22 de mayo de 2019
22.05.2019
El dulce porvenir

Una velita a las elecciones

Le pediría a las santas elecciones municipales que en la próxima legislatura se hiciese una planificación turística adecuada

22.05.2019 | 05:00

Me río por encima del hombro cuando me paso de listo. Me parecía absurdo que se le pidieran buenos deseos al año nuevo (sobre todo en los muros de los perfiles de las redes sociales de mis amigos) por considerar que el peor día de resaca de mi almanaque no era un santo al que ponerle una velita, ni un genio maravilloso que te estuviese agradecido por darle brillo a su liberación. Las cosas que se piden con las voces interiores se piden a quien se tienen que pedir, o sea a quien corresponda de entre los magos sobrenaturales, a través de sus medallas y estampitas, que para eso están, y por estricto orden consuetudinario, o no se piden en serio. ¿Cómo que «le pido al nuevo año que me salga un trabajo»? ¡Eso es imposible! El año nuevo no es milagroso, no. Incluso un almax hace milagros si tienes ardores pero un año nuevo, no, de verdad que no, nunca. Así que cuando leía las solicitudes microeconómicas que se enviaban al oráculo de facebook, dependiendo de quién las hiciera, o me indignaba por la soberana tontería o me lo tomaba a chufla, con regodeo de meme. Pero lo peor de saber más que nadie siempre es la estricta soledad que te genera ser un enterao. Reconozco que es mucha más divertido bajarse de la atalaya de la certeza ciega y rogarle, mejor dicho, pedirle –feo es pedir pero peor es rogar– a las elecciones municipales que te concedan tus deseos.

A las elecciones municipales les pido (qué sensación tan estupenda), en primer lugar, que se reestructure y se modere la política cultural de la ciudad para que no se pierda totalmente la gran inversión en humo que se ha realizado en los últimos años. Museos para mirones en una ciudad sin mirones interesados es como pedirle al nuevo año que surjan amantes del arte por generación espontánea que justifiquen tal despilfarro. Si en vez de contenedores de cuadros hubiésemos abierto contenedores de focas, nos quedarían las focas. En vez de eso, tendremos gemas invisibles y edificios que regalar a las cofradías en cuanto alguien con el mínimo conocimiento grite lo de sálvese quien pueda, segundos antes de que todos huyan espantados.

Corregido el mal camino cultureta, lo siguiente que le pediría a las santas elecciones municipales sería que en la próxima legislatura se hiciese una planificación turística adecuada que intentase corregir los perjuicios que el constante incremento de visitantes causa en la población local. La absoluta falta de previsión siempre ha pillado a contrapié al último gobierno de la ciudad. No se puede consentir un incremento del 40% en el precio del alquiler de la vivienda en la capital. Pero ocurre. A lo molesto persistente, siempre acabas acostumbrándote.

Puestos a pedirle a la magia de las elecciones, también me gustaría que mejorase la limpieza de la ciudad, claro. Y si no nos echaran la culpa por mancharla, ni a nosotros ni a los árboles, mejor. Si no hay que darle un dineral a las empresas privadas asegurándole beneficios cada año, mejor que mejor. Y si en vez de 50 calles, se baldean 500 diarias, saltos de alegría. Mi calle barriobajera limpita todos los días, por el canon de un museo, ¿hace?

Con esas tres cositas, sólo me quedaría pedirle a las municipales que acabasen las obras del metro pronto, que se protegiese nuestro patrimonio arquitectónico e histórico mejor que hasta ahora y no hubiese ninguna Villa Maya más borrada de ningún mapa y, para acabar, que me tocase la lotería.

Aunque con un buen gobierno, a todos nos tocaría.

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