gobierno que iniciara negociaciones de paz. Y la cuarta es que el actual gobierno ultra conservador de Israel no tiene ganas de negociar por creer que el tiempo juega a su favor sin pensar que la evolución demográfica combinada con la ocupación de tierras palestinas le impedirá ser a la vez judío y democrático como desea.

Sobre este magma en ebullición Donald Trump ha decidido trasladar a Jerusalén la embajada norteamericana, violando el Derecho Internacional y la doctrina de la ONU. Al parecer Trump tiene ideas propias para solucionar el conflicto entre palestinos e israelíes (?) y sería bueno que las compartiese con el mundo por más que el momento no parezca particularmente propicio para que los palestinos se fíen de los norteamericanos como mediadores honestos. Espero que no me acusen de antisemita por confesar que en esta particular coyuntura les comprendo.

*Jorge Dezcállar es diplomático

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