20 de mayo de 2019
20.05.2019
Pensamientos animalistas

Mi media naranja es un animal

"legir con quién compartimos nuestro amor debería ser un derecho y no una obligación"

20.05.2019 | 21:57
Mi media naranja es un animal

«Mi media naranja es un animal y el amor de mi vida es un peludo». Empezaré este artículo rompiendo todos los estereotipos y cánones sociales en lo que al amor se refiere, ya que no considero que tenga que ser algo exclusivamente humano.

El concepto de familia también está evolucionando mucho y, desde mi punto de vista, se está adaptando a la gran diversidad existente en la actualidad en este sentido, y esto incluye afortunadamente a los animales. Cada vez es más habitual que la gente se refiera a sus compañeros peludos como miembros de su familia. Esto supone que los animales, gracias a su maravillosa forma de amarnos y de recibir nuestro cariño, se han ido haciendo hueco dentro de nuestro hogar, constituyendo pilares muy importantes e incluso imprescindibles dentro del mismo. Y eso permite que se abran nuevas posibilidades muy sanas y positivas, como por ejemplo que personas que vivimos solas, decidamos compartir nuestra vida con un animal o con varios, o que parejas adopten animales en lugar de tener hijos, o que familias más convencionales incluyan a los animales como parte de la misma. También dichas situaciones que conllevan un cambio en los roles que desempeñan los animales a nivel social, se están empezando a normalizar. El concepto y significado de la palabra amor se está viendo ampliado, por la gran aportación que los animales están llevando a cabo en este sentido. Nos están ayudando a salir de lo tradicional y socialmente establecido hasta ahora, cuya rigidez nos impedía desarrollarnos con libertad y conllevaba mucha soledad y traumas. El hecho de elegir con quién compartimos nuestro amor debería ser nuestro derecho y no una obligación impuesta.

Este es el bonito camino que estamos recorriendo junto a los animales, expandiendo sin límites nuestra capacidad de amar y ser correspondidos.

No obstante, es importante señalar que el principal inconveniente, una vez más, es que las leyes (tanto a nivel civil como a nivel penal) no están evolucionando al mismo ritmo que la sociedad, ya que se basan en tipificaciones obsoletas que ya no tienen lugar.

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