01 de julio de 2018
01.07.2018
El palique

El registrador

01.07.2018 | 05:00

Rajoy da de mano a las cinco de la tarde. Vive en un hotel de lujo. Merienda cerveza. Ve los partidos del mundial. Gana unos 10.000 euros al mes. Lo trasladarán a Madrid a finales de verano. No quiere saber nada de política. Es registrador de la propiedad. En Santa Pola, Alicante. La vida le ha cambiado en un cortísimo periodo de tiempo. No somos nada. Que se lo digan a él. El gran Jabois nos contó el otro día en El País las interioridades de la nueva vida del expresidente.

Es de alabar que vuelva al Registro igual que Gerardo Iglesias volvió a la mina. Pero si se piensa bien, ese exceso de amor a la normalidad, esa idolatría de la rutina, devalúa el cargo de presidente. O sea, este señor es tan normal que no se sabe cómo ha sido presidente del Gobierno. O al revés. O como dijo Zapatero en desafortunada frase (y excelente regalo para sus enemigos) «cualquiera puede ser presidente».

La nómina de expresidentes se va engordando. Algunos sueñan con que Sánchez ingrese pronto en esa lista. El club de los Aznar, González, etc se va completando. Cada cual ejerce la expresidencia a su manera. Rajoy es el primero que se reincorpora a la vida laboral. Yo quiero una entrevista con el jefe de ese registro. Rajoy llegó tarde 45 minutos el primer día. Almuerza frugalmente en castizo restaurante. El curioso cronista lo husmea en Internet. Restaurante clasicón con buen pescado. Santa Pola es municipio próspero en lo turístico. Mucho movimiento inmobiliario. Mucho que registrar. Rajoy ha pasado de inspeccionar el mapamundi por ver sus próximos viajes y las relaciones de España con los países del globo a estudiar un catastro. Zapatero dijo que se iba a contar nubes. Como se ha aburrido hace de mediador en Venezuela. Rajoy no se aburre de contar edificaciones. Un cachondo podría proponer a Rajoy como presidente del Colegio de Registradores. Tal vez un día le hicieran una moción de censura. Es el primer expresidente que se aleja de la capital de España, aunque esto, como decíamos más arriba parece temporal. Rajoy rechaza posicionarse en la lucha por el poder de su partido. Contempla, ve, registra. Suponemos que habrá bajado el número de llamadas que recibe. Le presuponemos un placer secreto en ver cómo sus subordinados se despellejan por su cetro. Suponemos también que Rajoy desea que todos se olviden de él pronto. Hasta que comprenda que su legado (bueno o malo, eso es otra cosa) ha de ser reivindicado y entonces se ponga a viajar a Venezuela o haga gonzaladas (opinar sobre la actualidad) o abdominales. No lo vemos alentando una fundación. Sí rellenando una quiniela. Fui muy poderoso podrá contar a sus nietos. El tiempo irá amasando y amoldando los juicios. Sánchez se apresura a revertir medidas ultra conservadoras y perniciosas para el currante, que fueron adoptadas por el registrador. Que ahora ha adquirido algo importante: su vida.

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