10 de julio de 2019
10.07.2019
360 grados

Las dificultades de los alemanes para criticar a Israel

¿Puede criticarse a Israel como a cualquier otro Estado? ¿O tiene una licencia especial para atropellar a otro pueblo sólo en atención a la tragedia del Holocausto?

10.07.2019 | 05:00
Museo Judío de Berlín

Es totalmente comprensible que una nación como Alemania, que bajo el régimen nazi, asesinó a seis millones de judíos – junto a gitanos, homosexuales, comunistas y otros seres humanos– tenga siempre dificultad para criticar a Israel.

No en vano la canciller federal alemana, Angela Merkel, declaró solemnemente en cierta ocasión que el derecho a existir de Israel, su función de refugio presente y futuro de todos los judíos, forma parte de la «razón de Estado» de la República Federal.

Estamos viendo de nuevo esa dificultad en relación con la campaña internacional de Boicot, Desinversión y Sanciones a Israel por sus continuas violaciones de los derechos del pueblo palestino, denunciadas una y otra vez, aunque sin éxito, por las Naciones Unidas.

Es cierto que el llamamiento que en ella se hace al boicot de los productos israelíes no suena lo mismo en países que no tuvieron nada que ver con aquel genocidio que en Alemania, donde a muchos les recuerda el ominoso eslogan nazi '¡No compréis a judíos'.

¿Es lícito criticar la actual política israelí? ¿Puede criticarse a Israel como a cualquier otro Estado? ¿O tiene una licencia especial para atropellar a otro pueblo, para desposeerle poco a poco de sus tierras, sólo en atención a la tragedia del Holocausto, en la que ése no tuvo arte ni parte?

No son pocos los judíos del propio Israel y del ancho mundo que no están en absoluto de acuerdo con la política israelí de hechos consumados del Estado judío, pero a veces se presta mayor atención al poderoso lobby de quienes la justifican o defienden.

Y lo hacen acusando injustamente a los críticos de un supuesto 'antisemitismo' cuando lo único que ésos denuncian son hechos que serían absolutamente condenables si, en vez de Israel, los cometiera cualquier otro Estado.

En una polémica de ese tipo está actualmente involucrado el Museo Judío de Berlín, cuyo director, Peter Schäfer, conocido estudioso del judaísmo, ha dimitido tras los ataques de que fue objeto su gestión por parte del presidente del Consejo Central de los Judíos de Alemania.

Un guía de ese museo, que presentó también su renuncia, escribió al diario israelí Haaretz para denunciar la influencia que intentan ejercer sobre esa institución tanto el Gobierno israelí, a través de su embajador en Berlín, como el Consejo Central judío.

Detonante de lo ocurrido fue una exposición organizada por el museo y titulada en inglés Welcome to Jerusalem (Bienvenidos a Jerusalén), que, para unos, presentaba la ciudad santa como un excitante lugar de encuentro de las tres religiones monoteístas, mientras que para otros, tenía un excesivo sesgo pro-palestino.

El presidente del Consejo Central de los Judíos de Alemania, un médico internista llamado Josef Schuster, se dijo «harto» de la gestión del museo. Éste parecía «descontrolado» hasta el punto que, según explicó, «había que preguntarse si podía seguir calificándosele de judío».
La gota que colmó el vaso fue la recomendación en un tuit de la oficina de prensa del museo de la lectura de un artículo aparecido en el diario berlinés TAZ relativo a la crítica que habían hecho 240 científicos judíos o israelíes a una declaración de condena de la campaña de boicot a Israel por parte del Parlamento alemán.

El embajador de Israel en Berlín calificó aquel tuit de «vergonzoso» mientras que medios israelíes hablaron de un Museo judío «antijudío». Frente a esas voces críticas, cerca de una cincuentena de personalidades judías de todo el mundo salieron en defensa del director del museo y de la autonomía de una institución financiada por el Estado alemán.

Entre esos defensores, el diario alemán Süddeutsche Zeitung, que como otros se ha ocupado ampliamente del tema desde que estalló la polémica, cita a Amos Goldberg, profesor de la Universidad Hebraica de Jerusalén y uno de los 240 judíos o israelíes que protestaron contra la condena de los parlamentarios alemanes a la campaña de boicot a Israel.

Goldberg toma partido por el dimitido director del museo, dice no estar personalmente a favor de esa campaña, pero argumenta que no se puede tachar alegremente a nadie de antisemita por la simple sospecha de que la apoya. El profesor califica la decisión del Parlamento alemán de «triunfo del Gobierno ultranacionalista» israelí.

La joven escritora judía Deborah Feldman, autora del libro autobiográfico Unorthodox, pone otras pegas al museo que las expresadas por el presidente del Consejo Central y es la, en su opinión deficiente calidad de las exposiciones, con su tendencia al kitsch y al folclore judío.

Feldman, nacida en Nueva York, pero residente en Berlín, espera que la actual crisis del museo anime a los futuros responsables a ser más valientes y mostrar la gran diversidad del judaísmo. ¡Esperemos que así sea!

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