19 de noviembre de 2020
19.11.2020
La Opinión de Málaga
Caso Asunta

Aparece una libreta con anotaciones en la celda de Rosario Porto en la que apareció muerta

Las autoridades investigan su contenido para ver si arroja luz sobre lo sucedido este miércoles

19.11.2020 | 15:48
Una imagen de Rosario Porto.

Rosario Porto, condenada junto a su exmarido Alfonso Basterra a 18 años de prisión por el asesinato con alevosía y agravante de parentesco de su hija adoptiva, Asunta, en septiembre de 2013, fue hallada muerta este miércoles en su celda de la cárcel de mujeres de Brieva, en Ávila, donde también cumple condena el marido de la Infanta Cristina, Iñaki Urdangarín. Al parecer, y según han desvelado esta mañana varios programas de televisión, como El Programa de Ana Rosa, en la celda en la que fue localizada Rosario Porto la Policía también encontró una libreta con anotaciones. Ahora los agentes investigadores tratan de averiguar qué ponía en esa libreta para ver si arroja luz sobre lo sucedido.

La abogada compostelana se suicidó tal como mató a la pequeña Asunta, de 12 años: con planificada frialdad. A las ocho de la mañana saludó a los funcionarios que pasan por cada una de las celdas en el primer recuento del día. Estaba vestida y aseada para bajar a desayunar. Pero no lo hizo.

Al echarla de menos en el comedor, varios funcionarios se acercaron a su celda, que no compartía con nadie. Allí la encontraron ahorcada con un cinturón de tela (hecho posiblemente con sábanas) en una ventana. Intentaron reanimarla, igual que los efectivos del 112, que fueron alertados y acudieron de inmediato al centro penitenciario, pero no pudieron salvarle la vida, según fuentes de Instituciones Penitenciarias.

La celda de Rosario Porto estaba perfectamente recogida, con sus cosas ordenadas como si hubiera preparado su propia muerte con antelación suficiente. Extremo que ha sorprendido en el penal, pues su actitud en las últimas semanas no hacía presagiar un final así, si bien a causa del covid-19 se había quedado aislada y sin visitas. Sin apenas familia, tan solo unas primas que acudían de vez en cuando a visitarla, la pandemia le quitó esas pequeñas alegrías.

No obstante, según los trabajadores de Brieva, todo apuntaba a que había superado la depresión que aconsejó su traslado desde la prisión pontevedresa de A Lama el pasado mes de marzo y volvía a estar activa. Había solicitado algunas cremas y se preocupaba de nuevo por tener buen aspecto y por relacionarse con sus compañeras. Por todo ello se le había retirado el protocolo antisuicidios.

¿Fingió estar en mejores condiciones emocionales de las que en realidad se encontraba? ¿Preparó así el alejamiento de la denominada "presa sombra" que la acompañaba habitualmente? Son algunas de las preguntas a las que se busca respuesta en las dos investigaciones puestas en marcha tras el suicidio, una abierta por Instituciones Penitenciarias y otra por el Juzgado de Instrucción de la demarcación del penal de Brieva.

Las dudas de la muerte de Asunta, sin resolver

El desenlace de Rosaro Porto se produce sin que ella nunca llegase a admitir su participación, ni la de su exmarido, Alfonso Basterra, en el asesinato de la menor que fue encontrada muerta en una pista forestal próxima a una casa propiedad de la mujer y que, precisamente, el pasado mes de octubre se incendió causando importantes daños.
Ese inmueble, ahora quemado, fue en el que, según el jurado, los padres de la pequeña perpetraron el asesinato mediante una asfixia mecánica para luego trasladarla a una pista escondida a poco más de un kilómetro. Allí apareció el cuerpo, cercano a unas cuerdas de color naranja muy similares a las que también se hallaron en el chalet.

A la aparición del cuerpo el 21 de septiembre de 2013 le siguieron unos frenéticos meses de incógnitas sobre la desaparición de la niña de origen asiático aunque, desde el principio, la investigación se centró en los padres adoptivos que fueron detenidos dos y tres días después del suceso.

Las incongruencias testificales de Rosario Porto y Alfonso Basterra, y sus teorías imposibles de probar, desencadenaron muy pronto las sospechas, lo que provocó sus detenciones por homicidio, una calificación que posteriormente se elevó. La instrucción seguida desde el juzgado compostelano pasó por diferentes fases ya que en un primer momento, Rosario Porto se negó a colaborar en las diligencias y, luego, expuso hasta tres versiones diferentes sobre los pasos que ella y su niña habían dado en la jornada de los hechos.

Durante la vista oral del caso en los juzgados compostelanos, que se celebró bajo un importante foco mediático a finales del año 2015, la versión de los padres siempre fue la misma. Ambos se declararon no culpables e insistieron en que Asunta era lo que más querían en el mundo. Sin embargo, las declaraciones de los condenados no convencieron ni al juez ni al jurado popular que, por unanimidad, los declaró culpables de la muerte violenta de la pequeña después de que los análisis toxicológicos determinaran que Asunta había sido sedada con benzodiacepinas desde varios meses antes de su muerte.

Según los forenses, el día de su fallecimiento, jornada en la que la pequeña había comido con ambos padres, Asunta habría ingerido al menos 27 pastillas de Orfidal. Los padres justificaron las significativas concentraciones de este tranquilizante a la medicación para tratar una supuesta condición de alérgica, patología que la pediatra que atendía a Asunta negó. Las concentraciones más altas en la víctima se encontraron al inicio del verano, cuando dos profesoras de Asunta se percataron de sus estados de somnolencia, y en la jornada en la que falleció -el día 21-, con el registro más llamativo, puesto que ahí la dosis es letal.

Días antes del crimen, la niña faltó al colegio y a sus clases de ballet, a las que en ocasiones acudía mareada, una situación que nadie entendió como de riesgo y que solamente después de la muerte de la pequeña cobró relevancia. Un crimen sin explicación que, ahora, tras el supuesto suicidio de la madre, Rosario Porto, pierde a una de las personas que podría arrojar luz.

El padre, Alfonso Basterra, también condenado, continúa en el penal coruñés de Teixeiro y este mismo año pidió un permiso para salir de prisión después de cumplir una cuarta parte de la condena impuesta, pero Instituciones Penitenciarias se lo denegó. Ahora, se ha acordado aplicarle a él también el protocolo antisuicidios, tras comunicarle la muerte de Porto y constatar los funcionarios su reacción, ya que ha quedado "muy impresionado" por la noticia, según han indicado fuentes penitenciarias.

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