20 de enero de 2018
20.01.2018
A vueltas con el sexo

Los daños de la pornografía en la salud

Los expertos alertan de que ya tratan a jóvenes con problemas para mantener relaciones sexuales satisfactorias al haberse acostumbrado a los estímulos de la pornografía

20.01.2018 | 17:07
Los daños de la pornografía en la salud

Personas que necesitan un estímulo visual para iniciar la respuesta sexual, que solo logran llegar al orgasmo masturbándose o que obtienen más placer al consumir pornografía que con su pareja. Estos son algunos de los problemas que sexólogos ya atienden en su consulta

El consumo de pornografía ha aumentado en los últimos años gracias a la facilidad de acceso y a la amplia oferta que ofrece internet, lo que según alertan los sexólogos puede llevar a un cambio «del patrón mental de erotización» que se traduce en problemas para obtener placer en una relación sexual real más allá de la pantalla. «No hay estudios científicos que nos permita afirmar que el consumo de porno provoque problemas, pero es cierto que ya recibimos en consulta a jóvenes con disfunción eréctil, con falta de deseo o que precisan siempre de estímulos nuevos para llegar al orgasmo y que mejoran cuando dejan de ver pornografía», señala el vocal de la Federación Española de Sociedades de Sexología, Emilio López Bastos. Los expertos aseguran que la principal consecuencia de un consumo elevado de pornografía, especialmente si se realiza durante la adolescencia, es que se desvirtúa el sexo real ya que se modifican los estímulos necesarios para llegar al orgasmo. «La erótica es algo que tiene que ver con el cortejo, con tocar la piel, con olores, con comunicación, algo que no existe con una pantalla», explica Emilio Bastos, quien alerta de que esto puede provocar que algunas personas tengan problemas para excitarse en sus relaciones convencionales porque «en la realidad los estímulos son más débiles y ellos los perciben como menos gratificantes».

La inmediatez y la novedad que ofrece el consumo de sexo por la Red también chocan con la realidad más allá de lo virtual. «En internet el acceso es muy rápido y con clic se obtienen algo nuevo, pero en la realidad las relaciones no son tan veloces. Además, hay pacientes que crean patrones eróticos que les llevan a solo responder ante estímulos nuevos. En mi consulta atendí a un joven, por ejemplo, que siempre buscaba nuevas chicas», indica López, quien alerta de otro problema que afecta cada vez a más varones. «Es la práctica que se conoce como ´el abrazo de la muerte´, varones que se han acostumbrado a un tipo de masturbación concreta, a determinada velocidad, con una presión fija de manera que ahora no logran llegar al orgasmo con una pareja, solo si se masturban ellos mismos», indica este especialista, quien sostiene que otros problemas que podrían estar vinculados al consumo de porno son «el precisar de un estímulo visual para iniciar la respuesta sexual o el desvío del objeto de deseo». Emilio López reconoce que, pese a no haber estudios que confirmen la relación entre pornografía y estos problemas cada vez menos anecdóticos en las consultas de los sexólogos, conviene reflexionar ya que la mayoría de afectados «mejora cuando deja de consumir estos contenidos». «Normalmente ellos no vinculan lo que les sucede a esto, pero poco a poco vamos viendo sus hábitos y hay quienes tras parar de consumir pornografía notan mejorías en sus relaciones sexuales», sostiene este sexólogo. Los expertos se niegan a dar unas pautas sobre cuándo el consumo de porno puede comenzar a ser problemático. Simplemente animan a reflexionar sobre cómo hay gente que varía el modelo de sexualidad debido a estos contenidos.

Pese a que los cambios en los estímulos eróticos y la conducta sexual vinculados al consumo de pornografía pueden producirse a cualquier edad, los expertos alertan de que estos riesgos se disparan cuando los consumidores son adolescentes o incluso niños. «Se sabe que cada vez el consumo de pornografía se hace a edades más tempranas. Hay niños de 10 o 12 años que acceden a estos contenidos y hay que analizar cómo puede afectarles ya que no son adultos, no tienen un mapa de la sexualidad todavía formado», alerta el presidente de la Sociedade Galega de Sexoloxía, Emilio López Bastos. «El cerebro en niños y adolescentes todavía está en desarrollo, tienen que desarrollar sus habilidades sociales, comunicativas», recuerda este especialista, quien da la voz de alarma a los padres «ya que muchos niños de 10, 12 o 14 años tienen un móvil en la mano con el que pueden acceder a cualquier tipo de pornografía y esto, a esas edades, se desvirtúa el modelo de relaciones sexuales», sostiene Emilio López, quien resalta que además muchas se veces se produce un «consumo por escalada». «Es decir, ante la facilidad del acceso, comienzan buscando pornografía explícita y así van subiendo hasta cosas más transgresoras que no es lo mismo que consuma un adulto, que tiene el mapa de sexualidad formado, que un adolescente», indica este experto, quien insta a los padres a «revisar los móviles, poner filtros o limitar el número de datos para navegar de sus hijos adolescentes». Y cuando se confirme que efectivamente el pequeño ha consumido porno hay que sentarse a hablar con ellos para que sepan diferenciar entre la sexualidad real y la virtual. «Se habla con ellos, hay talleres de sexualidad o incluso charlas a través de internet», sostiene.

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