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La Opinión de Málaga

Emilio Fuentes

TRIBUNA

Emilio Fuentes

Unicornios

El Gobierno destituye a la directora del CNI, Paz Esteban JUAN CARLOS HIDALGO

Toda la vida buscando un unicornio multicolor -de los del cuerno largo y cola corta- para descubrir que era el mítico Pegaso de Zeus -el caballo, no el autobús- quien nos acechaba con sus orejas más allá de la onda corta del smartphone. Teléfonos inteligentes, para el que sabe escuchar. La política ‘post morten’ de estos días sigue tan entretenida como siempre -es un decir- y ahora resulta que tenemos un nuevo problema que nos hiela la sangre y nos quita el sueño. Que nadie piense que se trata de la inflación cabalgante, de los dos ‘lauros’ por libro de gasoil o de la última vez que funcionó la rima del sábado en un chiste de Eugenio. ¡Que va! Todo eso son minucias.

El verdadero problema al que nos enfrentamos estos días es que la plana mayor del independentismo y hasta del presidente del Reino, al que le han dado envidia los murmullos de la Generalitat, estaban siendo espiados a través de sus ‘celulares’ -como dirían en Bogotá- con un programa de origen israelí, creado más allá del Muro de las Lamentaciones y usado por el Gobierno de Marruecos. ¡Vaya cacao mental, amigos! Un engendro de nombre pretencioso, gramaticalmente cursi y con una utilidad más que manoseada desde los tiempos de Sean Connery en el papel de 007. La ‘pipirrana’ de hechos sin aparente relación de continuidad nos mantiene entretenidos y los responsables de ‘Política’ de los principales medios andan con los ojos vueltos apretando a las fuentes para ver si pueden parir otro titular a cinco columnas que se cobre alguna víctima más. La responsable del CNI ya ha caído.

Resulta que la versión digital del caballo con alas de Zeus anda haciendo de ‘vieja del visillo’ por entre las ‘entretelas’ de la gobernanza española y los de la ‘pela’ del 3% están preocupados porque el negociado de Margarita Robles se ha enterado -ahora sí, oficialmente- de los trapos sucios que todo el mundo conoce; a saber: Sus clásicas rajadas de los libros de Historia, las polémicas sobre el origen barcelonés de Cristóbal Colón o el viaje del próximo fin de semana a Andorra para dejar en la casa de Pujol las últimas bolsas de basura cargadas de fajos. Nada nuevo bajo el sol, desde luego. El turbio mundo de los espías y de las teorías conspiranoicas, a medio camino entre la realidad y la ficción, siempre nos ha vuelto locos. Lo mismo te venden un Elvis en las Bahamas, que una amante de primer ministro con sobredosis bajo la cama; que unas buenas cenizas de Expediente X en lo alto de la cómoda. A la psique humana le pirra el misterio y nadie le hace ascos a una buena ‘gachamiga’ de hechos inconexos si detrás de ellos aparece la sombra de un hilo que termina a las puertas de algún Ministerio. Sin embargo; los cinéfilos con horas y kilómetros de metraje estamos más hechos a intrigas bien argumentadas, de corte anglosajón; historias que te privan de la razón y en las que la sal de las pipas rancias te pela la lengua durante el bajón de la tarde de domingo.

Reportajes de fondo sobre los servicios secretos, las nuevas herramientas tecnológicas aplicadas al cotilleo de altos vuelos; ¿a qué dedican sus horas los funcionarios del Centro Nacional de Inteligencia (CNI)? ¿Tendrán Nokias los espías o serán más de Samsung? Pegasus continúa con su vuelo mágico y, mientras tanto, las cosas de comer, esas con las que no se juega, siguen empeorando. Se especulaba con la idea de que el anuncio de las escuchas a Pedro Sánchez formara parte de un plan orquestado por Moncloa para tapar los seguimientos a los líderes independentistas. O así sonaba al menos antes de que entrara en juego la variable marroquí; que ya se sabe que es un país donde se lee mucho ‘Las mil y una noches’. Una cortina de humo. Más que cortina, a mi todo esto me suena a toldo de vela; vela gruesa con la que se puede tapar mucha mierda; un tejido duro, como la cara de muchos, que está pensado para aguantar vientos huracanados de más de 150 kilómetros/hora. Si no fuera por lo complicadas que se están poniendo las cosas en la calle -la de verdad- me daría por reír. Seguiremos esperando a la próxima; que será más parecida al guión de una de las novelas de Lorenzo Silva. Si me lo permitís, soy más de ‘Yo, Claudio’; un clásico de la corrupción humana donde la descomposición y la podredumbre son tan evidentes que ni siquiera hay que esforzarse en construir la trama.

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