26 de mayo de 2020
26.05.2020
La Opinión de Málaga
El palique

Y usted, ¿a qué piso va?

El colmo de la rebeldía es llamarlo descensor. El ascensor es un ataúd que huye del entierro

26.05.2020 | 05:00
Y usted, ¿a qué piso va?

España es uno de los países con más ascensores del mundo. Eso dice un titular. No sé si me pone nervioso o cachondo imaginar que hay un señor o señora que se dedica a contar los ascensores por países y habitantes. Seguro que también hay otros dedicados a medir cuántos pleonasmos se producen en una región o cuántos rábanos, hogueras o lámparas se cultivan, encienden o fabrican en una comarca. Somos un país en ascenso. Los ascensores son expertos en meteorología. El colmo de un ascensor es que dentro de él dos desconocidos, para matar el silencio, hablen de ascensores. Los viejos ascensores no nos suben, nos cargan. Es el ascensor el único ataúd que puede llevarte al cielo. Rebelde total: un ascensor que baja. En Inglaterra, aficionados a llevar la contraria en todo,  conducir por la izquierda y pesar en libras, deberían llamarlos descensores. Italia nos gana en número de ascensores. Cuando un español sube, el italiano ya ha bajado. Nunca te acostarás sin que un titular te enseñe una cosa más. Hay gente que confunde las estadísticas con las noticias. Una cifra sin contexto es un número que va a ninguna parte. O sea, un número montado en un ascensor descontrolado.

No es que tenga claustrofobia, es que los ascensores son muy pequeños. Se le hacen pocos poemas a los ascensores, señal inequívoca de la cantidad de poetas que viven en la planta baja. Los ascensores han descansado en el confinamiento. Las escaleras tienen celos del ascensor. Pero durante el confinamiento se han resarcido. Las hemos bajado y subido para hacer algo de ejercicio. Cuando un ascensor se estropea gravemente y su reparación es costosa, los vecinos de las plantas más bajas muestran su verdadera solidaridad. En los ascensores del Empire State uno reza para que los ingenieros de ascensores sean Dios y no se equivoquen. La última planta está a 373 metros. Al llegar, piensas que eso es lo más lejos que vas a llegar en la vida, por muchos ascensos que logres. El trepa sube en ascensor para medrar antes. Los ascensores deslumbraron a Julio Camba y también a Josep Pla cuando viajaron a Nueva York. Cada uno en un momento diferente. En 1954, el editor Josep Vergés propuso a Pla visitar Nueva York y escribir una serie de crónicas para la revista Destino. Están en el libro 'Fin de semana en Nueva York'. Dice el catalán al bajar del taxi en las inmediaciones del rascacielos para visitarlo: «Me metí en el ascensor con un cierto pánico porque me habían dicho que estos aparatos en América son manejados brutalmente. Suben a grandes velocidades y bajan dejándose caer de manera que el usuario pueda sentir su corazón en la garganta. El estado de esta víscera cordial no me permite realizar estas filigranas (...) pero lo cierto es que los manejaron sin que notáramos sensación angustiante». Lo angustiante habría sido que Pla no escribiera estas cosas, pues no habría literatura sobre ascensores. Sí hay literatura de ascensor, que es esa breve y de móvil que podemos leer o mirar rápido para que el trance del rato en ascensor se haga más corto. No sé a qué planta va usted, por cierto.

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