27 de septiembre de 2020
27.09.2020
La Opinión de Málaga
La señal

Albert y Malú frente al mar

27.09.2020 | 05:00
Albert Rivera.

La terraza de la habitación –hotel Los Monteros, Marbella– quedaba apenas cubierta por los últimos rayos de sol de la tarde. La infinitud del mar y el cielo se repartían todo lo demás. Ella le preguntó si quería hielo. Sí, por favor, solo un cubito. Después del almuerzo habían jugado al billar cerca de la recepción, ahora descansaban con los pies encima de la mesa y la suave brisa de septiembre en sus rostros. Albert había llegado a Málaga a principios de semana, quería tratar algunos asuntos con su equipo de Martínez-Echevarría & Rivera antes de volver a Madrid. Malú tenía más tiempo por delante gracias al bichito. Ella le había dicho en privado que lo de añadir su apellido al nombre del bufete le parecía un error y que sería entendido en clave narcisista, él no estaba de acuerdo, obviamente, pisaba fuerte y quería dejarlo claro desde el principio, pero en fin, ya se verá, zanjó.

Albert, sin saberlo –ahora bebía de su copa un ron largo– llevaba a la práctica aquella máxima de Valery según la cual las obras no se acaban sino que se abandonan. Eso había hecho él. Pero no terminaba de dejar atrás los demonios de la política española y, de vez en cuando, decía algo, no podía remediarlo, y no quedaba mal, además, estaba bien entre tanta «infoxicación» a la que estamos acostumbrados. Un periódico había titulado, refiriéndose a él, «el artificiero que acabó quemado», y eso ya no le gustó, pero estas son las reglas, no hay reglas. De todas formas, soy joven y puedo equivocarme algunas veces más, aunque voy a procurar que sean pocas, y sonrió para sus adentros.

Malú, los ojos cerrados pero la cabeza despierta, bebía agua con gas y lima, y pensaba que poco había faltado para que las marchas contra Isabel Díaz Ayuso en Madrid fueran un 8-M bis, pero no, y sin Irene Montero no era lo mismo. De aquella manifestación arrancó todo, la gran mentira, y ya el Gobierno siempre fue con retraso y los muertos empezaron a acumularse hasta en la pista de hielo. Pero había que reconocerlo, aunque nadie lo dice, Illa y Simón han representado muy bien sus grandes papeles. Todo era posible porque un gobierno decidido es mucho gobierno, y eso es lo que Albert no calibró, o lo entendió al final y disparó a ráfagas queriendo exorcizar al enemigo. De todas formas, hay cosas que nunca se sabrán, ¿quién era?, ¡ah!, Paul Avrich, un historiador, ¿sabes Albert?, hay una frase que me ronda la cabeza desde hace varios días, lo que se cuenta en los libros también puede suceder realmente, pero lo que realmente sucedió no se puede escribir en ningún libro, lo digo porque tú acabas de publicar el tuyo, ¿es así, cariño? Pues supongo que sí. Desde luego, no voy a vender tantos libros como tú discos, ¿son cinco millones, no?, pues eso me dicen, pero yo no los he contado, y ella se río abiertamente cogiéndole de la mano. Ahora estaba con una nueva compañía, Sony Music, y era pronto para saber el mañana, con Albert llevaba algo más, desde 2018, pero tampoco mucho, solo tengo 38 años, Dios mío, cómo digo solo.

A Albert le gustaba su voz de mezzosoprano y muchas cosas más y, sobre todo, estaba más relajado, es que antes era casi irresistible la marcha que llevaba y eso, probablemente, lo había percibido el electorado, lo había hablado con Villegas –al que se había llevado al despacho y, además, a la cúpula–. Pero cualquier experiencia es enriquecedora si se sabe llevar bien, ahí está la clave. Y miró el tobillo de ella, que había sufrido dos operaciones y que ya parecía en plena forma, percances, se llama esto. Y ahora Inés que hace, precisamente, lo contrario que hice yo para dibujar su imagen en la escena, pues va a tener que tragar bastante, empieza el tercer acto de esta ópera en la que el poder y la pasión se dan la mano, ¿cómo podíamos titularla?, quizá€Tosca es el nombre más apropiado. Y agarró su mano con fuerza, y ella lo notó. Malú cantaba:


Busco tu sombra, tengo ilusiones,
pierdo tu aliento y empiezo a temblar.
Nombro tu vientre, nacen canciones,
miro tu pena y rompo a llorar.
Toco tu mano nada me asusta,
miro tus ojos y me hago inmortal.
Muerdo tus labios, acaban mis dudas,
beso tu frente sé la verdad.

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