29 de noviembre de 2018
29.11.2018
La Opinión de Málaga
Perdidos y encontrados

Cero es cero

29.11.2018 | 05:00
Manifestación en la plaza de la Constitución el passdo mes de mayo, contra la condena a la manada

La violencia no tiene género. Como término lingüístico en castellano, sí. Violencia es femenino. Pero, para desgracia de todos, nuestra sociedad sigue luchando con más o menos acierto contra la masculinización de su significado contra las mujeres. En 1993 la Asamblea General de Naciones Unidas, en la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, resumía la definición de esta lacra social en su último párrafo: «aquella que pone en peligro los derechos fundamentales, la libertad individual y la integridad física de las mujeres».

Esos tres conceptos fueron conculcados en la persona de María del Mar Martín Rojo el domingo pasado en Málaga, durante la necesaria manifestación del 25 de noviembre, Día Internacional Contra la Violencia Machista. Una violencia contra las mujeres que no es de los hombres, por el mero hecho de serlo, sino de los hombres que no aman ni respetan a las mujeres hasta el punto de agredirlas. De hecho, el machismo es un desprecio adquirido cultural y moralmente que puede anidar, incluso, como cualquier huevo de otras serpientes sociales, en las mujeres. El último ejemplo lo ha protagonizado esta semana esa chica que, amparada en sus supuestos celos, ha matado a la joven Denisa en Alcorcón. Cualquier infravaloración del otro puede terminar favoreciendo la violencia sobre él por parte de su agresor.

Durante años en los medios, por lo que con toda humildad a mí respecta, he intentado dar voz –y sumarme a ella– a personas como Lola Rodríguez, presidenta durante muchos años de la Plataforma contra los malos tratos a las mujeres 'Violencia Cero', como ahora lo es Sagra Nieto. También podría nombrar a otras luchadoras desde los inicios de la democracia, como Amparo Bilbao, y no sólo del entorno de la izquierda. La histórica Clara Campoamor, fundamental en el sufragio femenino, militó en el PRR que podríamos ubicar en el centro político en aquella España de 1931. Ellas y muchas anónimas han abanderado una conciencia feminista que siempre pretendió sumar a los hombres en una lucha que debe ser de todos, concejalas malagueñas del PP incluidas. Pretender que ellas no lo sean, que esa defensa sea sólo un deber y un derecho de quienes han podido caer en la profesionalización partidista de un asunto de estado, y pretender defender ese apropiado derecho, incluso ejerciendo una violencia superior a cero, es intolerable. Es otro feo síntoma de crispación social e intereses particulares contrapuestos al esfuerzo por el bien común que debe caracterizar una democracia sana.

No sólo alguien le dio ese golpe en la espalda a la concejala malagueña (presuntamente una manifestante de ésas que tanto daño hacen a una manifestación legítima), también un grupito muy alterado presionó y abucheó –un año más– al alcalde de la ciudad por pretender estar en la foto de la manifestación. Vale que no se le quiera agradecer a De la Torre que se comprometa con la causa saliendo en esa foto, pero 'escrachear' al alcalde (es del PP, pero no hay otro) porque quiera salir en la foto contra la violencia machista no es razonable.

Las injusticias que afectan a una parte nos deberían afectar al resto. Pero hay grandes temas de todos que están divididos políticamente por culpa de algunos. Ni la soberanía nacional, por ejemplo y como ponía en evidencia el lunes en su comentario Iñaki Gabilondo, es un asunto que solo deba preocupar a la derecha ni la lucha contra la violencia machista ni contra ninguna violencia, incluida la que en demasiadas ocasiones se produce en las parejas que son del mismo sexo, debe preocupar solo a la izquierda.

Conseguir que contra cualquier mujer y contra cualquier persona en cualquier ámbito de la convivencia democrática, pública y privada, la violencia cero sea cero es una lucha de todos. Y de todas.

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