08 de diciembre de 2018
08.12.2018
Porque hoy es sábado

Alternando, que es gerundio

08.12.2018 | 05:00
Juan Marín, "el candidato menos conocido, llevaba para muchos la mochila de haber retrasado el cambio al apoyar a Díaz la pasada legislatura tras décadas sin alternancia".

¡Ay!, las prisas... Susana Díaz pudo haber sido, pero no fue. Nadó durante años como un ambicioso embrión en la placenta de su partido. En 2012 nació como un borbotón de espuma empujada por Griñán a la Consejería de Igualdad y de ahí se vio aupada a la Presidencia de la Junta en un año. Sólo cinco años después, Díaz, que quiso serlo todo, se ha despeñado habiendo sido muy poco. Llegó aún a medio hacer y muy joven cuando ya todo era viejo en el PSOE andaluz. Cierto que cualquier liderazgo que naciese de ese gastado líquido amniótico habría nacido viejo. Al PSOE andaluz le toca ahora regenerarse. Quizá ella lo sabía. Por eso se teatralizó tanto y luego por eso se creyó tanto a su propio histrión, hasta olvidar que, por mucho que nade veloz, un verdadero delfín nunca nace tiburón.

Esperanza trianera


Olvida Díaz ahora –todos olvidamos cosas según nos conviene– que en democracia gobiernan las mayorías representativas. Como cuando ella ascendió a la Presidencia, en 2013. Griñán había perdido las elecciones un año antes. Quedó segundo, pero sumó y gobernó con IU. Una «Dulce derrota» se publicó cuando ganó perdiendo Griñán. Ese gobierno lo heredó Díaz. Cuando le convino se deshizo mal de Antonio Maíllo, confiando, una vez más en exceso, en sí misma. Y en 2015 se presentó a sus primeras elecciones. Las ganó, pero con 116.000 votos menos que los que había obtenido Griñán. «Amarga victoria», se publicaba este lunes. Pero la verdad aritmética es que Susana Díaz nunca ha hecho otra cosa que perder votos (ahora ha perdido unos 400.000 más de los que obtuvo en 2015). Si también perdió, con todo a favor, aparato mediático incluido, en las Primarias frente a Sánchez, en un mundo donde se alerta contra los peligros de la posverdad es razonable colegir que el relumbrón de Díaz no ha sido más que preverdad. Verdad, nunca.

Dragones


El lenguaje de Teresa Rodríguez no caló. Ni en la población que no ha visto su referido Juego de Tronos ni en la que no tenía el ánimo para dragones. Juego de Tronos y otras grandes series de plataformas de pago de vídeo bajo demanda no son conocidas por quienes sólo ven televisión generalista. No son el concepto clásico –y pronto anacrónico– de ver la televisión. Canal Sur sí es televisión. Mejor o peor, allá cada cual con su juicio (yo tengo el mío, pero al haber sido uno de los rostros y voces de su fundación; al tener buenos amigos en el Canal y llevar tantos años sin estar ahí –no por mi voluntad–, prefiero mantener cierta distancia crítica). Aunque duele constatar que la televisión pública andaluza haya sido la cuarta más vista durante la emisión del programa de las elecciones, precisamente, andaluzas (unos 363.000 espectadores que, sin embargo, han sido un «éxito» de audiencia para la actual RTVA).

Facha todo el mundo


Se ha aplaudido su campaña, pero Adelante Andalucía ha pinchado –aunque son muchos los factores en cada contexto electoral, no sólo la campaña– Teresa Rodríguez tiene verdad cuando habla, pero algunos de sus mensajes no resultan institucionales, maduros. La izquierda no ha sumado más, por primera vez en Andalucía. Que AA haya perdido votos y no haya recibido muchos de los votos perdidos del PSOE es para reflexionar pronto. Pero andan en «tomar las calles» como respuesta al auge de VOX, para evitar su entrada en las instituciones. Sin embargo, Vox está dentro. Tiene 12 diputados. Unos 400.000 votantes lo han decidido así. Otra cosa es que miles de esos votantes conozcan algunas de las ocurrencias de su «programa» y estén o no verdaderamente de acuerdo con ellas. La llegada de Vox no es sólo resultado de la derechización. Desencanto, asfixiante corrección política, sectarismo, desigualdad creciente, asuntos mal resueltos, crispación son algunas de las causas y, también, que muchos en la izquierda no hayan dejado de frivolizar llamando fachas a los demás y de sumarse al nacionalismo que llama facha a Serrat.

Personas y partidos


Juan Marín, el candidato menos conocido, llevaba para muchos la mochila de haber retrasado el cambio al apoyar a Susana Díaz la pasada legislatura tras décadas sin alternancia en el Gobierno andaluz (algo que ha marcado definitivamente estos comicios). Pero hoy Marín tiene en su haber 290.000 votos más. Aunque a nadie se le escapa que, con o sin Marín, la marca Cs, aún casi inmaculada y con líderes como Arrimadas, va como un tiro. Sólo su autoimpuesto sorpasso al PP ha minimizado su «éxito» electoral.

Y Juanma Moreno –pese a perder unos 300.000 votos– finalmente resistió. Se mantuvo segundo. Pese a que el candidato del PP más moderado ha recorrido Andalucía con el aliento en el cogote de Casado, el líder del PP más extremado; pese a que la marca PP cojea salpicada por gúrteles y Bárcenas, una campaña poco valorada y las duras burlas en las redes por fotografiarse con una vaca o responder a Teresa Rodríguez con un muñeco de Star Wars que la fuerza estaba con él, Moreno resistió. Y quien resiste... Porque hoy es sábado.

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