14 de noviembre de 2019
14.11.2019
Al margen

¿Qué es ser escritor?

14.11.2019 | 05:00

Los escritores somos vivientes privilegiados. Nuestras creaciones, muchas veces, son la casualidad humana que con desesperada pujanza se abre camino entre la vida. Un escritor se adentra en todo; en la contradicción flagrante encontramos la grandeza de la idea. De José Alvite aprendí muchas cosas, una de ellas es: «No te expreses de una manera cómoda, sé el capricho que con actitud busca el concepto en la calle». La fecundidad, la mayoría de las veces, está sumergida en la penumbra de la observación y con misteriosa energía tuerce lo rígido. Junto al arrebato de tomar apuntes de la vida, lo digo con absoluta franqueza, también está el aburrimiento. No, no todo, tiene la gracia de la forma que al arder entre la idea se convierte en prosa. Ni todo, ni todos... Junto al misterio de los cuerpos, muchas veces, solo vemos las oscilaciones de las sombras y sin pensarlo, alejamos la idea de lo que es un sombrío preludio de una mala síntesis. ¿Cuánto aburrimiento cuesta una buena columna? Precisamente, junto al severo tiempo, se plasma lo innato que hay en nosotros: desde las reservas mentales, al desconsuelo colérico que descarga en cualquier parte. A veces, esperando la nitidez de una buena línea, he sentido el bostezo. Sí, sin mucha consideración me avisa del cambio de ruta y me advierte que junto al suelo estéril es imposible encontrar frutos.

Escribir es estar libre de prejuicios. Fragmentar una opinión por miedo «al qué dirán» es evitar el sabor de lo auténtico y ponerse a disposición de las miradas. Todo aquello que es improvisación de falsedad a la larga se nota... Un buen escritor no escribe para satisfacer a nadie; si lo hace condena a muerte su esencia y se convierte en mercancía de unos y otros. El cariño de nuestros lectores no debe ser la obediencia de la palabra precisa que ensaya el afecto. Creo que es más gratificante el odio sincero, que la exaltación insincera del halago excedido. El qué dirán es un sepulturero impaciente con ganas de polvo y cenizas. Superada la descomposición del prejuicio la vida se comprende de otra manera...

Me gustaría terminar dándoles las gracias a mis lectores. Su cariño son las gotas de sal que ablandan mi corazón y lo ponen a disposición del respeto.

Hay una frase de mi admirada Lou Andreas Salomé que hago mía: «No puedo vivir conforme a ejemplos ni voy a representar jamás un ejemplo para nadie, pero en cambio voy a darle forma a mi propia vida de acuerdo conmigo misma, eso sí lo voy a hacer, pase lo que pase».

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