Teatro

Tan frágil, tan sola, tan loca

Crítica de la obra 'Juana, la reina que no quiso reinar', de la compañía Histrión Teatro

10.11.2013 | 01:35

Juana, la reina que no quiso reinar

Compañía: Histrión Teatro.
Autor: Jesús Carazo.
Intervienen: Gema Matarranz, Enrique Torres.
Lugar y fecha: Teatro Echegaray, 8 de noviembre de 2013.

En el Teatro Echegaray ocupó la programación de este fin de semana de noviembre con Juana, la reina que no quiso reinar de Histrión Teatro. Juana la Loca, la reina castellana, hija de los Reyes Católicos y madre de reyes y emperadores, perturbada o no, se nos exhibe en un monólogo historicista y humano. Una sobria puesta en escena, más que efectiva, y un magnífico diseño de luces. Historia ya conocida por todos. Tal vez no sea lo más importante lo que nos narra. ¿Pero de qué va a hablar una reina si no es de cosas de reyes? Lo sobresaliente es la habilidad para contárnoslo, la destreza para comunicar con el espectador.

El atractivo está en cómo Gema Matarranz se aprovecha de este trabajo para hacer un retrato más que sobresaliente de un ser aislado en su locura y su encierro. Ya no es la soberana que se estudia en los libros, es una mujer de carne y hueso que tiembla frágil con sus recuerdos. Débil, enferma, quebradiza, pero con toda la soberbia de quien sabe que su locura es su realidad. Delicado, casi vidrioso personaje, que sólo puede ser interpretado desde una honda convicción actoral. Porque lo maravilloso de este espectáculo está ahí, en la actriz, en una composición que te pone los pelos de punta desde el minuto primero cuando nada más entrar vestida de soberana llama a Catalina, la hija querida que no está a su lado. No están ninguno de sus hijos, no están sus padres, no está su amado esposo, todos muertos o alejados de esta reclusión que duró tantos años. Una prisión forzosa para impedir que gobernara aún cuando esta mujer nunca quiso el poder y sólo buscaba el amor. ¿Quién no se volvería loco así? Esas reflexiones en voz alta, esos reproches, las visiones, los recuerdos, el llanto, la desesperación, el miedo, los arrebatos de insurrección, la autodefensa, la memoria de la felicidad vivida, todo eso es visible en cada gesto de Gema Matarranz – Juana.

La lágrima es difícil en el teatro, y hacerlo con convicción aún más, y Gema llora porque esta historia está claro que le nace del alma, y es su tremenda profesionalidad la que nos lo muestra en un espléndido despliegue de matices. Rica, muy rica interpretación. Espectadores expectantes y sobrecogidos. Nadie queda indiferente ante un trabajo en el que la ternura y sensibilidad del personaje, alejado ya de su rigor pedagógico, en soledad en el escenario, cara a cara con cada asistente, se vacía, se desnuda, y generosamente se entrega. Tan frágil, tan sola, tan loca reina, y tan impresionante actriz.

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