10 de noviembre de 2019
10.11.2019
Nuestro mundo es el mundo

Superar el bloqueo político

10.11.2019 | 05:00

Gideon Rachman, editorialista del Financial Times, ha escrito que vivimos en la era del bloqueo democrático: «Los países celebran elecciones que no arreglan nada. Entonces vuelven a celebrarlas, pero se encuentran con un resultado que tampoco permite formar Gobierno. Y tienen que seguir intentándolo».

Rachman se refiere específicamente al caso de España –cuatro elecciones generales en cuatro años– y al de Israel, que tras dos elecciones este año parece encaminarse a unas terceras. España e Israel tienen leyes electorales proporcionales pero una similar tendencia al bloqueo se encuentra en otros países. En la seria y estable Alemania se tardó cinco meses en poder repetir la gran coalición tras las elecciones del 2017. La razón del bloqueo la atribuye Rachman a la fracturación del sistema de los dos grandes partidos, que debe tener causas diversas entre ellas sociales, y a la radicalización producida por la emergencia de partidos de extrema derecha. En España el bipartidismo imperfecto explotó con la aparición de dos nuevos partidos, C's y Podemos que no han regenerado el sistema, sino que lo han complicado. Y este año por la emergencia de Vox a la que los sondeos colocan como tercera fuerza sustituyendo a C's. Si, fractura del bipartidismo y radicalización. En España los dos grandes partidos tienen culpa porque no supieron abordar –ni junto ni separados– la gran crisis económica y tampoco han sabido encauzar la crisis catalana. Al contrario, Cataluña se ha convertido desde hace años en el principal argumento del PP y de C's contra el PSOE. Pero los últimos acontecimientos –la aparición de brotes violentos independentistas– parecen estar dando más empuje a Vox que al PP y C's.

Nos podemos encontrar pues esta noche con un nuevo bloqueo en el que la existencia de seis partidos "nacionales" más varios nacionalistas nos dé un parlamento con grandes dificultades para lograr una investidura, no digamos ya una gobernabilidad razonable. Pedro Sánchez propone que –sin acuerdo– se deje gobernar a la lista más votada pero eso es sólo un deseo de parte que, al no estar implementado en la ley, puede perfectamente obviarse. Toca entonces apelar a la responsabilidad y a la capacidad de pacto de los partidos, pero tampoco hay ninguna razón para que se produzca ahora lo que, quizás en mejores condiciones, no se logró tras las elecciones de abril.

Con todo lo más preocupante es la radicalización. Sectores de la derecha española han sido desde siempre reticentes o contrarios al autogobierno catalán, pero la declaración unilateral de independencia del 2017 ha aumentado este anticatalanismo y la aparición reciente de brotes de violencia en el movimiento independentista, desconocidos hasta ahora y que no han sido condenados con la suficiente puntualidad y contundencia por el president Torra, ha agravado esta intolerancia que se visualiza en el sensacional crecimiento de Vox en las encuestas. Y lo peor es que el PP de Casado –que había iniciado una cierta moderación– y C's, que gesticula continuamente para evitar el ahogo que le predicen las encuestas, están siguiendo la radicalización de Vox. Sólo así se entiende que la Asamblea de Madrid haya aprobado una moción de la extrema derecha, apoyada por C's y el PP, en la que se pide la ilegalización de los partidos independentistas. Es una declaración impropia de una Comunidad Autónoma pero lo más grave es que niega el estado de Derecho y el principio de pluralidad política ya que la ilegalización corresponde –como pasó en el caso de Batasuna– al Tribunal Supremo y en su caso al Constitucional. Además, la ilegalización de partidos que en Catalunya tienen el apoyo del 47% del electorado sería un disparate mayúsculo ya que negaría de forma espectacular el principio de libertad de asociación y el de pluralidad política.

¿Cómo dos partidos de centro–derecha se han podido dejar arrastrar a tal monstruosidad política? Seguramente por vértigo electoral ante unas encuestas que dan a Vox casi los mismos diputados que ahora tenía C's. El gran peligro del bloqueo político no es sólo la ingobernabilidad, sino que en el caso catalán –el problema político mas relevante que tiene España– conduce al vértigo electoral y a una muy perniciosa radicalización que sólo puede conseguir hacer mas grave e irresoluble el problema.

Hoy toca votar en unas elecciones que pueden ser decisivas y en las que sería positivo que se redujesen los riesgos de bloqueo y de radicalización que cada vez están haciendo el ambiente más irrespirable.

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