No hace falta que te diga que esto no me hubiese gustado escribirlo nunca. Pero la vida es así. Maldita jugada. Muchos la han visto en vídeo y me la han contado. Yo no he podido verla. Pero es que tampoco lo necesitaba. Ya la vi en vivo. Y ví tu cara gritándome «¡se me ha ido, se me ha ido!». No hacía falta más. Ya sabía que, independientemente de la gravedad de la lesión, que al final ha sido muy grave, no volverías a jugar en estos dos meses que nos quedan de competición.

Pero me niego a hablarte de penas ni de mala suerte. Es evidente que sin ti somos peores pero eso ahora no importa. Lo importante eres tú. Y tú estás haciendo que mi admiración por ti sea mayor incluso, por cómo estás afrontando todo esto. Mirando hacia delante, con positivismo y con ganas de tener el alta lo antes posible para recuperar tu vida normal. Sabemos que no va ser rápido, que van a pasar muchos meses y muchos momentos malos. Pero como tú dices, los momentos malos cuando esté yo sola, que nadie me vea.

Para estas cosas es fundamental trabajar muy duro ese cuerpo pero incluso es más importante tener la mente muy fuerte. Estoy convencido de que ambas cosas las vas a hacer y que conseguirás tu nuevo reto, recuperar esa rodilla a la perfección.

No puedo negarte que ha sido un lujo entrenarte. Cuando te llamé la primera vez para reclutarte, tenía el recuerdo de aquella niña que jugaba en Los Guindos y que era buenísima. Muchos me decían en aquella época que esa niña era de las mejores de su generación. Estaba nervioso porque iba a fichar a aquella niña que veía entrenando cuando yo iba al pabellón a trabajar con la cantera. Pero te reconozco que me equivoqué. Evidentemente, ya no eres una niña, eres una mujer. Y no eres aquella jugadora, ¡¡eres mucho mejor!! Conoces el juego y pasas el balón increíble. Sabes a quién pasárselo y dónde. Es imposible que tu equipo no juegue a ganar estando tú porque eres muy competitiva y transmites esa competitivad al resto. Pero es que además, encima, defiendes perfecto. Conoces la táctica y la técnica defensiva. Tenerte es fabuloso por eso y porque enseñas a tus compañeras. Y lo haces no solo poniendo en práctica lo que se debe hacer, sino explicándoselo. He flipando viéndote hablar con alguna de ellas porque, quizás yo no sabría explicar mejor que tú lo que hay que hacer y cómo hacerlo. Y es que el reto de entrenarte cada día era muy bonito porque no es fácil entrenar a una entrenadora. Equivocarse no era opción. Tenía que tener respuesta táctica para cualquier pregunta puesto que no quería que te decepcionara tu entrenador.

Y es que tú eres una entrenadora, no cabe duda. Y sé que serás una de las mejores. Ya sabes que estoy loco por ver a tu equipo jugar. Sé que voy a pasar un rato divertídisimo viéndolas porque serán el reflejo en la pista de su entrenadora.

No sé qué pasa por tu cabeza en un futuro. No hemos hablado de ello. No es el momento porque ahora hay cosas más importantes. Pero sé que el baloncesto no te va a perder. Todo lo contrario, el baloncesto está formando a una de las mejores entrenadoras que será el futuro del baloncesto en Málaga. Recuerda esto que te digo.

Pero antes de eso te queda ganar este campeonato que se te ha presentado. Me demuestras que tu cabeza está preparada para ganarlo. Alguna piedra te encontrarás en el camino, esperemos que las menos posibles, y la superarás seguro porque no estás sola, ni te has lesionado sola ni te vas a operar sola. Todos nos hemos lesionado y todos pasaremos por el quirófano contigo. Vamos a empujarte entre todos para que esto pase lo mejor posible el tiempo que necesites para recuperarte.

No puedo terminar sin darte las gracias por todo lo que me has hecho mejorar como entrenador todos estos meses. Ha sido un privilegio del que he disfrutado. Pero esto no voy a dejar que acabe aquí. Pienso seguir disfrutando de ti, ahora como entrenadora. Y seguiré hablando contigo, si te parece bien, ahora como entrenadores.

Vamos a por todas, Poki. Un beso grande.