El 18 de marzo de 2001 Pau Gasol se presentó al mundo del baloncesto como un jugador dominante y que podía marcar una época. Era la final de la Copa del Rey, en Málaga, ante el Real Madrid de Sergio Scariolo. La salida del equipo de la estrella NBA, Ronny Seikaly, le dio un sitio en la rotación de Aíto García Reneses que se fue estirando según avanzó la temporada.

Después de realizar algún gran partido, como ante el Buducnost en la Euroliga donde anotó 23 puntos, ante los blancos lideró a su equipo a la victoria y conquistó el MVP. Se fue a los 25 puntos y 39 de valoración, pero lo más impresionante de aquella exhibición fue ver como al final del partido forzaba personal tras personal y no le temblaba la mano a sus 20 años para anotar un 6 de 6 en los tiros libres para sentenciar el encuentro.

Han pasado otros 20 años y el mejor jugador de la historia del baloncesto español se despide del equipo que más ha querido, la selección española de baloncesto en esta cita olímpica que arranca en Tokio.

Su palmarés es tan grande que si lo describiera ahora no podría escribir otra cosa pero la grandeza de Pau no esta en la vitrina de trofeos, está en su cabeza. Su liderazgo, su mentalidad, su forma de trabajo, su trato a los aficionados y a la prensa han marcado un antes y un después en todo el deporte español.

El éxito de la selección no sería entendible sin el liderato de Pau, más allá del talento, el de San Boi ha sabido liderar desde la humildad, el ejemplo y el trabajo y «los métodos» de la selección se han exportado a otros deportes como el fútbol.

La generación del 80 ha servido de núcleo central a un grupo de jugadores que contaban los días que faltaban cada temporada para reunirse con sus amigos para jugar al baloncesto, contarse sus historias, divertirse y ademas, ganar. Un grupo leal que sabe hablarse con franqueza y dureza en los malos momentos y trabajar duro para superar las adversidades pero sin olvidar nunca lo que les une, la amistad y los buenos momentos que pasan juntos.

Un grupo abierto que es capaz de continuar integrando nuevos miembros que van asumiendo la misma filosofía y van dando continuidad a esta maravillosa historia de éxito. Así se explica el éxito del Mundial de 2019.

Un grupo que ha tenido los entrenadores que ha necesitado en cada momento, que les han entendido y han sabido sacar lo mejor de ellos sin arrebatarles su alegría y su esencia. Charly Sainz de Aja, Pepu Hernández y Sergio Scariolo han sabido unirse y unir más a este grupo para llevarlo al éxito, desde la unión, el entendimiento y huyendo de la imposición.

Desde mañana, este grupo de «buscadores de oro» realiza su último «hurra» en la búsqueda del único tesoro que les falta, el oro olímpico. ¿Es difícil? Sí, ¿Es imposible? Nunca apuesten contra Pau Gasol en una cancha de básket.

Pau ha conseguido lo más difícil, volver a la élite después de 2 años lesionado. Su lesión retiro a muchos jugadores, entre ellos a Yao Ming, pero no ha podido con un jugador que lleva más de 10 años jugando con dolor y superándose partido a partido. Nuestra selección es consciente que su oro olímpico era el de 2004, ese que se perdió en una noche ateniense a manos de Stephon Marbury. Un torneo en el que España ganó a los dos finalistas y que terminó con Pau como máximo anotador y taponador del torneo.

En 2008 se compitió pero se estuvo lejos. En 2012 se pudo ganar y sólo la lesión de Navarro y algunos pequeños detalles nos privaron de la gloria olímpica. Ahora toca rendir cuentas con los anillos olímpicos en un torneo muy abierto donde 6 selecciones se van a jugar 3 medallas y donde la suerte de los cruces será muy importante.

Gasol ya esta en el Olimpio del baloncesto europeo y americano pero hay 2 huecos que todavía se pueden llenar. El primero empieza mañana, la lucha por el oro olímpico, el segundo… quién sabe… quizás en septiembre en busca de su primera Euroliga. Mucha suerte y muchas gracias Pau.