22 de mayo de 2018
22.05.2018

Cartas al director

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22.05.2018 | 05:00

Corrupciones históricas

En los momentos actuales hay innumerables juicios que investigan probables casos de corrupción. No deja de sorprender que este asunto también se combatía en siglos anteriores de manera exigente y ejemplar. En el libro Imperiofobia y leyenda negra de la profesora Roca Barea, se informa de un proceso judicial característico del derecho castellano e indiano, llamado ´el juicio de residencia´, que estuvo vigente durante varios siglos en algunos países iberoamericanos, hasta que fueron derogados por las Cortes de Cádiz en 1812. Brevemente se puede decir que era otra forma de lucha contra la corrupción. «Cuando un funcionario público de cualquier categoría, desde virrey a alguacil, terminaba su tiempo de servicio era automáticamente sometido a un juicio durante el cual se escuchaban todas las acusaciones que cualquiera pudiera presentar contra él por haber desempeñado de manera deshonesta o ineficaz su cometido. Se analizaban tanto la honradez en el trabajo como la consecución de objetivos. El juicio de residencia podía durar varios meses y el responsable público no podía abandonar la ciudad en que había estado ejerciendo sus funciones hasta haber sido absuelto. De ahí el nombre, juicio de residencia. Una parte de su salario se le retenía para garantizar que pagaría la multa en caso de condena. El juicio era sumario y público, aunque una parte de la instrucción era secreta al objeto de proteger a los testigos o acusadores de hombres que tenían mucho poder. Una vez absuelto, el funcionario o cargo podía seguir progresando en la Administración imperial, pero si era condenado por errores o ilegalidades se le sancionaba con una multa, un destino inferior, e incluso cárcel o la prohibición de tener un cargo público de por vida». Este juicio presenta un aspecto que podría interesar recuperar y es el que los políticos y los partidos se responsabilicen económicamente de «los errores y la consecución de objetivos» de sus programas electorales y del acierto destino del dinero público.
Plácido Cabrera Ibáñez
Málaga

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