En construcción

Un paseo por las cocinas del arte

Seis artistas están a punto de zanjar la beca de cuatro meses con que La Térmica les ha permitido vivir y trabajar en el antiguo Centro Cívico

06.06.2016 | 05:00
Las postales de Snapchat perpetuadas por Gala Knörr en su «Crowd-source malagueño».

El 10 de junio presentarán los resultados de sus respectivas aventuras. Hemos entrado en sus talleres para un pequeño anticipo. Y la cosa tiene buena pinta.

Gala Knörr: lo real y lo virtual, lo efímero y lo perpetuo
Gala Knörr (Vitoria-Gasteiz, 1984) tiene el trabajo muy adelantado. Su proyecto se titula Crowd-source malagueño y busca «analizar el vínculo que existe entre la identidad propia y cómo nuestro uso de la tecnología y las redes sociales la moldean o expanden». «Vivimos dos vidas, la real y la electrónica, en la que quizás mostremos nuestros deseos más profundos», reflexiona la artista, que traslada la dualidad al propio formato: las imágenes de las que se nutre su aventura se las remitieron sus contactos en Snapchat, la app cuyos archivos se autodestruyen cinco segundos después de haber sido abiertos; Knörr lleva esas instantáneas, símbolos de lo efímero, al medio más perpetuo y tradicional de todos, la pintura.

Los nuevos bodegones y el autohackeo de Ana Barriga
Ana Barriga (Jerez, 1984) está enfrascada en Viva el vino, «una reflexión sobre el afán humano de poseer objetos y sobre el peso de lo ornamental en nuestras vidas» a través de la reformulación de un género artístico como el bodegón: la creadora se ha paseado por mercadillos de Málaga para darle valor a esos objetos desechados de nuestra cotidianidad. Y los hace vivir en cuadros de gran cualidad tridimensional y que ella misma hackeará: «Cuando termine los cuadros los intervendré con un spray o un rotulador. Se trata de una especie de acto vandálico contra el ensimismamiento en que muchas veces caen los artistas», apunta.

Los «vestigios contemporáneos» de Illanes
El francés Jean-Philippe Illanes (París, 1978) no para quieto: nos recibe en su estudio en un descanso de su intervención pictórica en el parque móvil de La Térmica, que será una prolongación del trabajo que le ha traído hasta aquí. Lo suyo se titula Vestigios contemporáneos: «Trabajo donde termina la ciudad y empiezan nuestros desperdicios, para analizar lo que va a quedar de nuestra civilización». Envases de plástico, neumáticos y latas, entre otros ejemplos de restos presentes en cualquier solar o polígono, se disfrazan en sus manos de restos patrimoniales, de testigos de la historia. ¿Cuál es el valor real de los fósiles, de lo que ha quedado atrás en el tiempo? También está moldeando una versión casi de juguete del Cortijo Jurado y elaborando El pueblo fantasma, sobre la burbuja inmobiliaria –una sábana tapa algo que parece una ciudad pero que, en realidad, no existe, es un espacio hueco–.

Mamen Morillas: una historia íntima y un mundo donde vivir
El proyecto de Mamen Morillas (Málaga, 1978) es de alto octanaje emocional: Ictus se inspira en el infarto cerebral que hizo que su madre perdiera totalmente la memoria durante un año, justo la edad que tiene ahora su hija, Mamen. Sobre la tela que le regalaron a su madre para la noche de bodas, la artista está bordando un dibujo inspirado en el cortex cerebral. Además, Morillas, que proviene del mundo de la ilustración, está creando un minibosque de cerámica para los jardines de La Térmica: «Siempre he creado mundos imaginarios donde me gustaria vivir». Pero ahora viaja tranquilamente del 2D al 3D.

La Conjunción: entre la ciencia y el arte, la mirada
Candela Olarte y Deborah Elías son La Conjunción y su proyecto, El Observador, es un diálogo entre la ciencia y el arte a partir de una hipótesis: «Ver es imaginar, construir una realidad a partir del yo ilusorio... La realidad no existe, sólo la mirada». Crearon un vídeo para examinar las reacciones, medidas científicamente a partir de los indicadores de la neurociencia; de esta manera, se han encontrado con tantas respuestas y maneras de experimentar las imágenes y sonidos de la pieza como personas se sentaron frente a ella. El Observador supondrá tanto una experiencia artística como un experimento científico validado, aseguran. Se trata de un proyecto transdisciplinar, con mucho de filosofía y de educación –sobre la mesa de trabajo de Olarte y Elías, un libro que, confiesan, les ha indicado el camino a seguir, Proust y la neurociencia, de Lehrer–, que se completará con una conferencia de un experto en neurocirugía a partir de los datos recabados estos meses.

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