Durante el periodo estival, los responsables del área deportiva de los clubes mueven sus contactos entre las agencias de representación de cara a incorporar las piezas que compongan el mejor puzzle en cada plantilla. No es fácil encontrar un mirlo blanco y mucho menos hacerse con los servicios de un primer espada. José Luis Mateo, director deportivo de Obradoiro, especialista en fichar jugadores con apellidos impronunciables y futuro prometedor, ha tenido este verano que afrontar la difícil misión de encontrar recambio a quien ha sido cabeza visible del proyecto santiagués a lo largo de las últimas 7 temporadas.

Tras recuperarse de una complicada lesión de rodilla, el malagueño Pepe Pozas emprende una nueva etapa en el Betis a las órdenes de Joan Plaza. Capitán e histórico en varias categorías estadísticas, deja tras de sí un hueco enorme en el corazón de la ruidosa hinchada del Fontes do Sar. Pozas, rebautizado como Pepiño, compañero de Alberto Díaz y criado en las canchas del CB El Palo, se ha instalado entre los nombres de oro de un conjunto con más de medio siglo de historia. Aunque hablando de bases, ninguno tan relevante para Obradoiro como el protagonista de hoy: Ricardo Aldrey Rey.

Nacido en Santiago y criado en el seno de una familia numerosa, Ricardo tenía un talento especial para el deporte. Compaginó el baloncesto con otras especialidades, aunque su idilio con la pelota naranja fue más fuerte y acabó alcanzando su sueño de debutar en el Obradoiro. Gracias a su ética de trabajo y magníficas cualidades, Aldrey comenzó una trayectoria ascendente hasta convertirse en el mejor base gallego de la historia y jugador referencial en la década maravillosa de la ACB.

En las filas del conjunto de su ciudad logró el hito de clasificar al equipo júnior a un Campeonato de España cuando únicamente lo hacían ocho equipos. Conquistó al entrenador yugoslavo Todor Lazic en una pretemporada y se ganó a pulso un hueco en la primera plantilla del club gallego. Pese a que Obradoiro no consiguió la estabilidad en la máxima categoría, Aldrey iba asumiendo galones en la 1ª División B, permitiéndole que Antonio Díaz Miguel le convocara para disputar un amistoso con España frente al Joventut. Al tratarse de un partido homenaje a Enrique Margall, no se puede considerar su participación como una internacionalidad.

Como era de prever, su buena labor dentro de la pista le situó en la órbita de clubes más relevantes (corrió el rumor que Aíto le quería incorporar al Barça), pero fue Juan Fernández, presidente del vecino OAR Ferrol, quien consiguió hacerse con sus servicios. A lo largo de 8 años formó una de las parejas exteriores más recordadas de los 80 junto al escolta Manolito Aller, llevando al conjunto ferrolano a sus mejores temporadas en la ACB. En la actualidad es concejal de su ayuntamiento y coordinador del baloncesto base en el Baxi Ferrol de la Liga Femenina.

Más de allá de sus logros individuales, me ha resultado muy esclarecedor el testimonio de dos compañeros que lo conocen a la perfección, como son Miguel Juane y Anicet Lavodrama.

Juane, compañero desde los equipos inferiores de Obradoiro, me transmitió su capacidad de liderar equipos y vestuario desde la discreción. De ese modo, gracias a su personalidad tranquila y positiva, se ganó el respeto de sus compañeros y era el jugador ejemplar para todos sus entrenadores. Mientras que Lavodrama (finalizador de gran número de sus asistencias en el OAR) hizo hincapié en que detrás de su carácter reservado y tímidez, Ricardo contaba con un físico excepcional para la preparación física, junto a una tenacidad y capacidad de trabajo cuasi inagotable.

La edición de la camiseta vintage con el número 7 de Ricardo Aldrey fue un gran éxito de ventas como seguramente sucederá dentro de unos años cuando se haga similar homenaje al 20 de Pozas.

La Peque – Columna

¿Sabías que en la temporada 2017-2018 el Obradoiro tuvo como mascota a una oca llamada Petroni?