06 de julio de 2010
06.07.2010
La capital se paralizó durante los 90 minutos del partido

Málaga se echó a la calle para celebrarlo

Miles de malagueños festejaron hasta altas horas de la madrugada el pase de la Roja a semifinales, 60 años después

04.07.2010 | 02:58
Una tamborrada en la calle Larios animó la madrugada malagueña.

Málaga vivió el pase de la selección española a la semifinal del Mundial de Sudáfrica con pasión y locura. Desde las horas previas al partido el centro histórico era un ir y venir de gente ataviada con los colores de la Roja que se entremezclaban con las caras tristes de los aficionados argentinos y la alegría desbordante de los alemanes, que disfrutaron con la victoria aplastante de su selección ante la albiceleste.

En cuanto empezaron los acordes del himno nacional, las calles de Málaga se quedaron desiertas para disfrutar, a priori, de un partido que debía ser más sencillo de lo que al final fue. Los pocos viandantes que se veían por las calles iban adentrándose en cafeterías, pubs o restaurantes para no perderse ni una ocasión de los discípulos de Vicente del Bosque.

El momento más tenso se vivió con el penalti cometido por Piqué en el que la gente se temió lo peor. Por lo contrario, la extensa comunidad paraguaya, segunda en la capital con más de 3.500 habitantes censados, que se congregó en un céntrico bar de la capital, se las prometían muy felices hasta que Casillas atajó la pena máxima. Mismo sentimiento, sumándole el de la indignación, tuvimos todos los malagueños cuando el árbitro hizo repetir el penalti que fallaría Xabi Alonso y que derivó en el penalti que no pitó sobre Cesc.

Pero el momento cumbre se vivió con el gol de Villa en el que el silencio nervioso de Málaga se convirtió en un solo grito de júbilo que hizo que un gran número de malagueños se echasen a la calle a gritos de «¡Villa, Villa, Villa, Villa maravilla!» o «¡A semifinales Oé Oé!»

Otro de los sonidos típicos que inundaron la ciudad son los claxons de los coches que no pararon de sonar hasta altas horas de la madrugada. El calor y el tratarse de fin de semana contribuyó para que toda la provincia de Málaga se sumase a la fiesta y no quisiese dejar pasar la posibilidad de brindar por un acontecimiento histórico, que no ocurría en España desde el año 1950.

La otra cara del moneda la vivieron los paraguayos afincados en Málaga que se quedaron mudos tras la eliminación. Ahora, Málaga aguarda engalana a que llegue el miércoles para celebrar ante Alemania el pase a la final.

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