10 de noviembre de 2019
10.11.2019
La señal

La madre de Satán

10.11.2019 | 05:00

La Policía Local frustra una concentración (ahora se llama quedada) de unos ochenta menores para causar destrozos la noche de Haloween. Si es lo que te digo, tenemos la juventud más preparada de la historia de España. Por eso, volcaron coches y destrozaron todo lo que encontraron a su paso, poniendo en práctica sus muchos conocimientos y valores. Estos, y los que en la noche de San Juan abandonan más de veinte toneladas de basura en las playas de la capital, son un buen ejemplo de ciudadanía. Los burgos podridos, decía don Ramón María.

Pero la burricie no solo pasta así, ni mucho menos, no hay más que rascar un poco de la purpurina de algunos candidatos que hoy se exponen al voto popular. Aunque, según los turiferarios de Antonio García Trevijano, en España no hay democracia. Coinciden con otros, los bilduetarras y los antisistema en general, bien es verdad que por razones distintas, en este diagnóstico para ellos inapelable proclamado por su pontífice, al que tratan de don. Pero ahora que ha muerto el crítico y teórico literario Harold Bloom no hay canon posible. Y combaten con espadas de madera, los muy osados, a Manuel Arias Maldonado, que les rebate finamente, pero es imposible desatar una idea en quien se agarra a ella como el náufrago en la mar a un madero. Y es que este es un país en el que aquellos que se quedan en la cuneta no se conforman con su suerte y tiran piedras a los coches que pasan, esperando así el accidente. Es el caso del que fuera coordinador de la Junta Democrática de España, que perdió, precisamente gracias a los votos, en su apuesta por la ruptura frente a la reforma, y ahí se quedó, con la herida abierta. Si esta democracia descarrila, los que llegan, no se olvide, son los nuevos bárbaros, que ya están alrededor del castillo, y sus compañeros de viaje, sin saberlo, habrán sido estos ingenuos, en muchos casos bienintencionados. Por eso digo que la madre de Satán, un peligroso explosivo que utilizan algunos yihadistas y que a unos cuantos se los ha llevado por delante, no es muy recomendable para hacer prácticas. Fíjense si no en las alimañas que agredieron a quienes se encaminaban a la entrega de los premios Princesa de Gerona en Barcelona, y es que llevan en sus plaquetas el odio.

Pero el gran acontecimiento de la semana ha sido, sin duda, el Congreso de CEDE, que ha invitado al Palacio de Ferias a algunos de los mejores talentos de este país. Allí me reencuentro con Julio Andrade Baeza. Resulta que acaba de regresar de Siria, nada menos, de tratar con empresarios del país posibilidades de inversión en Andalucía. Los negocios de riesgo pueden ser muy rentables pero tienen eso, más riesgo. Le digo que como se entere Trump no le va a gustar su acercamiento a Bashar Al Assad, y nos reímos en serio.

Toca almuerzo en Las Hazuelas, Antequera, frente al magnífico Museo de la Ciudad, en el que me quedo maravillado ante los cuadros pastel de José María Fernández acerca de los misterios del mal en carnaval. Bueno, y la colección de Cristóbal Toral, que ni mucho menos se reduce a maletas, sino a la soledad y las desesperanzas más íntimas. En cuanto a los platos, el lagarto y el flamenquín (que incorpora al jamón y el queso el tomate seco) muy dignos, y el bienmesabe, claro. Se comenta un grafiti de Málaga, «ecofeminismo o barbarie», y llega uno y escribe debajo «barbarie», eligiendo entre los dos términos, como si se tratase de una pregunta; pero en el Soho se lee «no queremos tu piropo, queremos tu respeto» y llega otro (u otra) y sobrescribe «putas», y no sabe que se le vuelve la palabra como un boomerang y le hace un favor a quienes quería dañar, y pasa así a tonto del haba (también tontolaba). Pero podemos disfrutar de «Los desnudos», de Antonio Lucas, ganador del Premio de Poesía Generación del 27, una mirada más vital y reposada del mundo. Pedro Calderón de la Barca también lo hizo:

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

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