14 de febrero de 2019
14.02.2019
Al margen

Hablar abiertamente de cualquier tema

14.02.2019 | 05:00

En todos los lugares hay una reflexión... Somos el susurro de nuestros prejuicios, la última rama del árbol del tabú, y la estupidez andante. Debería comenzar el artículo haciendo una pregunta... ¿Usted se ha masturbado alguna vez? Responda en bajo, escondido debajo de la cama, no siendo que el soplo del viento vuele su respuesta y luego lo miren mal. Anda qué...

Hace pocos días, sin participar de una conversación, intenté practicar la tan anhelada empatía. Verán, un grupo de gente, en una cafetería estaban construyendo ortopédicas palabras para hablar del onanismo. Por lo visto, una noticia del periódico desencadenó la «tempestad»; ya saben, en ocasiones las palabras son infatigables maestras de lo políticamente correcto. Sí, siguen el desierto de la nada: pretendiendo ser ejemplo laborioso de una estúpida pose estudiada para quedar bien...

Por lo visto, algunas personas, sienten asco de lo mismo que practican, intentando continuamente ser ejemplo de «algo»... ¿De qué? Considero que la honestidad con uno mismo, es el entusiasmo de ser natural en cada momento. Aunque, ya saben, existen temperamentos que se cohiben, dando por hecho que el ejercicio de vivir es un acto estéril. Vamos a ver, dejemos atrás el ropaje de lo absurdo, y vistamos la excelsa capa de la naturalidad. Moldeando la sensibilidad, se modifican muchos hábitos mentales. Al final, la vida, nos demuestra que la verdadera sabiduría del hombre, es poder hablar abiertamente de cualquier tema. El condicionamiento es el origen de múltiples tristezas, pretendiendo domesticar al animal, al final termina aullando el hombre. Somos el ansía del instinto, obligado a castrarse por algo que se llama educación. Pero, vamos, cohibirse al hablar de onanismo me parece una soberana estupidez. No podemos hacer «dramas» de cosas normales.

El grupo del que hablo bañaron su férrea vergüenza en vino y cerveza. Y entre trago y trago se escuchaba «yo no». Todos al unísono se alejaron de la naturalidad, posiblemente encubriendo, el temple ardoroso del amor por uno mismo. Digo yo... Igual me equivoco.

Pienso que somos nuestra propia causa, nuestro amigo inmortal, nuestro destino sin profetizar, nuestro amor propio. Por lo tanto, no es una «terrible» causa masturbarse. ¿O sí?

Me apresuro a pensar que el grupo del que hablo, la próxima vez que vean en prensa una noticia sobre el onanismo, pasarán la hoja mojando el dedo en el prejuicio. Qué rato más malo pasaron...

En la serenidad de la cama nuestro generoso corazón rinde homenaje al deseo y al amor. A veces, en soledad, otras en compañía. No, no es un problema alcanzar la pasión con uno mismo. El problema es arrojar los versos de un poeta solitario junto a la pared del tabú. Afortunadamente nacimos humanos; y por suerte algunos estímulos son vida.

Siempre me gustó Verlaine. Sí, con su prosa se alejó de todo motivo dogmático. Igual se trata de ser la resonancia de uno mismo, y por supuesto, huir de aquello que sea sinónimo de prejuicio. Ya ven, un mínimo detalle sirve para pensar, de la contemplación nacen las letras de muchas músicas.

Las palabras deben ser claras, sólo así no dejaremos morir nuestra maravillosa lengua. Por lo tanto, concedamos a todas su lugar.
El inmenso silencio de la noche nos obliga a conversar con nosotros mismos... Cada uno a su manera.

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