14 de enero de 2019
14.01.2019
La quinta columna

Cabestros pero menos

14.01.2019 | 05:00

Ya no hay con quién tratar. España ha perdido una oportunidad de oro de subirse al tren de la posposmodernidad y el carro disruptivo que conducen los cabestros. Resulta que cuando ya tocábamos con los dedos la plena incorporación a la vida política de una ultraderecha trumpera, bolsonarera, salvinesca, van los de Vox y se nos rajan, renunciando a la derogación de las leyes de Violencia de Género, Igualdad y LGTBI, a la devolución de competencias, a la expulsión como Dios manda de 52.000 clandestinos, a ligar la celebración del Día de Andalucía con el fin de la Reconquista€ Se rajan y se contentan con una Consejería de Familia, algo en educación e inmigración y la protección de la caza, los toros, el flamenco y la Semana Santa, actividades todas que, como se sabe, están en peligro de extinción en Andalucía. A eso Santi Abascal le llama asumir «una buena parte» del programa de Vox, haciendo suyo el compromiso ya expresado por Pablo Casado de sustituir la ley de Memoria Histórica por una de Concordia Nacional y felicitándose por que en el acuerdo firmado el miércoles con el PP se garantice que la inmigración será «respetuosa con nuestra cultura occidental» o no será, aspiración que también ha expelido a los cuatro vientos el aventajado alumno español de Orbán. Lástima, con todo lo que Vox hubiera podido conseguir para la regeneración patria con sólo haberse hecho de rogar un mes o mes y medio. ¿Logró Casado materializar ante los ojos de Abascal el peligro de una Susana Díaz apoyada por 50 diputados (los 17 de Adelante Andalucía con la pinza en la nariz), frente a los 47 que suman PP y Cs? Claro que, bien mirado, las coincidencias igual no son fruto de la rápida dilución del órdago de la ultraderecha, sino de las nuevas miras del PP que pilota Casado a la sombra de Aznar, en alineamiento estelar con los cabestros de la no-política; miras que los de Vox, al fin y al cabo una escisión del partido que a sus ojos reblandeció Rajoy, deben de sentir como propias. A lo que se ve, Abascal y los suyos buscaban exposición mediática más que influir decisivamente en la recuperación de los «valores» perdidos cuando entonces. De habérselo propuesto, incluso hubiesen podido acabar con la desdeñosa actitud que Cs se gasta con ellos desde el 2 de diciembre, producto de ese miedo al contagio, espoleado desde el Elíseo y Estrasburgo, que luego habría frustrado cualquier entendimiento con el PSOE tras las urnas de mayo. Renunciando a sus propuestas más disruptivas, juzgadas «inaceptables» incluso por el PP de Casado, Vox va a hacer presidente de Andalucía a Juan Manuel Moreno a cambio de compromisos sobre familia y folclore y firmeza ante la inmigración. Esta es una versión de los hechos: Vox ha cedido. Pero cabe otra: Vox ha llevado al PP a aceptar lo que sabía que podía arrancarle, visto que la derechización de Casado en los últimos meses (forzada y no forzada por Abascal) ya traía, como panes bajo el brazo, el fin de la Memoria Histórica y la occidentalización del inmigrante. El resto de sus iniciativas, las «inaceptables», eran para situarse como actores protagonistas en el debate político. Y para que, en la negociación, al cocer, menguaran menos.

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